Capítulo 4: “Mis sentimientos…”


No me da pena confesar que volví cada día de ese mes al mismo sitio, no sé bien si para torturarme o para consolarme, pero estaba ahí puntualmente, esperanzado que llegara y cumpliera su parte del trato, pero cada día era lo mismo: no se presentaba.

Por fin, la última tarde llegaba a su fin. Yo permanecía como siempre sentado sobre la roca frente a la cascada. Arrojaba piedras al agua, que en ocasiones me salpicaba la cara. Eran como los últimos minutos de esperanza. Después de marcharme de ahí, no sabía lo que iba a ser mi vida. Me levanté dispuesto a partir y no volver jamás. El agua ondulante reflejó mi imagen, la imagen de un hombre derrotado. Cerré los ojos y, al abrirlos, una silueta de color azul estaba tras de mí.

–Hola… Krilin –me dijo 18. No parecía la misma de antes. Su gesto inexpresivo estaba borrado de su cara. Sólo un aire de tranquilidad lo envolvía. Llevaba puesto el traje azul que le había regalado hacía un mes exacto y lucía tan hermosa como siempre.

–¿E-estás aquí en verdad? –pregunté titubeante, aguantando las ganas de estrecharla contra mí y comprobarlo por mi cuenta.

–Sólo vine a decirte… que ganaste. Tú tienes la razón, Krilin.

Yo la miré sin entender demasiado sus palabras, pero en su voz y actitud pude apreciar algo diferente. Ya no estaba aquel hermetismo que la caracterizaba.

–No creas que no he estado cada tarde aquí. No me conoces, me gusta cumplir con mis promesas, pero me ocultaba de ti… Tenía miedo…

–¿Miedo? ¿De qué? –le pregunté. En esos momentos parecía tan frágil y desvalida…

–De descubrir que tenía sentimientos… A veces sería mucho más fácil no tenerlos, son muy complicados. No sé por qué, pero a ti no puedo mentirte… Después de todo lo ocurrido con Cell y de que partí de aquel palacio en el cielo, regresé para poder ver de cerca aquel imponente dragón… Luego, tú pediste lo de las bombas… Eso me estremeció, no entendía porqué lo hacías si yo te había tratado tan mal unos minutos antes, y luego recordé las palabras de tu amigo verde: “…después que Cell te expulsó, él te protegió con todas sus fuerzas…”. No sabes lo que significaba para mí tener ese objeto dentro del cuerpo, ¡era como estar recordándome a ese viejo asqueroso! –exclamó apretando los puños con rabia–. Yo estaba muy confundida y no sabía qué hacer, así que me alejé lo más rápido posible. –Guardó silencio por un momento, entendía que era muy difícil para ella hablar de esa manera–. Traté de buscar a #16 y #17, pero no detectaba a 16 y luego 17 estaba muy extraño, me dijo que quería estar solo y se alejó. Creo que mi hermano estaba aun más asustado que yo. Y cuando más confuso me parecía todo, llegas tú de repente proponiéndome un ‘trato’, me traes obsequios y me dices… que me AMAS…

Traté de decirle algo, pero me contuve. Al parecer iba continuar y no quería interrumpirla, sabía que de esa manera podía conocer un poco más de su interior, de sus temores y de su sentir…

–Te observé cada tarde en esta roca, mirando a tu alrededor para ver si yo llegaba. Al principio me parecías un tonto –me sonrió un poco–. Luego admiré tu paciencia, creo que deseaba saber hasta dónde llegabas… En mi mente repasaba esa última mirada que me dirigiste en el templo, parecías tan decepcionado y triste… Y lo conseguiste… Supe que tenía sentimientos. Krilin… –me dijo, levantándose de la roca donde había estado sentada todo este tiempo–. Como te dije antes, no puedo mentirte, no sé si te amo… –Yo bajé la cara, sintiendo un dolor muy fuerte en mi corazón. Otra vez me volvía a pasar–. Pero creo que si… me tienes tanta paciencia como demostraste, podré llegar a amarte algún día, tanto o más de como me amas tú ahora…

Levanté mi cara incrédulo de lo que había escuchado… ¡me daba una oportunidad! Sin poder evitarlo, tomé sus manos, eran tan suaves… Ella no rechazó mi contacto, al contrario, apretó un poco sus dedos sobre los míos y me sonrió…

–Muchacho tan feo… –murmuró mientras nos volvíamos a sentar y mirábamos la cascada en silencio…

 

Quiéreme, porque el tiempo más bonito

es cuando te necesito junto a mí.

Quiéreme, que quererte es mi destino.

Sólo márcame el camino. Quiéreme… Quiéreme.

 

Sonreí al recordar aquellos momentos tan especiales que estarían siempre en mí. Ahora también tomaba su mano y mi paciencia había vuelto a triunfar. Pudimos conocernos, en cuerpo, alma y mente. Sabíamos nuestros temores, frustraciones, alegrías y aunque no había sido fácil, estaba completamente seguro que me amaba tanto como yo a ella. La salada brisa golpeaba nuestros rostros y las olas llegaban muy cerca, a donde estábamos sentados en la arena que rodeaba Kame House.

–¿Qué te ocurre, Krilin? –me preguntó 18, buscando mi perdida mirada–. Te has quedado muy callado de repente.

–¿Ehhh? Ahh, no me pasa nada, sólo pensaba… –le dije en tanto con toda la confianza de esos años juntos la atraje hacia mí y la besé en los labios como infinidad de veces lo había hecho ya. Ella rodeó mi cuello, correspondiendo mi caricia dulcemente… Mas de pronto, nuestro beso fue arruinado por un pelotazo que recibí en la cabeza. Sorprendido, busqué la causa de tal interrupción y una hermosa güerita llegó corriendo hasta nosotros a recoger su juguete. Dejando sus pequeñas huellas marcadas en la arena, se me acercó…

–¿Te dolió mucho, papito? –me preguntó con melodiosa voz y ladeando un poco la cabeza mientras sobaba donde creía haberme golpeado.

–No, no mucho –le contesté mientras la abrazaba y ella me daba un beso en la mejilla. Mi pequeña, se parecía tanto a ella.

Le dediqué mi más significativa mirada a MI MUJER… MI 18 había dado la mayor prueba de su amor hacia mí…

 

F I N