Cuando el alma sufre – Prólogo


Han pasado unos cuantos meses desde la partida de Gokú.

Aparentemente, la paz reinaba en todas partes. La tranquilidad de las ciudades sólo se veía interrumpida esporádicamente por unos cuantos asaltos y una que otra riña callejera.

Pero pese a que todo parecía en orden, en la Corporación Cápsula el ambiente se sentía tenso. Trunks tenía una relación estable con una antigua amiga y Bra continuaba con sus estudios.

Aparentemente todo estaba bien, pero el problema eran Bulma y Vegeta, que cada día se distanciaban más. Desde hacía unos meses, discutían con más frecuencia de la habitual y no estaban pasando mucho tiempo juntos. Durante el día casi no se veían, sólo se encontraban en las noches que ninguno tenía nada que hacer. Vegeta, ocupado con su arduo entrenamiento y Bulma, con su trabajo en la compañía. No necesitaba trabajar, pero le gustaba hacerlo para distraerse.

Pese a esto, ambos sabían que eso no era lo que los estaba separando. Nunca coincidían en las cosas que querían hacer. Siempre uno tomaba las decisiones del otro, asumiendo muchas cosas y suponiendo otro tanto. Ahí surgían los problemas.

A Vegeta, las cosas que antes dejaba pasar, ahora le parecían más grandes e importantes. No se tomaba la molestia de decirle a Bulma lo que le molestaba, simplemente se callaba y se lo guardaba todo.

Bulma, por su parte, creía que Vegeta ya no la quería. Los pequeños detalles se habían vuelto inmensos. Todo lo que Vegeta “no hacía” le había empezado a molestar cada vez más.

A todo esto se sumaba una rutina que los tenía aburridos a ambos. Todos los días era exactamente lo mismo. Levantarse en la mañana, desayunar, cada uno a lo suyo, la cena, la cama.

No tenían temas de qué conversar y por lo mismo no se dirigían la palabra.

Vegeta había empezado a cuestionarse todo lo que había sido su vida los últimos años. A veces desaparecía días completos de la Corporación, pero no para entrenar, sino para pensar.

Analizó muchas veces qué es lo que había cambiado en su relación con Bulma. No sabía por qué ya no tenía ganas de estar con ella. Antes era por el entrenamiento y aún así se hacía el tiempo para estar a su lado. Sentía una sensación muy especial cuando estaban juntos, pero ahora incluso había llegado a suplicar mentalmente que el tiempo pasara lo más rápido posible para poder escapar.

Bulma, para no pensar ni asumir que su vida se estaba autodestruyendo, se concentró en su trabajo. Volcaba toda su preocupación en eso y le restó importancia a su relación con Vegeta.

Sabía lo que estaba pasando y no le gustaba. Cada vez que estaba sola con él, escapaba para no darle la oportunidad de que le dijera nada. Había pasado por eso hacía muchos años con Yamcha y si en ese entonces le dolió terminar con él, ahora no estaba segura de poder reponerse de un rompimiento con Vegeta.

Vegeta ya estaba sumamente cansado de esa situación. Siempre había sido un hombre libre. Al único que tuvo que rendirle cuentas fue a Freezer y nunca había estado muy conforme que digamos con eso. No es que Bulma lo presionara ni nada por el estilo, pero así se sentía.

Ya no experimentaba esa ansiedad de besarla, de tocarla. Deseaba silenciosamente que todo volviera a ser como antes, pero nada de lo que intentaba funcionaba. Eso lo enfurecía. Cuando trataba de hablar con Bulma, ella siempre encontraba algún pretexto y se acababa la conversación. Cómo odiaba cuando hacía eso. Necesitaba hablar con ella y ella no se lo permitía.

Muchos pensamientos se le venían a la mente, y no eran buenos. Todo lo malo que le estaba pasando lo proyectaba hacia los demás. Ya no confiaba en su mujer. Las cosas habían cambiado demasiado.

No aguantaba más. Necesitaba desahogarse y terminar con esa situación de una vez por todas. No le gustaba para nada tener que estar esperando que un día todo se rompiera o que se compusiera. Había que acabar con eso de una vez, antes que ambos salieran más heridos.