Capítulo 5: “El Fugitivo”


Al despertar, Goten se sintió solo al no ver a Goku. Tampoco sabía que éste le había levantado el castigo parcialmente mientras Milk no estuviera, así que pensó que tendría que quedarse encerrado en esa pieza hasta nuevo aviso y se quedó mirando el techo un rato. Una idea había estado rondando su cabeza hacía unos días: quería escapar de casa. Si su papá había vivido tanto tiempo solo, ¿por qué él no? Además, la vida de aventuras parecía interesante y se conocía mucha gente y lugares y no tendría que estudiar, ni volver a la escuela nunca más. Además, hasta donde él sabía, a Gohan también lo habían dejado viviendo solo en las montañas cuando Piccoro lo entrenó. Lo que no sabía era que lo había estado vigilando casi todo el tiempo. Por lo demás, ¿a quién le importaría si se iba? Al parecer, solamente a Goku, y seguramente él lo entendería, porque hasta el momento Gohan pasaba con Videl y a su mamá, según él, ya no le importaba pues se había vuelto muy dura y Trunks… bueno, Trunks no quería saber ni de su nombre. Sin embargo, la noche anterior su padre le prometió que las cosas mejorarían, ¿pero como? Tal vez sería mejor esperar un poco y, si la situación no cambiaba, se marcharía.

Se incorporó en la cama y vio que en la mesita de noche había una nota –¡Es la letra de mi papá!

La nota decía:

¡¡Buenos días, Goten!!

Gohan salió con Videl…

– “¿Sí? ¡Tremenda novedad! Podían contarme una nueva”

…Yo salí a entrenar y volveré muy pronto con un gran pescado para el almuerzo…

– “Pero si mi mamá no está, ¿quién va a cocinar?” –se preguntó Goten con un horrible presentimiento.

…¡Ah! Y no te preocupes, que yo cocinaré especialmente para ti.

Recibe un gran abrazo de tu papá.

  • ¡¡¡BUAAAA… MI PAPÁ TAMPOCO ME QUIERE!!! –lloraba Goten desconsolado, seguro que lo estaba castigando con la terrible tortura de obligarlo a comer su espantosa comida.

Fue ahí que decidió irse definitivamente del hogar, que ya parecía prisión de alta seguridad.

Agarró su mochila, una muda de ropa, su cepillo de dientes y su toalla (para que su mamá no se fuera a enojar). Recuperó sus dulces confiscados, guardó comida, se llevó su gorilita de peluche que no sabía porqué le gustaba tanto y le dejó una nota a Goku que escribió atrás de la nota que éste le dejara.

Goten estuvo por un buen rato volando sin rumbo fijo y sin saber qué hacer ni dónde ir, hasta que el cansancio y el hambre se fueron apoderando de él y decidió bajar a comer. Su mochila no era muy grande y por lo mismo no pudo guardar mucha comida, pero sí la suficiente para engañar el estómago. Se instaló a la orilla del río sacando algunas provisiones consistentes en jugo y pan de arroz, que su mamá había dejado hecho del día anterior… ¡Ñam, Ñam! (léase como ¡qué rico!). Nadie cocinaba tan bien como su mami, lástima que ya no lo quisiera… ¡¡Sniff!!

Mientras comía, recordaba las historias que Goku le había contado, las cuales eran muy emocionantes y esperaba que pronto él tuviera aventuras como las de su padre, sólo que no pensó que éstas podrían ser desagradables.

Cuando terminó de comer, se recostó sobre la hierba fresca y dejó volar su imaginación a medida que en el cielo avanzaban nubes con diversas formas; una parecía un barco y entonces Goten se veía como un capitán luchando contra piratas en medio de una tormenta y por supuesto venciendo al enemigo, rescatando prisioneros y el cofre del tesoro, que en vez de estar lleno de monedas de oro, estaba lleno de caramelos y chocolates; luego, otra nube parecía un enorme monstruo que pretendía atacar el lugar donde vivía, derribando los árboles del bosque cercano a su casa y asustando a su madre que gritaba desesperada, pero entonces aparecía Son Goten para defenderla venciendo al monstruo de un solo golpe (lo cual no sería nada raro, si es un SSJ).

