…nunca es para siempre – Capítulo 1

…Dame una risa como la de ayer
Cuando los momentos eran siempre diferentes.
Abre tus ojos y me encontrarás
Con la misma entrega, con la misma voluntad…

¿Saben? Hace mucho tiempo que no pasaba por mi casa… hasta el día de hoy.

Sí, ya sé lo que han de estar pensando, que nomás vuelvo por un rato, que será cuestión de meses antes de que me vaya y… Vale, admito que esta vez me excedí un poco… ¡Diez años de entrenamiento con Uub se me fueron volando! Pero eso no quiere decir que me haya olvidado de mi familia…

Mientras sobrevolaba las praderas de Paozu Yama esta mañana, comprobé con alegría que nada ha cambiado… el cielo sigue tan azul y limpio como siempre, el río todavía corre con el mismo murmullo que recuerdo desde niño… Si no fuera por un par de casas que se ven a la distancia, juraría que es el mismo valle donde un buen día conocí a Bulma. O mejor dicho, donde ella me encontró. Me pregunto si yo seguiría aislado ahí de no haberla acompañado en busca de las dragonballs

Posiblemente no; quizás hubiera salido a recorrer el mundo por mi cuenta algún día de ésos. Pero entonces no habría entrenado con Kamesennin, ni hubiera conocido a mis amigos, ni a…

Chichi. De sólo pensar en ella, una sonrisa cruzó instantáneamente mi rostro, dándome ganas de teletransportarme a su lado y sorprenderla con mi llegada. Pero contuve mis impulsos, recordando el susto que le había pegado la última vez que nos vimos…

Y mientras las memorias desfilaban por mi mente, ni por un momento sospeché que las sorpresas de este día estaban reservadas para mí…


Era ya de noche… ¿o madrugada?, cuando divisé a lo lejos las montañas que rodean nuestra casa. Como vivimos en un lugar tan retirado, no tenemos postes de iluminación ni cosas así. Mejor, pensé yo; no me gustaría que esto se convirtiera en una ciudad. Así que me guié por la tenue luz de la luna llena –que ahora sí puedo ver directamente– y mi vista de saiyajin…

Cuando al fin aterricé frente al patio que divide nuestro hogar del de mi hijo mayor, me sorprendió ver las luces apagadas en ambos lugares. Entonces intenté localizar sus ki, tomando en cuenta que podrían estar dormidos… Bueno, la verdad sigo sin entender porqué está todo oscuro aquí, pensé yo, si sólo ha pasado una media hora desde que me despedí de Uub y vine volando hasta acá… Quizás debí haber usado el Shunkan Idou…

Unos segundos después, descubrí que no había nadie, sólo una bien conocida presencia en uno de los cuartos superiores de mi casa. La más débil de toda mi familia, pero sin duda la que más poder tiene sobre mí. Sonriendo traviesamente, me abstuve de tocar a la puerta, y llevé dos dedos a mi frente, siguiendo la señal tan especial de su ki.

Y reaparecí dentro de nuestra recámara, pero para mi gran desconcierto, ella no estaba ahí. Observé atentamente a mi alrededor, sin hacer ruido, y escuché agua corriendo en la ducha… ah. Podría entrar, pensé, pero seguro gritaría y me sacaría a jabonazos de ahí… así que mejor decidí esperarla, oculto tras una de las grandes cortinas que ella hizo poco antes de que yo me marchara con mi alumno del budokai, hace unos… ¿3 ó 4 años? No estoy seguro, el tiempo se me escapa cuando entreno. Pero había prometido venir a visitarlos, y ahí estaba. ¡Ya quería ver la cara que pondría ella…!

El ruido de la regadera cesó finalmente, y Chichi salió a pasos lentos entre la penumbra, enfundada en una bata y secándose con la toalla el lacio manto de cabello negro que escurría sobre sus hombros. La escena me resultó tan familiar, que casi podía predecir todo lo que haría en su acostumbrado ritual nocturno. O al menos eso creía yo.

Porque poco después de haber terminado de secarse, no tomó el cepillo del tocador como yo suponía, sino que se acercó a la ventana, lo cual me hizo contener la respiración. No quería sorprenderla todavía… aunque era difícil, con los deseos que tenía de salir de mi escondite y abrazarla. Pero mi curiosidad por ver lo que hacía cuando yo no estaba fue más fuerte…