…nunca es para siempre – Capítulo 2


Sonreí, sacudiendo de mi cabeza dicho recuerdo. No se puede volar bien estando distraído… además, ya veía cada vez más cerca mi hogar. Antes de que Uub también volviera con su familia, me advirtió que tuviera cuidado con los ¿husos? horarios o qué sé yo… El caso –según lo que entendí de su explicación– es que mientras de un lado del planeta sea de día, del otro es de noche… qué cosa más rara, ¿neh? Por eso, ahora tomé mis precauciones y ¡jaja, héme ahí! ¡Apenas estaba amaneciendo en Paozu Yama! ¿Ya estaría listo el desayuno…?

De un brinco aterricé frente a mi casa, y me extrañó no ver ropa tendida en el balcón. Quizás Chichi estuviese en la cocina… Sin poder esperar más, toqué a la puerta, anticipando su recibimiento. Pero nadie me abrió, y ya estaba yo planeando entrar por alguna ventana, cuando oí una voz a escasos metros de mí.

“El tío Goten no está… ¿quién es usted?”

Volteé, encontrándome con una jovencita no muy alta, de cabellos negros y ojos azules como los de mi nuera Videl… pero su mirada tan parecida a la de Gohan… “¡HEEY! Tú eres… ¿¡PAN?!”

“Sí, ¿pero cómo…?” , balbuceó ella, abriendo inusitadamente sus ojos después. “¡No puede ser! ¡¿ABUELITO GOKU!?”

“¡Hola!”, exclamé yo, corriendo a abrazarla. Ella me devolvió el abrazo un poco insegura, pero no me importó. Había crecido tanto en estos diez años… Cuando me fui, era sólo una niña, y ahora… “Eres toda una señorita, Pan. Me has dejado sorprendido, te pareces mucho a tu madre…”

Ella me sonrió, vacilante. “Y… ¿qué haces aquí? ¿No estabas entrenando con ese chico extraño del budokai?”

“Ah, Uub… sí, pero ya terminamos. Ahora vengo a quedarme con ustedes… ¿Dónde dices que está Goten?”

“Mi tío está viviendo en West Capital, con Trunks. De vez en cuando vienen a quedarse aquí; dicen que el campo les relaja.”

“Oh. ¿Y tus papás?”

“Bueno, Mamá fue a Satan City, por la campaña de reelección del abuelo y… Papá está trabajando en la computadora. Siempre está ahí”, terminó la chica, con un puchero que aniñaba sus rasgos. “Y ya se me hizo tarde para llegar a la escuela, así que ya me voy… ¡Adiós!”

“¿Uh? Vale, nos vemos lue–” alcancé a decir, mientras la vi remontar el vuelo hacia la ciudad. Sinceramente, ésa no era la bienvenida que esperaba, y mucho menos de mi nieta. Parecía algo incómoda, como si me ocultara algo… ¡Cht! ¡Olvidé preguntarle por Chichi! Bueno, pero todavía queda Gohan…

Mis pasos me llevaron a su casa, que la verdad, no está tan lejos… Sin dar más rodeos, me acerqué a la ventana, desde donde efectivamente lo hallé absorto frente al ordenador, tal como su hija había dicho. Por un momento creí ver a mi Gohan de 4 años estudiando en su cuarto… “¡Oyyo! ¡Buenos días, hijo!”

Él parpadeó, casi derramando su café en el teclado. No sé si le haría falta salir y asolearse un poco, pero lo noté un poco más pálido de lo normal, como si hubiera visto un fantasma. “¿P-papá?

“¡Hola!”, sonreí yo, casi frotando el cristal con mi nariz. “¿No vas a saludarme?”

“Eh…s-sí, voy…”, balbuceó él, saliendo de su estupor y abriéndome la ventana. Yo entré de un salto, y ambos nos miramos de arriba a abajo, antes de abrazarnos. “Papá… no has cambiado nada…”

“Y tú te ves muy bien de traje, aunque… ¿no resulta algo incómodo en el campo, hijo?”

