Capítulo 5: “Habla el corazón”


El tiempo transcurría rápidamente. Para el matrimonio de Trunks faltaba poco menos de un mes y los preparativos continuaban. La actividad diaria de encargar las flores, preparar la ceremonia, la decoración, etc., habían mantenido bastante ocupada a Bulma, que estaba siendo ayudada por Yamcha en todo, pese a los alegatos de Trunks y Bra, que todavía no estaban muy convencidos de que Yamcha sólo quisiera estar con su madre para ayudarla.

Por su parte, Vegeta y Meredith cada día se llevaban mejor. Ella había encontrado en él alguien con quien conversar y pasar el tiempo en forma agradable, claro que esa supuesta amistad estaba convirtiéndose en algo más profundo.

Vegeta había notado que ella lo trataba de forma muy cariñosa, pero no le molestaba en lo más mínimo. Incluso estaba pensando que ella significaba mucho para él. Le había tomado mucho cariño y, seriamente analizándolo un día, llegó a la conclusión de que se estaba enamorando de ella.

Nunca creyó que volvería a sentir eso por nadie más que por Bulma, pero los hechos estaban a la vista y no podía huir de ellos.

Trataba de sacarse esas ideas de la cabeza. Venía saliendo de una ruptura que no le había gustado nada y ahora estaba sintiéndose atraído por otra mujer. ¡No! Ya había tenido suficiente y no quería que la historia se repitiera. Con ese pensamiento, volvía la calma dentro de su mente, aunque no duraba mucho.

Durante las mañanas, cuando Meredith no estaba, Vegeta aprovechaba para salir a entrenar. Le pareció extraño que en toda la semana llegara más tarde de lo habitual, pero era comprensible porque ella tenía novio y debían verse. Se sentía extrañamente molesto por esa situación, pero nunca se lo dijo.

Una noche, Vegeta salió del baño luego de haberse dado una ducha. Había aprovechado que Meredith no estuvo en toda la tarde para entrenar un poco en las afueras de la ciudad y despejarse. Iba caminando por el pasillo, cuando de pronto sintió gritos provenientes de la habitación de Meredith, como si ella estuviera discutiendo muy fuertemente con alguien. Apuró el paso y se detuvo frente a la puerta. Los gritos habían cesado.

VG: Meredith, ¿puedo pasar? –preguntó Vegeta desde fuera.

Al no encontrar respuesta, el príncipe saiyajin se decidió a entrar.

Ella estaba arrodillada en el suelo, con ambas manos cubriendo su rostro y con el teléfono inalámbrico a un lado de su cuerpo. Vegeta se acercó lentamente, y luego se arrodilló a su lado.

VG: Meredith…

MD: Estoy bien –asintió mirando hacia la ventana, en dirección opuesta a donde se encontraba el saiyajin.

VG: Pues no lo parece.

Luego de un largo rato en silencio, Meredith lo miró, y éste se dio cuenta que su anfitriona había estado llorando.

MD: Discutí con mi novio y… cortamos la relación… Eso es todo.

VG: Piensa que quizás es una tontería que tiene arreglo –la tranquilizó Vegeta en un tono que ni él mismo creyó tener.

MD: Lo dudo mucho.

VG: Pero… ¿por qué fue?

MD: Dijo que no me amaba… luego de diez años de noviazgo… dijo que no me amaba.

La mente de Vegeta quedó en blanco por unos momentos. Las mismas palabras que él le había dicho a Bulma, estaban haciendo sufrir a la mujer que estaba junto a él.

MD: ¿Cómo se puede dejar de amar a alguien así como así? –dijo levantándose del piso y sentándose al borde de la cama.

VG: Pues… simplemente… pasa –dijo basándose en su propio caso.

MD: ¡Esto no es justo! Tanto tiempo para terminar en nada –decía sin que dejaran de correr lágrimas por su rostro. Vegeta se sentó en la cama junto a ella y la abrazó lentamente. Era lo único que podía hacer para consolarla.

Cuando estuvo más tranquila, le dio un suave beso en la frente y al salir de la habitación le dijo:

VG: Mañana será otro día.

MD: Gracias, Vegeta.

Se dirigió a la sala y se acostó en el sofá en que dormía. El tiempo que estuvo herido ocupó la cama de Meredith, pero ahora que ya estaba bien ocupaba ese sillón que era bastante cómodo. Estuvo pensando durante mucho rato en las cosas que no quería pensar. Por más que lo intentaba, la imagen de Bulma no desaparecía de su mente.

Cerca de la medianoche logró conciliar el sueño.

Meredith se levantó en la madrugada al baño y al pasar por la sala encontró a Vegeta durmiendo en el sofá, pero la manta que lo cubría estaba en el suelo, al igual que la almohada y su camiseta. Se acercó lentamente y se quedó observándolo. Al principio dudó un poco, pero se agachó junto a él y después de cubrirlo con la manta, con mucho cuidado acercó su rostro al de él. Cuando estaba a pocos centímetros de sus labios, Vegeta abrió los ojos y se dio cuenta de lo que estaba a punto de pasar. Automáticamente se incorporó y quedó sentado en el sofá muy confundido y sin saber qué hacer.

Meredith estaba más roja que un tomate, pero afortunadamente estaba lo suficientemente oscuro como para que no se notara.

Se miraron durante unos momentos y luego Meredith se fue a su habitación.

Ninguno de los dos pudo dormir más esa noche.