Capítulo 9: “Yo te amo”


Bulma conducía su aerocoche a toda velocidad. Haberlo visto nuevamente la había alterado, aún seguía temblando. Su cabello medianamente recogido se revolvía con la tibia brisa que acariciaba su rostro. Los lentes para el sol la protegían del poco sol que quedaba. Era un hermoso y agradable atardecer, pero en ese momento no le importó.

No sabía cómo, pero había llegado a aquel lugar. Aún estaba deshabitado. Habían pasado tantos años desde que estuvieron allí y todo parecía intacto.

Detuvo el aerocoche y acomodó un poco su desordenado cabello. No se decidía a bajar aún. El sol todavía le regalaba sus cálidos rayos. Reunió el valor necesario, algo que nunca le había faltado, y salió del aerocoche. Se acercó con pasos lentos hacia la saliente de la montaña en la que se encontraba, observó el horizonte y el mar. Tranquilo, igual que aquel día.

Respiró profundo, cerrando sus ojos y dejando que el aroma del mar llenara sus pulmones.

En su memoria todavía escuchaba su profunda voz, diciéndole esas palabras que creyó nunca saldrían de su boca.

Abrió los ojos y sonrió irónicamente.

Caminó un poco más y se detuvo justo al borde de la montaña que daba una vista panorámica de toda la isla. No se había cambiado el vestido de la fiesta, pero no le importó y se sentó en el suelo. Sacó de su bolso una cajetilla de cigarros. Sacó uno y dejó a un lado la cajetilla. Sacó el encendedor y, llevándose el cigarro a la boca, se dispuso a encenderlo, pero se detuvo al escuchar su voz.

VG: ¿Aún no lo dejas?

De momento quedó paralizada. No se esperaba encontrarlo allí. No terminó de encender el cigarrillo y lo quitó lentamente de su boca tratando de reaccionar. Escuchó sus pasos acercándose a ella. Sentía los latidos de su corazón acelerarse y sus mejillas se enrojecieron. No sabía si voltearse a mirarlo o no. Momentos más tarde comprobó que, aunque hubiera querido, no habría podido.

BL: ¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó tranquilamente.

VG: Lo mismo que tú.

BL: No lo creo –contestó molesta.

Vegeta estaba de pie junto a ella observando el horizonte. Aún llevaba el traje de la fiesta. Se había desabrochado el botón del cuello de la camisa y la corbata caía suelta un poco más abajo. Llevaba la chaqueta abierta y tenía las manos en los bolsillos de los pantalones, desde los cuales escapaba la camisa. El viento agitaba su ropa y su cabello.

Lucía tan apuesto. Tan distinto al Vegeta que había conocido hacía tantos años. No llevaba armadura, ni guantes, ni botas. Ahora sólo se veía como un modelo de Calvin Klein.

Al parecer el saiyajin se había humanizado más de lo previsto.

VG: ¿Puedo? –dijo haciendo un gesto para sentarse junto a ella. Ella dudó un momento, pero luego asintió.

Permanecieron un buen rato sin hablar, uno junto al otro.

BL: ¿Qué fue lo que hicimos mal? –preguntó decidiéndose a hablar y casi en un susurro.

VG: ¿A qué te refieres? –dijo volteándose hacia ella, aunque sabía perfectamente a qué se refería.

BL: ¿Cuándo te empecé a estorbar? –dijo por fin mirándolo a través de las gafas oscuras. Le alegraba traerlas porque así él no podría ver sus ojos ni enterarse por medio de ellos de nada que ella no quisiera.

Él no supo qué contestar.

VG: Hace unos meses… estaba harto de todo. De nuestra casa, de nuestros hijos, de mi vida y… de ti. Me sentía completamente encerrado y sin derecho a reclamar. Te necesitaba… no sólo como mi mujer, sino como mi amiga. Pero no estuviste allí y te odié por eso. Lo que siguió lo conoces. Nos empezamos a distanciar cada vez más. Discutíamos por cualquier cosa y un maldito día la bomba estalló. Decidí irme, huir de la situación. Tenía miedo aunque no quería reconocerlo. El mismo miedo que experimenté cuando supe lo que realmente significabas para mí. En ese entonces toda mi vida anterior quedó guardada en el más profundo y lejano de mis recuerdos. Poco a poco comencé una nueva vida a tu lado, pero esa vida se empezó a derrumbar y… aparte de eso no tenía nada. No sabía qué hacer.

BL: ¿Dónde estuviste todo este tiempo?

VG: Cuando me fui, conocí a Meredith y… –Bulma, que estaba mirando el mar, se volteó repentinamente hacia él. Vegeta notó el estremecimiento que la recorrió–. Ella… me ayudó a entender muchas cosas. Entre otras, que si yo no estaba en paz conmigo mismo, no iba a poder estar bien contigo.

