Capítulo 5: “En la montaña Paoz…”


Los días pasan muy rápido, pensaba Milk al ver cómo el sol que lucía en todo su esplendor bañaba con sus rayos el valle. Goku y sus chicos no tardarían en llegar. Sonrió, lo más seguro es que llegarían medio muertos de hambre. Con algo de trabajo sacó el último pastel del horno, su brazo aún no estaba del todo restablecido, pero no dejaría de cocinar por tan poco. Como si hubiera adivinado, escuchó claramente cómo la puerta principal se abría. “Son ellos”, se dijo limpiándose las manos y saliendo apresurada a recibirlos.

En efecto, Goku y Goten entraban a la casa. Como era de esperarse, estaban sucios de pies a cabeza y sus ropas lucían destrozadas, después de todo, habían sido varios días de estar entrenando con Picoro. Entraron haciendo el menor ruido posible; sabían que si Milk los miraba en aquel estado tan lamentable, estarían en graves aprietos.

La sonrisa que iluminaba el rostro de Milk se borró al instante de ver que sus dos saiyas desparramaban lodo y tierra por todas partes mientras que, como ladrones, trataban de escabullirse por las escaleras rumbo al baño.

–¿A dónde van ustedes dos? –preguntó Milk en un tono no muy agradable a los oídos de Goku y Goten. Ambos se encogieron de hombros y voltearon a verse con miradas de angustia.

–Papá, te dije que nos bañáramos antes de llegar –murmuró Goten a su padre.

–Sí, pero ya moría de hambre, quería llegar lo antes posible –dijo Goku en el mismo tono que su hijo.

–¿Qué tanto murmuran? –preguntó Milk en tanto fruncía el ceño, al parecer bastante molesta.

–¡Nada! –exclamaron los dos al unísono y con el mismo acto reflejo llevaron una mano tras su cabeza mientras reían nerviosamente.

De inmediato el gesto de enfado desapareció de la cara de Milk y otro lleno de ternura lo sustituyó. “Los dos se parecen tanto”, pensó mientras ladeaba ligeramente la cabeza; su pequeño Goten era la copia perfecta de Goku. Sonrió. Podían ser los más poderosos del universo, pero siempre se rendían ante ella, de nada valían sus entrenamientos y poderes ante cualquier grito u orden que saliera de sus labios.

Goku y Goten comenzaron a sudar cuando Milk se acercó “amenazadoramente” hacia ellos.

–Milk… Yo… este… –tartamudeó Goku al verla tan cerca.

–¡Me alegro que ya estén de vuelta! –dijo ella mientras colocaba una mano sobre el hombro de Goku y la otra sobre la cabeza de su hijo, revolviéndole ligeramente sus mechones rebeldes.

Los dos saiyas se miraron con el desconcierto dibujado en la cara. Sí, esto por lo menos merecía un regaño o un grito de desaprobación.

–Vamos, apresúrense a bañarse, que la comida está lista –dijo ella alegremente encaminándose rumbo a la cocina.

Los dos comenzaron a subir las escaleras, aliviados de haber recibido un regaño, y ya iban a la mitad cuando la voz de Milk los hizo detenerse en seco.

–¿No saben si Gohan llegará pronto? –los interrogó.

–Este… –Goku se concentró y pudo sentir el Ki de Gohan que se encontraba ya muy cerca de la casa–. No tardará en llegar, Milk.

–Bien, así comeremos todos juntos –dijo y entró a la cocina. Goku se dirigió al baño mientras se decía que jamás entendería a las mujeres, aunque pasara un millón de años.

Un momento después, el ruido de la puerta al abrirse se dejó escuchar de nuevo en la casa. Gohan entró y saludó alegremente a su madre, que ya terminaba de acomodar los platos sobre la mesa. Ella le devolvió el saludo con una sonrisa, pero que nunca podía ser comparada con la que mostraba el muchacho. Al parecer su alegría era el resultado de aquel viaje escolar. Lo miró encaminarse a su habitación, estaba segura que pronto le contaría algo importante de él y esa jovencita llamada Videl.

En la mesa de los Son desfilaban una cantidad enorme de platillos, cubiertos, postres y se dejaban escuchar sólo frases de aceptación por parte de los comensales.

–¡Está delicioso, mamá! –dijo Goten con la boca llena de arroz y sólo parando para eso. Siguió atacando el plato rebosante de comida que tenía enfrente.

–Mi pobre niño, de seguro que ni comías bien por estar entrenando con Picoro y tu padre, ¿verdad?

–Sí comía… pero mi papá no cocina tan bien como tú –aseguró el niño entre bocado y bocado.

