Capítulo 6: “No hay mal que por bien no venga”


Cuando Vegeta entró la habitación, estaba solamente iluminada por la luz del jardín que entraba por la ventana. Aún así pudo divisar un pequeño bulto que en ese momento se movía bajo las mantas de la cama. –¿Trunks? –lo llamó suavemente, pero no hubo respuesta. Se acercó entonces sin hacer ruido y encendió la luz de la lámpara que estaba sobre la mesita de noche. –¿Trunks? –repitió corriendo suavemente el cabello que caía sobre el rostro del niño, que cansado por el llanto había cedido al sueño y al escuchar su nombre emitió un pequeño gemido. Vegeta se sentó al borde de la cama observándolo dormir. Realmente se sentía un canalla por lo ocurrido, pero sobre todo por no haber creído en su hijo, que a pesar de ser tan travieso siempre hacía de todo para que él se sintiera orgulloso de ser su padre y difícilmente le mentía.

Trunks comenzó a despertar cuando sintió que alguien estaba acariciando su cabeza. En un principio pensó que era su mamá, pero luego se dio cuenta que no, ésta era una mano más grande, más fuerte, ésta era la misma mano que… Abrió los ojos para cerciorarse, y al ver a su padre dio un respingo apartando bruscamente la mano de Vegeta y corriéndose al otro extremo de la cama, donde se quedó sentado, cruzado de brazos y el ceño bien fruncido. Trunks adoraba a más no poder a su padre, pero en ese momento no quería nada con él y mientras más lejos estuviera, mejor. “Esto va a ser más difícil de lo que creí”, pensó Vegeta, que ya de por sí le costaba disculparse.

  • Escúchame, Trunks. Verás, yo… lo siento mucho, fui muy injusto contigo –dijo Vegeta tratando de mantener su orgullo lo más aplacado posible.

Hubo un silencio muy tenso. Trunks no articulaba palabra, solamente lo miraba de reojo y con resentimiento. Después de todo, de qué servía ahora que él lo sintiera.

  • ¿No vas a decir nada?

  • ¿Para qué si no me vas a escuchar? –respondió Trunks con enojo.

  • Ya te dije que lo siento, ¿qué más quieres?

Pero la cosa no era tan sencilla. Si Vegeta creía que lo iba a perdonar así de fácil, estaba muy equivocado, pensaba Trunks que había heredado gran parte del carácter y orgullo de su padre. Se sentía gravemente ofendido y quería desquitarse, aunque fuera un poco.

  • No me dejaste explicarte, no me creíste –dijo Trunks alterándose–. ¡Y me trataste de mentiroso!

  • Pero yo no sabía que…

  • ¡Y de rata cobarde!

  • Sí, lo sé, pero…

  • ¡Y encima de todo me pegaste!

  • Sí, pero…

  • ¡¡Y todavía me duele!!

  • No me lo harás nada fácil, ¿verdad? –dijo Vegeta poniendo la mano en sus ojos mientras movía la cabeza tratando de mantener la paciencia.

  • ¡NO! –respondió Trunks en forma tajante.

Vegeta se quedó pensando un momento qué podía hacer para compensar a Trunks y se le ocurrió una idea como si hubiera sentido una inspiración divina.

  • Escúchame, Trunks, tengo una idea –le dijo tratando de terminar definitivamente el asunto.

  • ¡¡NO ME INTERESA!! –replicó Trunks obstinadamente.

  • ¡¡MUCHO CUIDADO CÓMO TE DIRIGES A MÍ, MUCHACHITO INSOLENTE!! ¡¡RECUERDA MUY BIEN CON QUIÉN ESTÁS HABLANDO O YO ME ENCARGARÉ QUE NUNCA LO OLVIDES, PORQUE ENTONCES SÍ QUE TE LAS VOY A DAR!! –lo reprendió severamente Vegeta, que estirándose alcanzó a Trunks y lo alzó del pijama.

  • ¡Sí, sí, papá! –se apresuró a responder Trunks muy asustado comprendiendo que se le había pasado la mano en su pequeña venganza.

Vegeta lo arrojó nuevamente en la cama y se levantó para retirarse bastante fastidiado. “¡Eso me busco por disculparme con un infante!”. Había dado unos pasos, pero Trunks reaccionó sobre lo que había hecho y corrió a detenerlo.

  • ¡Espera, papá, por favor no te vayas! –le pidió sumiso colocándose delante de él mientras lo detenía por la cintura y mirándolo directo a los ojos con sus ojitos llenos de arrepentimiento (Snifff!!). –Discúlpame, es que estaba muy enojado y perdí la cabeza, pero nunca más volveré a hablarte así, palabra.

