La Compañera – Capítulo 1


En el horizonte, el Sol comenzaba a salir anunciando el comienzo de un nuevo día. Mientras, en el Templo de Dios, Mr.Popo había comenzado a realizar sus labores diarias; justo en ese momento se encontraba regando las flores del jardín, acompañado por Dende. Ambos conversaban plácidamente cuando sintieron el Ki de Piccolo acercarse a toda velocidad. Pero no venía sólo, sino acompañado por alguien que no pudieron identificar, ya que no reconocían el ki que emanaba. Sin embargo, de sólo sentirlo Dende se puso muy nervioso…

“¿Qué sucede, Kamisamas?”, le preguntó Mr.Popo algo alarmado.

“¿Eh?… no lo sé… es una sensación extraña que tengo… algo en el ki de la persona que viene con el señor Piccolo no es normal… me pregunto si este presentimiento tendrá algo que ver con los deseos que le fueron pedidos a Shenlong hace poco”.

“Sí, me imaginés que lo habían invocados. Bero, ¿bor qué cree que Biccolos tiene algo que ver con esos deseos?”.

“No estoy seguro, pero mi intuición me dice que él está involucrado…”.

En ese momento pudieron ver a Piccolo acercarse volando para finalmente posarse sobre el suelo de la Plataforma. Dende y Mr.Popo vieron asombrados a una persona moverse un poco en los brazos del namek. Piccolo se les quedó viendo unos instantes y al hacerlo suspiró con cierta resignación; vio a la pareja mirarlo llenos de curiosidad, así que caminó hacia ellos, con mucho cuidado para no despertar a su acompañante. Al llegar a su lado y ver con detalle a la persona que estaba en los brazos de Piccolo, Dende dejó caer su bastón y retrocedió unos pasos sumamente asombrado…

“¿Q-qué… e-es… e-esto…? P-pero… s-si… e-es…”, balbuceaba.

Si la situación no hubiese sido tan delicada, Piccolo hubiese sonreído al ver a Dende tan asustado… pero lo entendía perfectamente; él tampoco había podido creerlo la primera vez que la vio… a ella… “Así es, Dende. Ella es una namekuseijin mujer”.

Mr.Popo abrió sus ojos de par en par al escuchar tal noticia. “¡B-Bero… Biccolos, e-eso es… imbosibles…!”.

“N-no… n-no… p-puede ser…”, dijo Dende, que se puso pálido de la impresión.

“La estás viendo, ¿no? Existe y es tan real como nosotros”, sentenció Piccolo como si todos fueran víctimas de una nefasta maldición.

“P-pero… ¿cómo?… ¿cómo pasó…?”, insistió el joven Kamisama.

“Fue Gohan –le interrumpió Piccolo–. Él le pidió como deseo a Shenlong una… una… compañera para mí”, respondió con cierta humillación.

“¡¿QUÉ?!”, exclamaron Mr.Popo y Dende al unísono.

“¡¿QUIEREN CALLARSE?! ¡DESPERTARÁN A PICCOLINA!”.

“¡¿¿PICCOLINA??!”, volvieron a exclamar al mismo tiempo, pero una fiera mirada de Piccolo los hizo comprender que, si no guardaban silencio en ese instante, a ambos les iría muy mal, así que, instintivamente, se taparon la boca.

Piccolo miró a Piccolina en sus brazos y esperó expectante su reacción ante tanto escándalo al tiempo que pensaba: “por favor… por favor… que no se despierte… que no se despierte…“. Ella, aún dormida, se movió un poco en sus brazos y sonrió tan plácidamente que parecía que tenía un lindo sueño.

Los tres: Piccolo, Mr.Popo y Dende, miraron a la mujer y luego se miraron entre sí al tiempo que lanzaban un suspiro de alivio. A riesgo de ser nuevamente regañado, Dende continuó hablando lo más bajo que pudo: “¿Habla en serio, señor Piccolo? ¿Gohan hizo eso?”.

“¡¿Qué no lo estás viendo, enano?! ¡¿Acaso debo responder esa estúpida pregunta?!”, gritó Piccolo, que parecía a punto de sufrir un ataque de nervios.

Pero fue inmediatamente callado por Mr.Popo y Dende; ahora los papeles se habían invertido… “Ssshhh, la despertarás”, dijeron ambos. Una vez más los tres miraron a la mujer, que siguió durmiendo tranquilamente como si nada pasara… Una vez más, los tres suspiraron…

“Es extraño, a pesar de ser una Namek como nosotros, tiene cuerpo de mujer”, comentó Dende un poco sorprendido y mirándola fijamente.