–Pero bien que te comías todo… –dijo Goku tratando de defenderse de su retoño.

–Sí, pero porque no había otra cosa, no por el sabor –aseguró Goten con tal seriedad que Milk y Gohan no pudieron evitar reír ante tal comentario.

–¿Y qué tal el viaje? –preguntó Goku a su primogénito, tratando de cambiar de tema.

–Estuvo bien, papá –dijo mientras se ruborizaba un poco al recordar que por fin se había atrevido a pedirle a Videl que fuera su novia.

Tan entretenidos estaban comentando sobre los pormenores del viaje y la nueva técnica, que no se dieron cuenta que Goten se había dormido sobre la mesa. Con dos maestros tan estrictos no era para menos, estaba rendido.

Goku lo llevó hasta su cama para que descansara mejor, al parecer Gohan también estaba cansado porque decidió hacerle compañía a su pequeño hermano y en un momento ya estaba perdido en el mundo de los sueños.

En la planta baja sólo quedaron ellos dos. Milk vio a Goku y éste bostezó un poco, al parecer el siguiente en dormir esa siesta vespertina era él, pero unas palabras de Milk lo hicieron desistir…

–Goku, quiero pedirte algo… –dijo en ese todo suave y melodioso que siempre lo convencía de todo y que por supuesto nada tenía que ver con los gritos que hacían estremecer la casa.

–¿Ehhh?

–¿Podrías llevarme a la cima de la montaña?

Goku arqueó las cejas ante tal petición, ¿para qué quería Milk ir a la cima de la montaña? Observó la punta, que lucía totalmente nevada, seguro que estaba haciendo demasiado frío allá arriba; luego la miró a ella por un instante, al parecer se traía algo entre manos.

–Sí. ¿Ahora?

Milk movió la cabeza afirmativamente, él la miró tratando de adivinar “eso” que la hacía comportarse de manera tan extraña. La tomó de un brazo para acercarla y poder rodear su cintura para comenzar el vuelo, cuando la sintió estremecerse y emitir un pequeño quejido. No era posible que le hubiera hecho daño con tan sólo tocarla, era cierto que en ocasiones no medía su fuerza, y hasta había llegado a lastimarla sin querer, pero no era el caso ahora.

–¿Qué te ocurre? –preguntó y, uniendo las palabras a los hechos, levantó la manga larga del vestido de Milk. Con extrañeza miró la venda que le cubría casi todo el brazo. Sus ojos interrogantes buscaron los ojos negros de su mujer.

–Te contaré todo cuando estemos allá arriba –dijo sin dejar de mirarlo.

Él no dijo nada, se limitó a abrazarla y un momento después descendían en la parte más alta de la montaña Paoz. Caminaron en silencio hasta encontrar un enorme tronco caído que sobresalía de la nieve. Como si se hubieran puesto de acuerdo, los dos se sentaron y Milk observó el valle que se extendía a sus pies, era hermoso de verdad, pero lo era más aún porque estaba con él. Apartó por un momento su vista del paisaje para mirarlo, había sido atrapado por la perfecta armonía de la naturaleza y también contemplaba el lugar.

Hacía frío, un aire helado soplaba anunciando que pronto llegaría el invierno. Milk se estremeció un poco y se acercó hasta recargarse en el hombro de su esposo; él la rodeó en un abrazo.

–¿Y bien…? –preguntó tratando que ella comenzara a explicarle el porqué de aquel paseo tan extraño y el porqué de la venda en su brazo.

–Quería decirte algo que pasó en estos días que tú y los chicos estuvieron fuera… Además quería estar aquí unos momentos… Por una parte es mejor que ellos estén en la casa, así podré platicarte mejor todo… –Goku sólo guardó silencio.

Milk comenzó a platicarle sobre su paseo a la capital, el encuentro inesperado con su amigo Tamy, la invitación a comer. Cuando le explicó sobre el atentado y su herida en el brazo sintió cómo Goku la acercaba más hacia él. Le comentó del hospital, de las rosas, de la despedida; en el fondo agradeció que Goku no la hubiese interrumpido, pero cuando le iba a decir de el último favor que su amigo le había pedido, hizo una pequeña pausa, quizás era mejor omitir ese detalle, pero en el último momento decidió decirlo también.

–¡¿Un beso tuyo?! –exclamó el saiya sintiendo algo extraño en el pecho, un sentimiento que nunca había experimentado y que no sabía cómo calificar.

–Sí, un beso –afirmó Milk mirándolo un tanto divertida por el extraño gesto que estaba en su cara.