“Bueno, es que hoy estoy esperando una conferencia vía internet, y debo estar presentable…”

“Aha…”, contesté yo, sin entender del todo. “Por cierto, hace un rato vi a Pan, iba camino a la escuela…”

Gohan frunció el ceño, extrañado. “¿Pan? Pero si ella está de vacaciones, yo acabo de enviarla a Capsule Corp…”

Yo me encogí de hombros, confundido. ¿Por qué me habría mentido? De pequeña, me tenía más confianza a mí que a sus propios padres… hasta Chichi me bromeaba diciendo que parecía más mi hija que mi nieta… “Bueno, quizás oí mal…”

“Discúlpala, se ha vuelto algo esquiva desde que cumplió los 13 años. Adolescentes…”, explicó él, con aire de saberlo todo. Yo qué le podía decir, si apenas los conocí a él y Goten a esa edad… y no tuve hijas. Mi silencio fue interrumpido por mi estómago, el cual gruñó en señal de protesta. “Ups… jeje, es que no he comido desde ayer…”

Mi hijo suspiró, y en un discreto movimiento apagó su computador. “Yo tampoco he almorzado. Desde que Videl se involucró en la política, no le queda mucho tiempo libre…”

“Hum… ¿y por qué no desayunas con tu madre? Ella estaría encanta–”

“Papá, acompáñame a la cocina, ¿quieres? Prometo que te pondré al tanto de todo lo que ha ocurrido en estos seis años…”, me interrumpió, con un tono que me sorprendió por su seriedad. Parecía tener algo muy importante que decirme y no sabía cómo hacerlo, así que decidí esperar. De todas formas, no tenía prisa… aunque ya era extraño no sentir el ki de mi mujer por ningún lado… Quizás habría ido a visitar a Gyumaoh, pensé yo.

Y mientras veía a Gohan sacar unas cápsulas con comida deshidratada de la alacena y colocarlas en el microondas, súbitamente me asaltó una duda: ¿Cómo supo él que vine hace 6 años, si no me ha visto desde hace 10? ¿Acaso le habría contado su madre de mi última visita…?


Chichi miraba fijamente a través del cristal, aunque no podía verse gran cosa afuera, con excepción de las estrellas. Pero ella seguía contemplando impacientemente el firmamento, como si esperara algo… ¿pero qué? ¿A nuestros hijos, quizás? Eso explicaría su ausencia… mas ellos ya son mayores, no debería preocuparse tanto, pensé, sonriendo para mis adentros. Mi mujer nunca cambiaría.

Pero pronto me di cuenta que no era a ellos a quienes esperaba… sino a mí.

“Goku… hoy tampoco has venido…”

Deslizando sus dedos sobre el frío cristal, ella cerró sus ojos, y dejó escapar un suspiro que me hizo estremecer. Sus mejillas se surcaron de lágrimas, mientras sollozaba en silencio… Tragué saliva, tratando de eliminar un incómodo nudo en mi garganta, de palabras que querían ser pronunciadas. Jamás la había visto así, llorando cada vez con más intensidad, sus manos apretadas en puños temblorosos contra la ventana. Se veía tan… sola…

Y sin poder soportarlo más, hice lo que me pareció más natural en el mundo: aparté de mí la cortina, di un paso adelante y la tomé en mis brazos, tratando de consolarla.

“Yos´h, Chichi…”, murmuré, dándole un beso en la frente. “Ya no llores, aquí estoy…”

Con los ojos irritados por el llanto, ella dió un respingo, mirándome cual conejo asustado. “¿Go…go-goku-sa?”

“Hai. He vuelto, ¿no te da gusto? Perdona mi tardanza, pero es que–”

“¡GOKU-SAA!”, gritó ella, con un volumen al que ya me había desacostumbrado, y me dió un manotazo, totalmente alterada. “¡BAKA! ¡Qué hacías escondido ahí, me asustaste! ¡Tonto, tonto, TONTO!”

“Oyy, Chichi, me vas a dejar sordo…”

“¡Y de qué te quejas, tú… tú… TÚ! ¡¿Por qué no habías venido antes?! ¡Odioso, como pudiste…!”

Y siguió llorando –y golpeándome con sus pequeños puños–, recriminándome por haberme ido a entrenar sin su permiso, por perderme de la entrada de nuestra nieta al kindergarden, del primer best-seller de nuestro hijo mayor, de las primeras cuatro o seis novias de nuestro hijo menor, de tantos eventos que por lo regular suelen suceder cuando no estoy en casa, y que termina relatándome ella diciendo lo mucho que le hubiera gustado tenerme a su lado… Yo sonreí resignadamente, dejando que se desahogara contra mi pecho. “Gomen nasai, Chichi… en serio lo lamento. Pero estoy aquí, ¿no?”

“S-sí…” Dijo entrecortadamente ella, mientras se calmaba momentáneamente entre mis brazos. “Y t-te extrañé tanto…”, suspiró, hundiendo su rostro en mi ya empapado gi. Yo alcé su cara, tomándola de la barbilla. Se veía tan hermosa, a la luz de la luna… en ese instante me invadió toda la nostalgia que mi instinto de peleador ha aprendido a reprimir cada vez que ando lejos de ella… y me sentí culpable por haberla espiado junto a la ventana. De haberla saludado antes, hubiera evitado su llanto…


Pero ahora estábamos juntos… y solos. ¿Por qué no…?