Capítulo 5: “Entuertos y desentuertos”


La casa estaba hecha un desastre: Trunks lloraba en su cuarto y Vegeta trataba de calmarse cuando llegó Bulma, que habiendo sentido los gritos desde la calle se había apresurado a llegar a la casa. Al entrar casi se desmaya. “¿Pero qué fue lo que pasó aquí?”, preguntó casi sin aliento al observar lo que alguna vez fue la sala. Vegeta estaba de espaldas a ella, entonces se le acercó preocupada. “Vegeta, ¿qué…?”, pero no alcanzó a terminar la frase, Vegeta se había volteado hacia ella y “¡¡¡…JAJAJAJAJAJA!!! ¿¿Qué te pasó, Vegeta, dónde fue el carnaval que no me invitaste??”, reía Bulma estrepitosamente sin poderse contener, lo cual no hizo ninguna gracia al Príncipe, que sentía cómo le hervía la sangre y despedía rayos por todo el cuerpo.

  • ¡¡Calla, mujer, que no hay razón para reír!! –gritó Vegeta– ¡¡Todo esto es tu culpa!! ¡¡Si no consintieras tanto a ese chiquillo, nada de esto hubiera ocurrido!!, pero desde ahora las cosas van a cambiar, ese niño necesita disciplina y yo me voy a encargar de dársela y ni tú ni nadie van a impedir que…
  • Ya cálmate, Vegeta –lo interrumpió Bulma haciendo grandes esfuerzos por contener la risa–. No entiendo nada, por favor explícame, ¿qué te pasó en la cara? Te ves tan chistoso… ¡¡¡JAJAJAJAJA…!!! –comenzó a reír de nuevo apoyando una mano en el hombro de Vegeta, mientras se doblaba tomándose el estómago con la otra y con lágrimas que corrían por sus mejillas a causa del ataque de risa.
  • ¡¡¡YA BASTA!!! –Vegeta estaba indignado– ¿Cómo te atreves a burlarte así de mí? –rugió agarrándola por los hombros. Su mirada era fulminante y Bulma se detuvo de inmediato.
  • Bueno, hombre, ya tranquilízate –le dijo–. Mira, ¿por qué no vamos a nuestro cuarto y ahí me explicas todo? Porque… aún tenemos cuarto, ¿verdad?
  • Sí, no te preocupes por eso.

Vegeta le contó su versión de los hechos a Bulma, de todas las desventuras que había pasado en su viaje al centro de la ciudad, de lo humillado que se sentía y que además no podía quitarse la maldita pintura.

  • Lo que pasa es que esa tinta es para pizarra, así que no sale con agua, pero sí con alcohol. Cuesta un poco, pero sale –dijo Bulma sacando el botiquín de primeros auxilios–. No te desesperes, yo te quitaré eso de la cara y de paso curaré bien esas heridas. Lo que me parece extraño es el asunto de Trunks.
  • Ya te dije que tienes demasiado consentido a ese hijo tuyo.

Esa última frase hizo saltar a Bulma como un resorte.

  • ¡Un momento! –exclamó Bulma–. ¿Qué quisiste decir con eso de “ese hijo tuyo”? Hasta donde yo sé, tú también participaste para concebir a Trunks.
  • Yo no niego eso, pero no es por mí que se está comportando de ese modo.

Bulma quedó boquiabierta, pero de inmediato la ira comenzó a reflejarse en sus ojos.

  • ¡Vaya! –dijo sarcásticamente– me estás acusando que toda la culpa es mía. No tenía idea de que los sayajines tuvieran la capacidad de programar sus genes para que sus hijos hereden de ellos solamente lo perfecto. Me parece por demás extraño, ya que no fueron ni siquiera capaces de salvar su planeta.

Ése había sido un golpe bajo. Vegeta cerró los ojos tratando de no alterarse, porque cuando Bulma quería podía volverse realmente insoportable y él ya tenía una jaqueca espantosa como para seguirle la discusión. Además, generalmente la dejaba gritar sin hacerle mucho caso.

  • Ustedes las mujeres todo lo enredan. Estoy diciendo que has estado malcriando a tu hijo, eso es todo.
  • ¡Todos los hombres son iguales! Cuando el niño se porta bien, se destaca en el colegio y gana torneos, entonces sí es TU hijo, pero cuando hace algo indebido entonces es MI hijo… ¡Habráse visto semejante desfachatez!

Y Bulma le plantó directo en la herida un algodón empapado en alcohol.