–¡¿Y se lo diste?! –preguntó Goku. Aún recordaba cuando él no sabía lo que era un beso y los confundía con algún tipo de alimento, pero ahora lo sabía y también sabía que un beso entre un hombre y una mujer era mucho más que el que se dan entre hermanos o amigos. Y la verdad ese Tamy no parecía ser un simple amigo, ya que él mismo y Bulma habían sido amigos desde que recordaba y nunca le había regalado rosas.

–Sí, se lo di… –hizo una pequeña pausa, y miró la sopresa y confusión en el rostro del saiya–. Aquí… –dijo colocando uno de sus dedos en la mejilla de Goku y al tomarlo por sorpresa cayó hacia atrás, jalándola en su caída. Milk comenzó a reír al ver el cabello de él cubierto de nieve.

Goku la miró desconcertado y después la imitó en su carcajada. Estaban ahí, tirados sobre la nieve, riendo como dos chiquillos traviesos. Si cualquiera los hubiera visto, diría que eran un par de locos listos para el manicomio. Milk rodó hasta quedar al costado de él y su cabello se soltó, cubriendo su cara, aquello la hizo reír aún más al imaginarse lo graciosa que se veía con su inesperado “look”. Un rato después, cuando las risas se habían calmado…

–Goku… No estás enojado, ¿verdad? –le preguntó sin apartar la vista del cielo, que comenzaba a nublarse.

–Creo que no… y me alegro que me lo hayas contado –dijo mirándola de reojo.

–Goku, ¿qué estabamos haciendo hace 20 años? –preguntó tomando una actitud seria mientras cerraba los ojos, como tratando de recordar tiempos pasados.

–No sé, pero me gusta lo que estoy haciendo ahora –dijo mientras apartaba los mechones de cabello de su cara y se acercaba para besarla.

Milk abrió los ojos, dedicándole la mejor de sus miradas, y levantando su brazo herido, trató de sacudir la nieve del cabello de él, pero un ligero dolor le hizo recordar que aún no estaba del todo bien. Goku se dio cuenta de eso, tomó su mano y la atrapó en la suya mientras terminaba lo que se había interrumpido.

Sus labios eran tan tibios… Después de todo, Goku no besaba nada mal; al parecer, al igual que su fuerza y técnicas, mejoraba con el tiempo, eso era lo que pasaba por la mente de Milk mientras disfrutaba esa caricia.

–Debemos irnos ya, podrías pescar un resfriado –dijo Milk al recordar que a Goku los climas fríos no le gustaban del todo. Él asintió y abrazándola comenzó a volar rumbo a la pequeña casa.

Esa noche, después de la cena…

–¡Achuu!

–Salud… Milk –dijo Goku colocando una taza de té caliente sobre la mesita de noche de su habitación.

–Vaya y yo que creía… ¡Achuu!… que el que pescaría el resfriado serías tú.

–Bueno, ahora tómate el té que preparé, espero que haya quedado mejor que la cena, aunque los chicos no dijeron nada, pero es raro que les diera sueño a mitad de la cena si durmieron toda la tarde –dijo algo pensativo mientras se sentaba en el borde de la cama–. Tuve que acabar con el pescado asado yo solo.

Milk sonrió un poco ante tal comentario, en ocasiones Goku era tan ingenuo. Sorbió un poco del té que le llevara y entendió porqué los chicos no habían querido cenar.

–¿Está bien el té?

–Este… s-sí, gracias, Goku –dijo en tanto lo abrazaba para agradecerle el que la cuidara.

Él se inclinó un poco y buscó sus labios, pero Milk lo detuvo con suavidad.

–Recuerda que tengo gripe, puedo contagiarte –le advirtió.

Pero al saiya pareció no importale demasiado, porque apartó la mano de ella y la besó de todas formas.

–Goku… mi Goku, jamás dejaré de quererte… –musitó ella mientras afuera la noche avanzaba y unos pequeñísimos copos de nieve caían lentamente…



No dejaré de quererte jamás… Jamás
no dejarás de quererme jamás… Jamás

un amor sin cadenas ni edad

que no me falte jamás… Jamás.


 

F I N

Nota: ¡Al fin terminé! Sí, sí, ya sé que está algo melosa (lo siento por los que no les gusta), y no respeté demasiado el carácter de los personajes, pero ni modo, al fin y al cabo es un fic, ¿o no? Para cualquier reclamación, ahí esta mi cuenta de e-mail y a los que sí les gustó, gracias por sus comentarios.

Nota 2: La canción que usé en el fic la escuché en la voz de Camilo Sesto, no sé el nombre del autor y le cambié algunas palabras para que le quedara al fic. El poema es del gran poeta Pablo Neruda, ahora sí que ^Jamás^ haría algo tan bonito.