Vegeta lo observó por un instante viendo que era sincero, entonces volvió a sentarse recuperando la calma. Pensándolo bien, Trunks siempre se dirigía a él con mucho respeto y era muy posible que en esta ocasión su sangre de saiyajin, su orgullo y los genes heredados de su madre y de él, le hubieran jugado una mala pasada. Como decimos aquí en mi Tierra, ¡se le paró la pluma! o para ir más ad-hoc con la serie, ¡le dieron los monos!

  • ¿Qué ibas a decirme? –preguntó Trunks más animado pensando que a lo mejor la propuesta era buena y que había estado tonteando al hacerse de rogar. Por lo mismo tenía el brazo de su papá bien agarrado para que no se fuera antes de comunicarle su plan.

Vegeta sabía que a Trunks le gustaba mucho pasar tiempo con él, y como a la semana siguiente saldría de vacaciones de medio año, le propuso lo siguiente: que él olvidaría el ojo morado que le había dejado en la mañana, como también el asunto de la mochila en el que casi se rompe el cuello, y por su parte Trunks lo disculparía por haberlo castigado siendo inocente. Además, si no le daba problemas el resto de la semana, le prometió que pasarían todo el fin de semana juntos, incluyendo el día lunes que era el primer día de vacaciones y la mejor parte es que el pequeño podría hacer su voluntad durante todo ese tiempo.

El rostro de Trunks comenzó a iluminarse, sus ruegos habían sido escuchados, su papá iba a dedicarle todo ese tiempo y sin prohibiciones… ¡¡¡¡HURRAAAA!!!! Se puso tan feliz y con una cara de tener tan grandes planes que Vegeta se empezó a preocupar seriamente pensando si había sido buena idea haberle dado tan amplia libertad, pero ni hablar, la promesa ya estaba hecha y tenía que cumplirla. A Vegeta se le podía acusar de muchas cosas, pero cumplía sus promesas o hacía lo posible por hacerlo.

  • ¿En serio, papá? –preguntó Trunks–. ¿De verdad podré hacer todo lo que yo quiera?

  • Eeeeh… sí –respondió Vegeta con una gota corriéndole por la sien.

  • ¿Y vas a jugar conmigo? –preguntó Trunks todo ilusionado–. ¿Y me podré acostar más tarde? ¿Y podremos…?

  • Sí, sí –respondió Vegeta cada vez más preocupado. “¡Oh, demonios, en qué lío me metí!”

Entonces Trunks comenzó a brincar de alegría por toda la cama, gritando a todo pulmón ¡¡VIVA!!, ¡¡BRAVO!!, ¡¡HURRA!! Y en ese arranque de alegría tomó desprevenido a Vegeta echándole los brazos al cuello en un abrazo tan fuerte que casi lo ahoga, lo cual era muy extraño, pues ya hemos dicho que Trunks se parecía mucho a Vegeta y no era dado a tales demostraciones de afecto, aunque existía la posibilidad que lo hiciera porque no había testigos… sí, yo creo que fue eso. El hecho es que lo abrazaba y le decía que era el mejor papá del mundo y que lo quería mucho y etc., etc., lo cual hizo mucha gracia a Vegeta, quien pensó que los niños eran personitas bastantes volubles. Minutos atrás Trunks lo había acusado prácticamente de monstruo malvado y ahora resulta que era el mejor papá del mundo. “¿Quién entiende a estos niños?”. Y ya que Trunks seguía agarrado a su cuello sin intenciones de soltarlo, Vegeta terminó por abrazarlo también.

  • Ya, hombre, ya, si no es para tanto –dijo dándole suaves palmaditas en la espalda. “O por lo menos eso espero”, pensaba tratando de imaginar qué grandes ideas estarían pasando por la mente de su hijo. Por otro lado estaba la tendencia de Trunks a meterse en problemas–. Además, Trunks, recuerda que para que yo cumpla mi parte del trato, primero tú debes cumplir la tuya, ¿está claro?

  • Sí –respondió el niño, disfrutando del momento.

Y esa bonita escena habría continuado si no hubiese sido porque el estómago de Trunks comenzó a reclamar comida estridentemente.

  • Mejor baja a comer algo –le dijo Vegeta–. Tu mamá está en la cocina preparando la cena.

Y qué le dijeron a Trunks, le faltaban piernas para correr y casi pasa por encima de su padre sin ninguna consideración, ya que el pobrecito no había comido prácticamente nada en todo el día, mas cuando llegó a la puerta, se detuvo en forma repentina.

  • A propósito, papá –dijo volteándose hacia Vegeta con una pícara sonrisa–. Ya que esta vez me castigaste injustamente, pues toma este castigo como adelantado para la próxima vez que sí me lo merezca.

Y no bien dijo esto, se hizo humo antes que su padre pudiera objetar algo, dejándolo boquiabierto.

¡Vaya! –pensó Vegeta divertido una vez que hubo reaccionado–. Este chiquillo es igual a su madre, de todas no se le escapa una… Bueno, por algo dice el refrán: de tal palo… –y se levantó para salir de la habitación.