  • ¡¡¡AAAYYY!!! –gritó Vegeta apartándose rápidamente–. ¿¿Qué demonio se apoderó de ti, mujer??
  • ¡Tú empezaste!
  • ¡¡Se acabó!! ¡Entre tú y tu… Trunks me han hecho el día miserable y ya no estoy para aguantar más estupideces! –exclamó Vegeta con la intención de retirarse.
  • Espera, Vegeta –dijo Bulma recuperando la calma–. Mira, yo también tuve un día muy pesado y supongo que eso también me alteró el ánimo, ¡pero es que me molesté mucho cuando hablaste así! Además, tú sabes muy bien que Trunks, por muy travieso que sea, no te faltaría el respeto de ese modo y todavía más, conociéndote no se habría atrevido. Quizás sí fue Goten.
  • ¡Imposible! ¡Goten ni siquiera estuvo aquí!
  • ¿Estás seguro?
  • ¡Por supuesto que estoy seguro! –respondió Vegeta, ofendido.
  • Hmm, pues yo no –dijo Bulma pensativa–. En fin, primero terminemos con lo de tu cara y ya veremos lo otro.

Cuando Bulma terminó, guardó el botiquín y se encaminó al cuarto de su hijo, pero cuando estaba abriendo la puerta, Vegeta la detuvo.

  • Por cierto, Bulma –le dijo con una irónica sonrisa–. ¿Sabes dónde fue que encontré a Trunks?

Bulma se detuvo y volteó hacia Vegeta con cara de pregunta.

  • ¿No lo sabes? –continuó él–. El angelito estaba en tu la-bo-ra-to-rio… y sin tu consentimiento.

Bulma apretó la chapa de la puerta, inspiró profundo, pero no dijo nada y se retiró con rumbo al cuarto de su hijo para saber de su boca lo sucedido. Si algo sabía hacer Vegeta, era dejarla callada con dos palabras.


Gohan había llegado a su casa y se había retirado a su habitación que compartía con Goten, donde el pequeño le contó los acontecimientos del día con todos los pormenores y que estaba preocupado por no haber podido advertir a su amigo. Gohan compartió su preocupación “¿¿QUE HICISTE QUÉ?? ¿EN QUÉ ESTABAS PENSANDO? ¿ACASO QUIERES QUE NOS HAGAN POLVO A TODOS?” Supuso que las cosas podrían estar color de hormiga en la Corporación y podrían estarlo para ellos también. Resolvió que tenía que comunicárselo a Goku de inmediato y se encaminó a la puerta cuando el susodicho entró para darles las buenas noches.

  • ¿Qué les pasa? –preguntó cuando les vio las caras– ¿Quién se murió?
  • Espero que nadie todavía –dijo Goten.
  • Papá –le dijo Gohan–, tenemos un pequeño problemita, verás…

Y le contaron toda la historia a Goku, que recién ahora venía a entender la extraña apariencia de Vegeta, por decirlo de alguna forma.

  • ¡Pero hijo! ¿Cómo se te ocurrió semejante idea? –le preguntó Goku a su pequeño.

Goten le explicó que esa idea le vino a la mente cuando vio a Vegeta dormido y recordó la conversación sobre las caricaturas del colegio y que él sólo quería hacerlos felices a todos, en especial a Trunks. Goku sabía que Goten era muy ingenuo y comprendió que había actuado sin mala intención, pero le explicó que esas cosas sólo pasaban en la televisión y que no podía creerlas.

  • Pero y ¿cómo las esferas del dragón sí existen aunque parecen cuentos? Ni siquiera Videl podía creer en ellas hasta que vio a Sheng Long –reclamó Goten.
  • Ése es un buen punto, papá –opinó Gohan.
  • No me ayudes tanto, hijo mío –le dijo Goku con cara de odio.

Bulma abrió lentamente la puerta del cuarto de Trunks. La lámpara estaba encendida y encontró al pequeño bajo las mantas de su cama, todavía sollozando. Entró y se sentó al borde de la cama mientras lo acariciaba.

  • Mi chiquito –le dijo cariñosamente secando sus lágrimas–. Tu papá me dijo que te habías portado muy mal, ¿por qué?
  • Yo no fui, mamá –se defendió Trunks refregándose los ojos–. Yo no hice nada, Goten tuvo toda la culpa, pero mi papá no me cree, ¡es muy injusto!
  • ¿Seguro que no hiciste absolutamente nada, Trunks? –Bulma estaba probando a su hijo, mirándolo directo a los ojos. Si admitía lo del laboratorio, podría confiar en su palabra.

Trunks bajó la vista recordando que tan inocente no era; había quebrantado una prohibición que ella le había impuesto.