“Es que ella no es una namek pura. Es una combinación de humano y namek”, le aclaró Piccolo.

“Y también es muy bonitas, ¿no le crees, Biccolos?”, opinó Mr.Popo algo ruborizado y sonriendo.

Piccolo lo miró de arriba a abajo como si hubiese perdido la razón. “Si esperas que conteste tu pregunta, Mr.Popo, ¡estás bien loco!”.

“Ssshhh, ¡la despertarás!”, volvieron a decir, pero esta vez en son de burla.

Piccolo comenzó a respirar agitadamente. “¡Dejen de mandarme a callar! ¡Yo soy el único que puedo hacerlo!”, refunfuñaba mientras Mr.Popo y Dende lo miraban de manera extraña y, con gestos, le indican que mirara a la mujer. Pero el Namek no entendió nada y, por el contrario, se alteró más. “¡¿Está claro?! ¡¿Y por qué rayos me miran así?! ¡Dejen se hacer tantas estupideces!, ¡parecen unos monos!”. Pero en ese instante sintió un murmullo y, temeroso, miró a Piccolina, notando que comenzaba a moverse agitadamente como si estuviera a punto de despertar y eso lo asustó muchísimo. “¡Ay, no! Y… y… y… ahora, ¡¿qué hago?!”, exclamó de manera desesperada.

“¡No lo sé!”, le respondió Dende muy nervioso mientras se retorcía las manos.

“Arrúllalas, eso calma a las bebés inquietos”, le sugirió Mr.Popo.

“¡¿Qué?! ¡No puedo hacerlo! ¡Ella no es un bebé!”.

“Bueno, tal vez funciones”, insistió Mr.Popo encogiéndose de hombros.

“Pero… eso es… ¡demasiado ridículo! ¡No lo haré jamás!”. Piccolina comenzó a emitir ruidos extraños y, al ver esto, Piccolo, casi al borde de un desmayo, comenzó a moverla de un lado para el otro tratando de arrullarla mientras le mecía con sus brazos, tal y como había visto a Bulma hacerlo millones de veces con Trunks. Claro, nunca pensó que algo tan increíblemente absurdo, estúpido, ridículo, humillante… y todos los peores adjetivos que le vinieron a su mente, le pudieran pasar a él… ¡A ÉL, UN GUERRERO TAN PODEROSO!

Mr.Popo y Dende lo veían muy divertido y lamentaban no tener una cámara en sus manos para filmar tan memorable momento. “Tal vez si le canta una canción de cuna, señor Piccolo, obtenga mejores resultados…”, dijo Dende, sonriente.

“¡Cállate, renacuajo!”, le advirtió Piccolo. La mujer seguía algo inquieta y él cerró sus ojos esperando lo peor, pero luego de unos segundos de extenso sufrimiento, ya no sintió nada. Armándose del escaso valor que le quedaba, abrió un ojo al tiempo que recitaba nuevamente su plegaria: “por favor… por favor… que no se despierte… que no se despierte…“. Y vio, con gran alegría, que Piccolina había vuelto a quedarse profundamente dormida. Así que abrió su otro ojo.

“Estuvos cercas…”, opinó Mr.Popo.

“Ejem… Sí, Mr.Popo, tienes razón”, dijo Piccolo tratando de retomar su acostumbrada pose indiferente.

“¡Mire, señor Piccolo! ¡Está despertando de nuevo!”, gritó Dende.

“¡¿Qué?!… ¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! ¡¿Cuándo?!”. Apenas oyó esto, comenzó a arrullar nuevamente a Piccolina desesperado, mientras todo su cuerpo temblaba, hasta que se dio cuenta de la cruda realidad y es que Dende le había jugado una… broma…

Mr.Popo y Dende comenzaron a reír mientras Piccolo templó todos sus músculos del coraje. “¡¿Qué demonios te pasa, verdoso endemoniado?! ¡Esto no es ningún jueguito!”.

“Lo siento, señor Piccolo –dijo mientras aguantaba unas carcajadas–. No lo volveré a hacer”.

“Más te vale, chiquillo, si no quieres que te dé mi tratamiento especial”, le amenazó firmemente el namek.

Dende tragó saliva al escuchar esto y es que no le gustaba para nada el tratamiento especial de Piccolo, que consistía, nada más y nada menos, en limpiar todo el Templo con un cepillo de dientes. ¡GLUP!, todavía recordaba con amargura el día que le tocó hacer tan agotadora tarea, y todo gracias a una pequeña tontería sin importancia… humm, todo por haber querido tener una mascota. ¡¡¿Cómo se iba a imaginar que un zorrillo terrestre tendría tan mal olor?!! Aunque claro que el Templo olió a zorrillo por varios meses después de haber regresado al animalito a la Tierra, pero aún así consideró que el castigo era exagerado… En fin, lo mejor era no molestar a Piccolo, así que se puso serio nuevamente y continuó su interrogatorio: “Pero… si Gohan fue a Namek, ¿no se dio cuenta que en nuestra raza no hay mujeres?”, preguntó Dende, incrédulo.

