Capítulo 6: “Las esperanzas olvidadas”


Es de madrugada. Sólo había logrado dormir unas horas, y el resto de la noche la había pasado dando vueltas en su cama y en su mente sobre el mismo tema: su padre, no soportaba el saber que lo perdía una vez más, y de la manera más simple, sin luchar, y ¿qué hacía él? Ah, pues él lo ataca, y luego se queda descansando para luego atacarlo de nuevo al día siguiente… ¿Qué clase de hijo hacía eso?

Pensamientos como ése atormentan al joven lleno de preocupación. Después de tantos años de salir adelante solo, y ahora siendo un adulto, pensó que ya no era tan necesario él, pero así era, lo necesitaba, su madre y su pequeño hermano también.

Pero ¿qué puede hacer?

Su mente cansada logró encontrar entre sus recuerdos una posible ayuda.

*¡LAS ESFERAS DEL DRAGÓN!*

Se incorpora en su lecho entusiasmado, ¿cómo lo había olvidado? Ésa es la solución perfecta al problema, Shen Long podría ayudarlo. Sólo necesita reunir las esferas, pero eso es lo de menos, tienen menos de dos años de haberse dispersado, no debe ser difícil encontrarlas.

Al levantarse, nota que trae la misma ropa que el día anterior, ni siquiera se había molestado en cambiarse para dormir. No importa, el maltratado traje marrón o lo que queda de él no significa ningún estorbo. Se pone sus zapatos rápidamente y va hacia la puerta, presiona el interruptor y sale al pasillo cuidando de no hacer ruido. No enciende la luz.

En la recámara de Trunks, éste se encuentra durmiendo profundamente, y Goten, después de los esfuerzos de su amigo, también logra dormir, pero se despierta con sobresalto. Al principio no reconoce el lugar, luego observa a su amigo roncando en la cama de al lado, recuerda dónde se encuentra, pero también vuelve a su mente la razón de porqué esta ahí.

“Goten… ¿qué haces despierto?” –llama una somnolienta voz.

“Pensé que estabas dormido, Trunks” –le dice un poco sorprendido.

“Yo también…” –contesta frotándose los ojos con sueño–. “¿No escuchaste un ruido, Goten?”.

Menea la cabeza, estaba tan distraído en sus pensamientos que no puso atención a lo que sucedía a su alrededor.

“Creo que vino de la cocina, vamos a ver, tal vez sea un ladrón”.

“Vamos”.

Salen de la habitación hacia el oscuro pasillo, llegan a la cocina y ven una luz.

“Alguien está ahí”.

“¿Qué hacemos?”.

“Mmm…” –se cruza de brazos, pensando.


“Si voy a ir a buscar las esferas del dragón…” –reflexionó seriamente Gohan en voz alta–. “¡Tengo que comer algo primero!”.

Los genes tienen efecto… ya estaba en el refrigerador eligiendo qué degustar cuando escucha unos pasos a su lado. Está muy oscuro en la cocina, y casi no distingue nada.

“No te permitiremos que invadas mi hogar” –dijo Trunks convirtiéndose en SSJ para iluminarse.

“Ni que robes la comida de mi amigo” –continuó Goten igualmente.

“Debes pagar por tu robo”.

“Y… y… ¿y…? ¿Qué más tengo que decir, Trunks?”.

Su amigo, en posición de súper héroe, con el viento moviendo el cabello, se cae.

“Mejor no digas nada y acabemos con él”.

“¡Sí!”.

“Oigan… ¿qué hacen?” –interrogó Gohan con una gota.

“¿Hermano?” –preguntó Goten, reconociendo la voz.

Para salir de dudas, Trunks enciende la luz y los niños ven a Gohan de pie frente al refrigerador, cargado de comida.

“¿Me quieren decir qué hacen?” –preguntó el joven con cara de regaño, pero, sin hacerle demasiado caso, los dos niños tenían expresión de berrinche–. “¿Qué? ¿ahora qué les pasa?”

“¡No es justo! Tan bien que nos había quedado la presentación” –se quejó el niño Brief.

“Sí, y con tan poco tiempo de práctica, lástima que no fuera un ladrón de verdad” –comentó el niño de cabello alborotado.

Gohan casi se cae. Esos niños nunca cambiarán.

“¡No deberían hacer esas ridiculeces! ¡Dan vergüenza ajena con esas tontas presentaciones!” –regaño el primogénito Son con una gota.

“El comal le dijo a la olla” –murmuró Trunks.

“Bueno, ¿y qué hacen despiertos?”.

“Lo mismo te pregunto, hermano”.