De tanto soñar despierto, comenzó a quedarse dormido sin darse cuenta que muy cerca de él un grupo de monos lo estaba observando y esperaba el momento preciso para quitarle sus pertenencias, así que cuando Goten cerró los ojos, lo hicieron; uno tomó la mochila y el otro se llevó el peluche.

  • ¿Qué? ¿Qué pasa? –preguntó Goten despertando repentinamente y viendo que los monos se llevaban su mochila con sus preciados dulces y su gorilita regalón, a quien contaba todos sus secretos–. ¡Oigan, vuelvan acá, eso es mío! –les gritó–. ¡Eso no se hace! ¡Es robar, y es malo!

Y corrió y voló tras ellos, pero los monos eran un grupo grande y saltaban de árbol en árbol arrojándose entre ellos las cosas de Goten, llegando un momento en que la mochila se abrió y su contenido fue quedando regado por el bosque. Goten logró rescatar su gorila, que quedó atascado en una rama, pero nada más porque al bajar a tierra fue capturado por un pterodáctilo que lo vio como un buen aperitivo para sus crías. Sin embargo, el pequeño Goten reunió energía en una de sus manos lanzándole un “kame kame ha” con tal fuerza que el ave lo soltó haciéndolo caer directo en una madriguera de… ¡¡zorrillos!! Mamá zorrillo y sus pequeños estaban tomando una siesta cuando les cayó encima un regalito del cielo. Indignada, ella y sus crías atacaron sin piedad al pobre de Goten, que aunque corrió lo más rápido posible, no pudo esquivar la embestida ni el aroma que le dejarían.

Cuando se vio libre de las mofetas, siguió caminando bastante abatido, arrastrando los pies y también su peluche que llevaba cogido de una pata mientras el resto iba dejando un rastro en la tierra. Parecía que las aventuras no eran tan entretenidas después de todo, y cuando parecía que ya todo había pasado, apareció en frente de él un Tiranosaurio Rex. Goten ya no tenía energía para pelear ni volar, aunque sí para arrancar y corrió tan rápido como pudo hacia el lado contrario, con el tiranosaurio pisándole los talones.

  • ¡¡¡AUXILIOOOO!!! –gritaba el pobre Goten, pero no había nadie para ayudarlo.

En tanto, Vegeta ya había despertado más repuesto y permitió que Trunks se levantara para tomar un buen desayuno antes de empezar el día.

  • ¿Y qué has decidido hacer el día de hoy?

  • Mmm… ¿podríamos visitar las partes de la Corporación adonde no me dejan entrar?

  • Tú no tienes remedio –le dijo Vegeta moviendo la cabeza–. Pero está bien. Donde pueda llevarte, entraremos. ¡Aunque no sé para qué si de todos modos entras a escondidas!

  • Je, je… ¿ya lo sabías? –el inocente de Trunks pensaba que su papá no lo sabía… ¡Ja! si cuando él va, Vegeta ya viene de vuelta dos veces–. Oye, papá, ¿y al laboratorio de mamá, podemos ir? –preguntó después que le había prometido a Bulma no entrar sin permiso, claro que con esa bendita lógica de los niños, pensó que con su padre sí podría… ¡niños!

  • ¿Quieres que nos arranquen la cabeza a los dos? Si tu madre se llega a enterar que entramos a su laboratorio, ni Sheng Long nos salva. Por lo demás, lo que quieras.

  • Bueno –se resignó Trunks.

Estuvieron recorriendo la Corporación tal como Trunks solicitara, pero no sintió la misma emoción de cuando lo hacía sin permiso. Luego del recorrido, no sabía qué más pedir y lo peor es que se empezó a aburrir. Trató de jugar videojuegos con Vegeta, pero como éste no sabía jugar, Trunks fácilmente le ganaba. Finalmente desistió.

  • ¡Ay, papá! Eres el guerrero más poderoso, pero eres pésimo jugando videos –se quejó Trunks.

  • ¡Ni falta que me hace! –respondió Vegeta–. Esas tonterías no ayudan en nada, y en vez de jugar a esas cosas, que no te enseñan nada, deberías ponerte a entrenar.

  • Es que es muy aburrido entrenar solo.

  • Entonces, ¿por qué no haces las paces con Goten? –le preguntó Vegeta, a quien se le había ocurrido una idea. (Si este muchacho no da puntadas sin hilo)

  • Porque por su culpa me castigaste.