BL: ¿Ustedes…?

VG: No. Ni con el pensamiento.

Otro largo silencio se hizo presente.

BL: Yo tenía tanto miedo. Nunca quise que te fueras, pero las cosas cambiaron. Te empecé a notar extraño. Parecía que no querías estar conmigo. Mi idea del matrimonio feliz y el “hasta que la muerte los separe” quedó por el suelo. Tú y yo nunca nos casamos. No creí que fuera necesario porque quería que estuvieras conmigo porque querías, no por haber dicho “acepto”. Pero el tiempo pasó, las cosas cambiaron y terminaste yéndote. Si me alejé de ti fue porque tenía miedo de que me dijeras que ya no me amabas y que te irías. Supongo que quise cerrar mis ojos para no verte partir. Pero ¡ya ves! por más que traté de escapar, igual tuve que vivirlo. Después que te fuiste, traté de rehacer mi vida. Ya no era la misma niñita que se pasaba días enteros llorando por haber peleado con el novio. Ahora era una mujer que debía aceptar los hechos y seguir viviendo. Pero aún así… no pude –dijo con los ojos cerrados. Luego lo miró.

Estaba allí, observándola y escuchando atentamente sus palabras.

En una acción repentina, Vegeta le quitó las gafas. Quería ver sus ojos.

Bulma se sorprendió. Ahora no había nada que ocultara sus sentimientos de él. Tomó aire con dificultad y continuó:

BL: Traté de odiarte. Cada minuto, cada día, pero no pude –dijo bajando la mirada.

VG: Yo… traté de olvidarte pero… no pasó un solo día en que no pronunciara tu nombre.

BL: ¿Por qué me dices todo esto?

VG: Debías saberlo. Era justo que lo supieras. Y también es justo que sepas que ya no te amo como antes. Te amo mucho más. Mi amor por ti se transformó, nunca desapareció. Lamento no haberme dado cuenta hasta ahora. Ya sabes que no podría odiarte –dijo volviendo a mirar hacia el mar.

Un escalofrío recorrió la espalda de Bulma. Volvió al pasado en décimas de segundos. Las mismas palabras, la misma mirada, la misma sensación producida en ella.

Pero al mismo tiempo que esos dulces recuerdos volvieron, también se hicieron presentes los otros: “Yo ya no siento por ti lo mismo de antes“. En ese instante no supo qué pensar.

BL: Dijiste que…

VG: Dije muchas cosas que nunca quise decir. He cometido muchos errores en mi vida y no quiero que eso continúe. Quiero hablarte con la verdad sin nada que nos separe. Sin orgullo y sin temor… ¿Aún estamos a tiempo? –preguntó con voz clara, pero casi susurrando.

Otro largo silencio se interpuso entre ellos. Bulma no sabía qué contestar. Temblaba de pies a cabeza y sentía que su corazón se le iba a escapar del pecho. Podría haberle dicho simplemente que no y volver a casa. Seguir con su vida y dar por superada una etapa, pero no podía hacerlo. En el fondo de su alma sabía que no era lo correcto. El hombre que la había hecho la mujer más feliz del mundo, con quien compartía dos hijos, con quien nunca se aburría, con quien compartía momentos de silencio, de peleas, de pasión, e incluso de risas, estaba a su lado de regreso en su vida y era mucho más que eso. Sencillamente era el hombre que la amaba y a quien ella amaba.

Razón más que suficiente.

BL: Nunca es demasiado tarde –respondió mientras las lágrimas, que tanto habían luchado por salir durante todos esos meses, recorrían su cara.

Bulma desahogó su corazón en los brazos del hombre que amaba y Vegeta esbozó una leve sonrisa. Se sentía inmensamente tranquilo y feliz. Todo había vuelto a la normalidad.
Metros atrás, Meredith, que había ido al mismo lugar para sentirse un poco mejor, los observaba atentamente.

MD: “Adiós Vegeta, espero que seas muy feliz…” –dijo bajando la mirada con una leve sonrisa en sus labios.

 

F I N


Nota: ¡¡Hola a todos!! Ahora les habla Xime. Espero que les haya gustado la historia que acaban de leer, aunque si han llegado a estas instancias creo que sí. Reciban mis agradecimientos pertinentes por acompañarnos esta vez a mi amiga Carolina y a mí. Pese a que nos tomó “N” tiempo llevar a cabo nuestra idea, fue muy grato trabajar con ella. Cualquier comentario agradable y/o felicitación se agradecerá, y bueno… quejas en la ventanilla de quejas. Ambos pueden hacerlos llegar a: ximenichi@entelchile.net. Un saludo y besos para todos, ¡Hasta pronto!