“No –murmuró Piccolo–. El muy tonto no se dio cuenta de nada… Rayos, no sé qué tanto estudia si no sabe algo tan básico de los namekuseijins”.

“¿Y no lo dijistes nadas, Biccolos?”, quiso saber Mr.Popo.

“¡Por supuesto que no! Estaba muy feliz y no pude hacerlo…”.

“Entiendo”, dijo Dende, sonriendo ante los buenos sentimientos de Piccolo. Éste lo vio y, como si leyera sus pensamientos, se puso muy serio.

“¿De qué sonríes, Dende?”, preguntó muy serio.

“¿Eh?… no, de nada, de nada…”, respondió aguantando su risa, lo que a duras penas conseguía.

“Y… ¿se llamas Biccolinas?… Un nombres muy bonitos”, se burló Mr.Popo.

Pero ambos, Mr.Popo y Dende, trataron de guardar compostura al ver cómo a Piccolo le brotaban las venas en la cabeza al tratar de contener su ira. “Sí, se llama Piccolina –dijo con la poca paciencia que le quedaba–. Gohan eligió su nombre. ¡¡Y ya me cansé de escuchar sus tonterías!! Voy a acostarla en una de las habitaciones del Templo para poder irme a entrenar. ¡Y más les vale que se comporten!”.

“Sí, sí, sí”, respondieron ambos mientras Piccolo entraba al Templo. No terminó de pasar por la puerta cuando pudo escuchar la risa incontrolable de ambos en el exterior. Giró y vio cómo reían a carcajadas hasta casi caer al suelo. Se enfadó tanto al verlos que, si no hubiese tenido las manos ocupadas en ese momento, de seguro les hubiera lanzado un rayo de energía al par de payasos. “Gggrrr, ¡ya me las pagarán esos idiotas!”, pensó furioso mientras se adentraba en los largos pasillos de tan sagrado lugar.


PAOZU YAMA, HOGAR DE LOS SON

Milk no había dormido en toda la noche de la preocupación. Ella se había levantado a media noche para alimentar al pequeño Goten, y, como era su costumbre, pasó por la habitación de Gohan para acariciarle sus cabellos y percatarse que estuviese bien abrigado, pero al ver que su hijo no estaba, había comenzado su insomnio… “¿Dónde estará? Si desde hace un buen rato que amaneció y aún no llega… No, ¿por qué mi hijito habrá salido tan rebelde? Ojalá que esté bien mi chiquito…“, pensaba la mujer, desesperada mientras caminaba de un lado para el otro por toda la casa.

En ese momento la puerta de la casa se abrió de par en par y ella pudo ver al niño parado debajo del pórtico. Estaba a punto de darle el escarmiento de su vida cuando notó algo extraño en su hijo… algo que no veía desde hacía mucho tiempo… Se sorprendió al verlo feliz.

“¡Mamá! –exclamó Gohan al verse sorprendido en su fuga–. ¡¿Qué haces?!, si yo pensé que estarías… dormida…”.

La mujer cruzó sus brazos y lo miró con dureza, pero luego sonrió y corrió a abrazarlo. “¡Gohan, hijo, ¿dónde estabas?! Estaba muy preocupada por ti!”.

“¡Ay, mamá! ¡Sabes bien lo poderoso que soy!, nada malo podría pasarme”, alegó Gohan algo avergonzado por haber hecho sufrir a su madre.

“¡Eso no me importa!”, le refutó ella mientras le daba un beso en la frente. “Aún eres un niño y no debes andar solo por ahí”. Luego le dio un pescozón en la cabella. “¡No vuelvas a hacerlo, ¿me oíste?!”.

“No, no, mamá, lo prometo”, se excusó el saiya mientras se acariciaba su cabeza. Sin duda su mamá era la mujer más fuerte del planeta porque ese golpe le había dolido terriblemente…

“¿Tienes hambre?”, le preguntó mientras se dirigía a la cocina.

Al oír esto la carita del niño se iluminó de la alegría. “¡Sí, muchísima!”, respondió.

“Bueno, te haré el desayuno, pero mientras, cuéntame, ¿qué hiciste anoche? ¿Adónde fuiste?”, quiso saber su madre mientras sacaba una docena de huevos del refrigerador y ponía a tostar una cantidad igual de rebanadas de pan.

