Capítulo 5: “La Invocación”

Grensa: Como paso preliminar para la invocación, debemos terminar de alinear los planetas. Supongo que habrán seguido mis instrucciones al pie de la letra, ¿no?

Ogre: Por supuesto, ¿qué crees que somos?

Ladracu: Yo todavía no estoy muy seguro de que esto funcione…

Grensa: Funcionará. Bueno, ya casi estamos en el minuto señalado. Ordenen a sus hombres que empiecen.

Los tres líderes se comunican con sus hombres por radio, y cada grupo ocasiona fuertes explosiones en un planeta distinto. Las técnicas que utilizaban no causaban gran daño a los planetas (aunque la superficie era destrozada), sino que les daban un impulso extra. Lentamente, los 15 planetas fueron quedando en línea.

Ladracu: Un momento… ahora que lo pienso… Si les hemos dado más velocidad a los planetas, ¿no hará eso que la alineación dure menos?

Grensa: No importa, tenemos tiempo.

Ladracu: Podríamos ordenar a nuestros hombres que bombardeen los planetas por el lado contrario, para detenerlos.

Grensa: No, pronto deberemos dar inicio a la ceremonia. Ordenen a los hombres que regresen.

Ogre: Bien, pero… ¿cómo sabremos cuándo empezar?

Grensa: Pronto… pronto… ¡ahora! ¡observen!

En el punto donde estaba el trío, se inicia un gran terremoto. El suelo se abre y se eleva, y luego de unos minutos, toda una montaña había crecido.

Ogre: ¡S-sorprendente!

Grensa: Entremos.

Ladracu: ¿¿Por dónde??

Con un disparo, Grensa crea un agujero en la montaña, que resulta ser hueca.

Grensa: ¿Alguna otra pregunta?

Los tres entran a la montaña, que en su interior estaba complicadamente ornamentada. Las paredes estaban llenas de complicados escritos en una lengua extraña.

Ladracu: ¿Qué es todo esto? No reconozco el lenguaje, y eso que conozco a la perfección el idioma de los antiguos Vampiros…

Grensa: Estamos fuera del sello que mantiene cautivo a Rametek. Debemos abrirlo antes que termine la alineación. Después de eso, tendremos todo el tiempo del mundo.

Ogre: “Todo el tiempo del mundo”, jeje… literalmente, porque sin duda este planeta se destruirá cuando Rametek despierte.

Ladracu: ¿Q-qué? Nadie dijo nada de una explosión planetaria…

Grensa: No habrá explosión, tonto… son exageraciones de Ogre. Bien, ya llegamos a la cima. Colóquense en los puestos que les indiqué. Memorizaron lo que deben decir, ¿no es así?

Ogre: Sí, sí, no hay problema.

Grensa: Asegúrense que los hombres estén en posición.

Ladracu: Todos están listos.

Grensa: Comencemos.

Con voz profunda, el trío inicia un extraño canto, del que no entendían ni una palabra, ni siquiera Grensa.

Los 3: “…biculí conirrei basaradam tleilak sanjikyin vitulei…”

Estaban en lo más alto de la montaña metálica, rodeada por la montaña de piedra falsa. Lentamente, la montaña externa se hace pedazos, y una brillante esfera surge de la cima de la interna, y se eleva lentamente, hasta que queda estacionaria.

Siguiendo instrucciones, 99 de los más fuertes hombres de los tres líderes, todos dispuestos en círculo alrededor de la montaña, se convierten en vampiros y aumentan su energía al máximo, y disparan al unísono contra la esfera.

Los 3: “…kondandí sobatayán shurimey vileukem ¡SOGUACA!”

Apenas terminada la pronunciación de la última sílaba, la esfera brilló como mil soles, desprendiendo una energía terrible. El ruido aumentó hasta niveles inacotables, y cuando todo acabó…

Grensa: ¡Uf! Fue peor de lo que creía…

Ladracu: Aaah… por poco y no lo contamos.

Ogre: ¿Y nuestros hombres?

No quedaba rastro de nada ni nadie. Lo único que se salvó del planeta fue la plataforma en que estaban, y una pirámide bajo ellos.

Grensa: Realmente fue MUCHO peor de lo que creía.

Ladracu: Aún PEOR… una de nuestras naves de guerra informa de la desintegración de todas las demás. Además, los dos planetas más cercanos a nosotros, también desaparecieron.

Grensa: Sólo espero que haya funcionado…

Ogre: Jeje… sí, el sello se ha roto. Puedo ver la entrada a la cámara de Rametek.

Grensa: ¡Fantástico! Ahora queda la parte más fácil.

Ladracu: Ojalá así sea…

El grupo entra a la pirámide, que había estado encerrada por el sello. Una vez dentro, no se puede ver nada, pues la oscuridad es total.

Ogre: ¡Absolutamente oscuro!

Ladracu: Ni siquiera usando nuestra aura de energía se puede conseguir algo de luz.

Grensa: No se cansen intentando ver. El lugar es así, para desanimar a los ladrones. Que cada uno sujete a otro, para no perdernos. Yo los guiaré.

Al poco rato, los tres se sentían muy cansados, y a cada momento, la sensación de agotamiento era peor.

Grensa: Resistan un poco más… ya casi estamos allí…

Ogre: ¿Seguro que sabes adonde vamos? No se ve nada, pero al tantear las paredes puedo saber que esto es un laberinto.

Grensa: No se preocupen, conozco el camino.

Ladracu: Y si nos encontramos con… ¿¿el espíritu de Laudrup??

Ogre: ¿Laudrup? ¿Y eso qué es?

Grensa: No seas idiota, Ladracu… Laudrup fue la esposa de Rametek, que fue sepultada aquí.

Ladracu: Se dice que podía poner a raya al mismo Rametek…

Ogre: Absurdo, Rametek era invencible.

Grensa: Por eso mismo digo que es una tontería. Todo lo que se dice de Laudrup es falso.

Ladracu: ¿¿Y si Rametek se puso en hibernación por miedo a su esposa?? Quizá esperaba despertar cuando ya estuviera muerta.

Ogre: ¡Jaja! ¡Buena broma!

Grensa: Si Rametek los escuchara, ya serían un montón de polvo. O quizá ni siquiera eso.

Ladracu: Sólo intentaba relajar un poco el ambiente…

Grensa: No importa, ya llegamos.

De pronto se hizo la luz. El trío pudo ver un gran féretro de casi tres metros de alto, donde se suponía que dormía Rametek, en espera de ser invocado. Toda la sala daba muestra de una arquitectura impresionante, y su vista era monumental.

Ogre: ¡¡Gr-grandioso!! Pero, ¿cómo haremos para despertarlo?

Ladracu: Nunca nos dijiste nada de esta parte de la invocación. ¿Será muy difícil?

Grensa: No se preocupen, yo haré todo el trabajo.

Grensa se acerca al féretro, y presiona un pequeñísimo botón rojo en el centro del féretro, el cual se abrió al instante.

Grensa: Listo.

Ladracu (pensando): ¿¿¿Y eso era todo??? Esperaba algo más espectacular…

Del féretro emerge una figura, y al ver su imponencia, nadie tuvo ninguna duda acerca de quién se trataba…