  • Pero saliste ganando, ¿no?… Además, él es tu mejor amigo y ya se han peleado otras veces. Yo creo que ya no deberías estar enojado –dijo tratando de convencerlo.

  • ¿Tú crees? –preguntó Trunks mirándolo.

  • ¡Claro!, ¿por qué no lo llamas?, pero debe ser como idea tuya.

  • Sí, creo que tienes razón. Eso haré –sonrió Trunks aliviado de no seguir enojado con su amigo.

Por su parte, Goku ya había llegado a su casa y estaba leyendo la carta que le dejara Goten, con una ortografía que dejaba bastante que desear.

“kerido papa;

ya no zoporto bivir en esta kaza, azi que me boi a bivir abenturas como tu quando teniaz mi edad por fabor no me vusquez si yo no estoi todoz ceran mas felises

te kiere tu ijo

Son Goten”

Por lo menos, su nombre lo sabía escribir bien, pensó Goku. Primero pensó teletransportarse directamente donde sintiera el ki de Goten, pero después creyó más conveniente ver qué estaba pasando desde el Templo Sagrado y hasta allá se teletransportó, encontrando a Piccoro observando desde el borde lo que sucedía en la tierra.

  • ¿Ya te diste cuenta que te falta una de tus pertenencias? –le preguntó Piccoro.

  • Sí, ya lo hice. Ponme al corriente –respondió Goku mientras se ponía a observar cómo Goten huía del dinosaurio.

Piccoro le contó lo que estaba sucediendo con Goten y que, según él pensaba, muy pronto lo tendrían con ellos en el templo.

  • ¿Qué piensas hacer? –preguntó Piccoro.

  • Creo que lo mejor es que no intervenga por el momento –dijo Goku muy serio–. Goten ha elegido el camino difícil y ahora tendrá que aprender de sus errores. Si lo ayudo ahora, pensará que siempre será así y volvería a escapar cada vez que tenga un problema.

  • ¿Y entonces?

  • Aún no lo sé –dijo Goku con tono pensativo.

  • Pues yo tengo una idea –le dijo Piccoro.

Quedaron de acuerdo en que Goku se iría hasta que Piccoro le avisara telepáticamente que regresara. Durante ese tiempo, él, Dende y Mr.Popo recibirían a Goten como si nada supieran y le harían la estancia tan difícil, que el niño querría volver a su hogar él solito.

  • Muy bien. Entonces te lo encargo, Piccoro.

  • ¡Ah! ¡Goku! Dime, ¿has estado entrenando bien a Goten?

  • No, aún no. Luego de la pelea con Boo, Milk lo ha alejado un poco de las peleas. ¿Por qué?

  • Porque si es así, creo que recordaré viejos tiempos. Claro, si no te molesta –dijo Piccoro con una significativa sonrisa. (¡Pobre Goten!, no sabe lo que le espera)

  • Me parece muy bien –aceptó Goku entendiendo a la perfección el plan de Piccoro, ya que cuando entrenó a Gohan fue el maestro más terriblemente estricto.

  • Bien… ¡Mira, se dirige hacia acá!

  • En ese caso, me voy. Hasta luego.

Goku volvió a su casa y justo sonó el teléfono. Era Trunks, que quería pedirle que llevara a Goten a la Corporación, porque ya ni él ni su papá estaban enojados con él. Por otro lado, Vegeta estaba planeando que cuando Goku fuera hasta allá a dejar a Goten, le dejaría a las dos bestiecillas para descansar aunque fuera un par de horas.

  • ¿Le dará permiso, entonces?

  • Antes que nada, Trunks, necesito hablar con tu papá. ¿Está ahí Vegeta?

  • Sí, un momento –dijo Trunks y luego se dirigió a su padre–. El Sr. Goku quiere hablar contigo.

“¿Y qué querrá de mí Kakarotto?”, se preguntó Vegeta, tomando el teléfono.

Goku le explicó la situación, desde que Goten estuviera castigado, hasta el momento, y que, de llevarlo a la Corporación, Milk no debería enterarse. Vegeta estuvo de acuerdo en eso y también en recibir las disculpas que el niño debería darle por la travesura que le había hecho.

  • Bien. En ese caso, cuando sea el momento lo llevo para allá.

Y de acuerdo con esto, Goku esperó el llamado de Piccoro.