“Sí, ¿qué pensabas hacer, Gohan?”.

*Si saben que voy tras las esferas, querrán ir conmigo… mejor me hago el tonto*. “¿Yo? Este… nomás aquí, tomando un bocadillo de media noche”.

“Te acompañamos” –dijo su hermano.

“Está bien…”


“Estuvo delicioso” –comentó Goten. El trío de semi-Sayajins caminaba por el pasillo, y se detiene frente a la puerta de la habitación de Trunks.

“¡Ah!… ¡Qué sueño tengo!” –mintió Gohan–. “Buenas noches”.

“Buenas noches, hermano”.

“Buenas noches, Gohan”.

En cuanto se despidió de los dos niños, se dirigió rápidamente al laboratorio de Bulma. A fuerza de visitarla tantos años, ya conoce el camino con los ojos cerrados, o más bien dicho, en la oscuridad. Llegó al laboratorio, y comenzó a buscar entre todos los estantes y cajones.

“¿Dónde podrá guardar Bulma el radar?”.

“Mi mamá siempre la deja en el cajón del estante que está allá”.

“Ah, gracias Trunks…” –va al mencionado estante y lo toma–. “¿Eh? ¡¿Qué hacen despiertos?!”.

Con sus angelicales sonrisas y expresión de “no rompo un plato” estaban su hermano y Trunks.

“¿Vas a buscar las esferas, hermano?”.

“También queremos ir”.

“¡Ah, no!”.


Horas después, en una playa, se encontraba un trío de personas buscando entre la arena.

“¡Mira, hermano, encontré la esfera!”.

“¿Encontré? Si yo la vi primero” –replicó rápidamente el niño de cabello morado.

El joven suspiró y tomó la esfera.

“Y han estado así desde que salimos…” –se lamentó.

“¡Sí, ya encontramos la esfera de cuatro estrellas!” –gritó el niño de cabello alborotado.

“¿La de cuatro estrellas?” –se dijo sorprendido Gohan. Contó 1… 2… 3… 4… cuatro estrellas, su esfera, hacía tiempo que no la veía. Sonrío–. “Qué ironía…” dijo de nuevo para sí. La echó junto a las demás en la mochila.

“¿Cuántas nos faltan, hermano?” –preguntó curioso Goten, viendo la mochila.

“¡Qué tonto eres, Goten, no sabes ni contar!” –dijo Trunks–. “Son… son…” –comenzó haciendo cuentas con los dedos–. “¡Dile tu, Gohan!”.

“Pues contando ésta, sólo nos faltan dos, las de tres y cinco estrellas” –dijo sin emoción el adolescente–. “Vamos, volvamos, deben estar preocupados por nosotros y los demás no tardarán en ir a la Corporación”.

Los tres subieron al avión que Gohan sacó de una cápsula, subieron, Gohan dejó la mochila a un lado del asiento del conductor y continuó pensando mientras piloteaba.

–¡Papá! ¡Va a matar al Señor Piccoro! –reclamó el niño.

–Hay que esperar –dijo tranquilamente, sentado en el piso–. *Apresúrate, Vegeta…*

Cell estaba peleando contra Piccoro, o más bien, masacrándolo. El niño se pasea preocupado frente a la puerta de la habitación del tiempo, sintiendo cómo disminuía el Ki de la persona que más respetaba.

Siente con horror algo… el Ki desapareció. Mr.Popo comenzó a llorar. Él no pudo soportarlo, estaba punto de emprender el vuelo, pero su padre lo abrazó, deteniéndolo. Se agita en sus brazos, tratando de ir a ayudarlo.

–¡Señor Piccoro! ¡Señor Piccoro! ¡Señor Piccoro! –gritaba histérico el niño.

–No tiene caso, Gohan, no puedes hacer nada –le susurró su padre.

Esos recuerdos le dolían, pero éste fue interrumpido por otro que le causaba más dolor que ése.

“¿Qué esperas para atacarme? ¿O tienes miedo?”.

*Me enseñaste a ser fuerte y evitaste que me hiciera daño a mí mismo… Tengo que devolverte el favor, papá…*

Aprieta con más fuerza el timón de la nave mientras vuela dirección oeste.


N. de la A.: Está bien, demándenme por poner notas de autor, pero he recibido varias amenazas de muerte y creo que a algunas personas les gustaría darse una idea de qué sucede en la mente de una maniática como una servidora. Quise hacer este capítulo un poco más calmado, porque el anterior me quedó un poco exagerado y desgraciado. Bueno, en los siguientes capítulos veran más acción. Bye.