Gohan caminó a la cocina y se sentó en la mesa dispuesto a narrarle todo lo sucedido a su madre. “Anoche reuní la esferas e invoqué a Shenlong”, dijo inocentemente.

“¡¿QUÉ?!”, exclamó su madre mientras aplastaba un huevo que tenía en su mano.

“Sí, le pedí un deseo”, especificó.

“¿U-un… deseo?… ¿y qué… pediste…?”, preguntó con mucho temor de la respuesta que obtendría al tiempo que se limpiaba su manos y se sentaba, a su lado, en la mesa.

“Le pedí una compañera para el señor Piccolo”, dijo Gohan lleno de euforia.

“¡¿Cómo?! Pero… hijo, no debiste hacerlo… ¿y si Piccolo se molesta por ese atrevimiento?”.

“No, ¡al contrario!, se alegró mucho con Piccolina… ¡Tienes que verla, maná! ¡Es muy linda!”.

“Ejem… sí, claro, hijo, si tú lo dices…”, balbuceó Milk muy asombrada. “B-bueno… es verdad, no lo había pensado, pero Piccolo está muy solo…”.

“Sí, ¡pero ya no más! ¡No volverá a estar solo!”.

Milk observó a su hijo, que tenía el rostro iluminado como hacía tanto tiempo que no lo veía… desde la muerte de su padre… y el verlo así la llenó de una gran dicha; tal vez las heridas de su Gohan finalmente comenzaban a sanar… y le daba gracias a Kamisama por eso, y también a Goku, porque sabía que, dónde sea que estuviese en esos momentos, él los observaba y cuidaba… “Qué bien, hijo. Me alegro mucho por Piccolo”, le dijo mientras le acariciaba sus enmarañados cabellos y se levantaba dispuesta a seguir preparando la comida.

Gohan también se levantó y colocó dos platos y dos juegos de cubiertos en la mesa. Abrió el refrigerador y se sirvió un vaso de leche. “Tal vez llame a Bulma después de comer para decirle lo de la nueva compañera de Piccolo, ¿qué opinas?”, preguntó su madre mientras servía una enorme cantidad de huevos a su hijo y ella se quedaba con una pequeña porción.

“Me parece bien… ¿Sabes, mamá?, lo he pensado bien y quisiera asistir a la escuela…”.

“¿En serio?”, le preguntó mirándolo fijamente. “No es ninguna obligación que vayas. No te quiero presionar, sólo quiero que seas feliz. Lo sabes, ¿verdad, cariño?”.

El chiquillo asintió con una enorme sonrisa en sus labios. “Lo sé, mami, yo quiero ir y hacer amigos, y… y… y… tal vez entrenar un poco a Piccolina, ¡de seguro que es tan fuerte como el señor Piccolo! Digo… si estás de acuerdo…”, balbuceó algo asombrado por tanto entusiasmo.

Al escucharlo, Milk casi dejó caer su taza de café de la impresión, y al mismo tiempo de la alegría. “Humm, bueno, lo de la escuela está bien. Si tus calificaciones son buenas y no bajan, podrás entrenar a tu nueva amiga un rato en las tardes”, le respondió sin creer que hubiese accedido la petición de su hijo tan fácilmente… ¡Nah!, lo que realmente le importaba ahora era que estuviese contento, y sin duda lo estaba…

“¡¡VIVA!!”, gritó Gohan lleno de alegría mientras se paraba de la mesa y se iba corriendo. Y sin duda lo hubiese logrado si su madre no lo hubiese impedido.

“¡¿A dónde crees que vas, jovencito?!”, le dijo firmemente.

Gohan, al escucharla, se paró en secó, “P-Pues… a… a… d-decirle a P-Piccolina… q-que la… e-entrenaré”.

“¡De eso nada! ¡Además, estás castigado!”, le respondió de manera implacable.

“¡¿CASTIGADO?!”.

“¡Claro! ¡Ni creas que el susto de anoche se quedará así, ¿eh?! ¡Y ahora, termina tu desayuno!”.

“Sí, m-mamá… está bien…”. Gohan se sentó de nuevo en la mesa y comenzó a comer. Miró a su madre, que tenía un semblante bastante serio, pero luego ambos sonrieron.

“Eres incorregible, igual que tu padre…”, le dijo ella. El pequeño arqueó una ceja, sonrió y siguió comiendo mientras Milk pensaba, al tiempo que tomaba un sorbo de su café: “Sí, igual que su padre… mi amado Goku…”.