  • ¿Y bien, Trunks? ¿Qué pasa? ¿Por qué no me contestas?
  • Mamá –dijo Trunks tímidamente haciendo chocar los dedos índices– ¿sabes?, este, yo, bueno, eehh… je, je, pues yo… entré al laboratorio.
  • ¿Y se puede saber por qué, si te lo tengo prohibido? –preguntó Bulma muy seria.
  • Es que quería encontrar el radar del dragón. No te enojes, por favor.
  • Está bien, mi niño –le dijo Bulma acariciando su carita–, pero no vuelvas a entrar ahí sin mi permiso porque es un lugar muy peligroso.
  • Sí, ya me di cuenta –Trunks recordó el frasco de ácido–, y además no encontré el radar.
  • Porque lo tengo yo. ¿Ves cómo las cosas no son tan injustas como uno cree?
  • ¡¡Pero es que fue Goten el que le hizo eso a mi papá, no yo, y él me castigó a mí!! ¿Por qué nadie me cree? –y Trunks se largó a llorar de nuevo.
  • Pero si tu papá dice que Goten no estuvo aquí hoy.
  • Sí estuvo, nos vinimos juntos de la escuela y estuvimos aquí toda la tarde. Si no me crees, pregúntale al Sr. Goku; él vino a buscarlo.
  • ¿Y por qué no se lo dijiste?
  • Traté, pero no quiso escucharme, cuando le dije que había sido Goten se puso más furioso y me trató de cobarde y mentiroso.
  • Ya veo… Bueno, mi amor, ya no llores, te prometo que todo se va a solucionar. Ahora descansa, ha sido un día difícil para todos.

Bulma lo besó en la frente, lo arropó y partió de vuelta a su cuarto donde Vegeta la estaba esperando. Le confirmó lo que Trunks había dicho desde el principio, pero él no estaba del todo convencido.

  • Pues bien –dijo Bulma– hay una sola forma de averiguarlo: llamaré a casa de Milk.

Goku seguía hablando con Goten tratando de hacerle entender cuándo una idea es buena o cuándo puede resultar catastrófica. En eso sonó el teléfono y minutos más tarde se escuchó a Milk gritando como sargento de caballería: “¡¡GOKU, VEN A LA SALA!!”

  • ¡Uy!, aquí va a arder Troya –aseguró Gohan.

Y efectivamente así fue. Como Milk contestó la llamada, Bulma le contó lo ocurrido y luego pidió hablar con Goku que a su vez ordenó a Goten que no se moviera de su cuarto, por su propia seguridad.

  • Está bien, Bulma. No te preocupes, voy para allá –dijo Goku colgando el teléfono.

Milk por su parte juraba que su hijo era un rebelde sin causa y muchas cosas más y prometió darle un castigo ejemplar y no dejarlo volver a ver esos terribles dibujos animados norteamericanos que les llenaban de tonterías y violencia la mente a los niños.


  • Goku viene para acá –comunicó Bulma a Vegeta–, y me confirmó la versión de Trunks.

En ese momento apareció Goku frente a Vegeta, quien se encontraba sentado al borde de la cama y al verlo se incorporó rápidamente para tomarlo por el pecho.

  • ¡¡Kakaroto, maldito canalla!!
  • Espera, Vegeta…
  • ¡¡No sabes por todo lo que pasé!!
  • Es que…
  • ¡¡No te lo voy a perdonar!!
  • Pero Veg…
  • ¿¿Cómo no me advertiste??
  • ¡Lo hubiera hecho!, pero ¿cuándo escuchas a alguien? –terminó por fin Goku, soltándose.
  • 30/15 –dijo Bulma
  • Grrr… –refunfuñó Vegeta. Era cierto, él no lo había escuchado– ¿Y dónde está ese miserable clon tuyo?
  • No te preocupes por él, Milk se va a encargar.

Con eso era suficiente. Vegeta sabía de sobra que a Goten le caerían todas las penas del infierno o en otras palabras que el infierno sería un paraíso comparado con lo que le esperaba.

Goku les explicó toda la historia según lo que Goten le había contado, luego se despidió y se teletransportó a su casa. Bulma, por su parte, ordenó a Vegeta que se disculpara con Trunks, ya que el niño no había tenido nada que ver en el asunto, pero el príncipe se negó rotundamente. ¿Cómo él iba pedirle disculpas a un infante? En realidad sabía que era lo justo, pero su orgullo se interponía. Finalmente accedió hacerlo al día siguiente.

  • ¡Nada de eso! ¡Vas ahora mismo! Y mientras lo haces, yo iré a preparar la cena.
  • ¡Ja! Tú no puede obligarme –sentenció Vegeta orgullosamente, cruzando los brazos.
  • ¿Ah, sí? Pues muy bien –respondió Bulma muy manos en cadera–. Si no vas, puedes olvidarte del trato que hicimos esta tarde y te quedarás sin postre por el resto del mes –le dijo con una mirada que significaba “¡Y no me refiero a duraznos con crema!”.

Ése fue otro golpe bajo, él ya había cumplido su parte del trato y ella se estaba negando a cumplir la suya y encima le quitaba su postre.

  • No te atreverías –le dijo Vegeta con cara de preocupación.
  • Prueba –dijo Bulma tranquilamente.

Acto seguido, Vegeta iba llegando al cuarto de Trunks murmurando infinidad de juramentos.