Capítulo 4: “El Muro de los Lamentos”


Desde el día en que Goten fue descubierto por su madre de estar en peligro de reprobar el año, sumado al incidente del tratamiento de belleza que intentó practicar con Vegeta, la semana para él se había transformado en un verdadero infierno. Fue despojado de todos sus privilegios, sus dulces, su postre, la televisión, la radio, etc. Milk le había prohibido salir de su habitación, solamente le era permitido para ir a la escuela o al baño. En cuanto a las comidas, era lo justo y necesario y Milk se la llevaba personalmente para que no dejara un minuto de estudiar. En cualquier momento llegaba para revisar sus tareas o tomarle las lecciones y ¡pobre de él! si no estaba preparado o lo encontraba en otra cosa… ¡¡Uff!! En la escuela era algo similar; todas sus actividades extraprogramáticas fueron canceladas hasta nuevo aviso, como también los recreos, en que debía ir directo a la biblioteca a estudiar y para colmo de males, Trunks no le dirigía la palabra, lo cual era bastante lógico dadas las circunstancias. A Gohan casi no lo veía, pues desde que salía con Videl llegaba más tarde y muchas veces cuando él ya estaba durmiendo.

Goten se sentía el niño más desdichado sobre la Tierra. Luego de esa semana venían dos de vacaciones y él no disfrutaría ni un solo día y nadie sabía hasta cuándo duraría la condena.

A Goku, que era más comprensivo que Milk, se le oprimía el corazón de verlo tan triste. Sabía perfectamente que las acciones de su hijo merecían un castigo, pero que en este caso era un tanto exagerado. Esto no significaba que él nunca fuera severo, porque Goku era mucho más estricto que Milk cuando era necesario. Como sea, el asunto es que él le estaba haciendo más llevadera la sanción. En las mañanas, lo llevaba a la escuela, pero no con la teletransportación como hubiera sido más rápido, sino que en la nube voladora para que el niño se distrajera un poco y tomara algo de aire (ya se estaba viendo pálido por la falta de sol), y de vuelta era la misma historia, lo esperaba a la salida de la escuela para llevarlo a casa.

El resto del día ya lo sabemos y por la noche, luego de la cena, Goku iba al cuarto del pequeño a retirar la bandeja y avisarle que se preparara para dormir, claro que en su bolsillo siempre le llevaba algo escondido de Milk, de preferencia su fruta favorita o, si lo veía muy triste, un caramelo. Después, y mientras Milk limpiaba la cocina, nuevamente volvía con Goten para darle las buenas noches, se sentaba al borde de su cama y como no sabía cuentos, le contaba historias de su propia vida, de las muchas aventuras que de niño había pasado solo y junto a sus amigos, hasta que el pequeño se dormía.

Así pasaban los días cuando, en uno de ellos, Bulma y Goku se encontraron en la Kame House. Bulma sabía las consecuencias que Goten estaba sufriendo y, al igual que Goku, pensó que era un poco exagerada la actitud de Milk, así que se le ocurrió una idea y se la participó a quien era como su hermano.

  • Pienso irme unos días a la playa y estar con mis papás ahora que Vegeta se va a encargar de Trunks. ¿Qué te parece si me la llevo conmigo? De ese modo, Goten podrá tener un respiro y a Milk le hará bien. Le hace falta salir un poco y distraerse.
  • A mí me parece bien –le dijo Goku–, pero dudo que la puedas convencer, ya la conoces.
  • ¡¡¡Pero tú me ayudarás a convencerla!!! –le ordenó Bulma golpeando la mesa al tiempo que se paraba, quedando sobre la cabeza de Goku.
  • ¡Está bien!, ¡está bien! –exclamó Goku como siempre que Bulma lo reprendía.

Así, pues, entre los dos estuvieron trabajándose a Milk para convencerla de lo bien que le harían unas vacaciones. En un principio estaba completamente reacia, no acostumbraba dejar su casa y menos en este momento que tenía tan vigilado a Goten, pero la insistencia de ambos fue dando resultados; Bulma la llamaba o pasaba a verla y Goku le insinuaba a cada momento que se veía cansada y decaída, tanto así que Milk comenzó a pensar que tal vez sí necesitaba un descanso, pero ¿y Goten? Goku le prometió solemnemente cuidar que estudiara e hiciera sus tareas, pero no prometió nada más. El caso es que finalmente la convencieron y, ese sábado por la noche, Bulma pasó por ella. Milk no paraba de dar todos los consejos del caso a Goku y a Gohan, que no se olvidaran de esto, de aquello y de lo otro.

  • ¡Ya vámonos, Milk, o nunca nos iremos y menos llegaremos! ¡Adiós, Goku, Gohan! –se despidió Bulma arrastrando de un brazo a Milk y haciendo adiós con la otra mano.
  • ¡Adiós, pásenlo bien! –se despidió Goku.
  • ¡Hasta pronto, mamá, y no te preocupes por nada! –le dijo Gohan.

Como ya era tarde, Goten estaba en su cama, pero aún no se había dormido y estaba teniendo los pensamientos más tristes; su mamá se había ido y apenas sí se había despedido –”¡Ya no me quiere! ¡Ya nadie me quiere!”– pensaba Goten. Parecía que el único era su papá. En eso entró Goku con un chocolate que le había traído Bulma.

  • No quiero, gracias –rehusó Goten con una voz apenas audible.

¡Eso sí que era grave! Goten rechazando golosinas, ¡¡IMPOSIBLE!!

  • ¡A ver, a ver! –dijo Goku sentándose en la cama–. Ése no es el Goten que conozco. ¿Qué pasa?
  • Nada –respondió Goten evitando su mirada y con los ojos llenos de lágrimas, pero sin derramar ninguna.

Goku posó su mano sobre la cabeza de su hijo.

  • Ya sé que ha sido una semana muy difícil para ti, Goten, y que pareciera que esto no terminara nunca, pero te aseguro que las cosas van a mejorar.
  • Sí, claro –dijo Goten nada convencido.

Goku tenía planes para realizar con su hijo; al día siguiente quería llevarlo de paseo luego de que Gohan lo llevara a vacunar, porque de preferencia él no pisaba el hospital. También quería enseñarle nuevas técnicas de combate y después de que estudiara jugarían el resto de la tarde. Pero como de costumbre, no revelaría sus planes hasta después… ¡mala costumbre!

  • ¿No me crees?

Goten se encogió de hombros.

  • Ya verás que no te miento… y ahora, ¡arriba ese ánimo, que la vida es muy bonita para estar con esa cara!

Pero Goten seguía con cara de funeral que parecía imposible de cambiar.

  • Así que no quieres reírte, ¿eh? –dijo Goku con expresión traviesa.
  • No y no hay nada que puedas hacer al respecto –dijo Goten muy convencido.
  • ¿Estás seguro? –preguntó Goku en el mismo tono juguetón, los ojos brillantes y una gran sonrisa.

Goten lo miró con extrañeza. ¿Qué podría hacer?

  • ¡Cosquillitas!, ¡cosquillitas! –empezó Goku uniendo el dicho al hecho.

¡¡¡¡¡¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA…!!!!!!

Esa noche, Gohan comenzó a preparar exámenes para vuelta de vacaciones, y como en las tardes se dedicaba a Videl, pues en las noches se dedicaría a estudiar, de modo que Goku se llevó a Goten a dormir con él para que Gohan pudiera concentrarse. Como todas esas noches, Goku le siguió contando más de sus aventuras, lógicamente sin mencionar aquellas donde aparecían sus actuales amigos como antiguos enemigos.

  • ¿Y dices que vivías solo?
  • Sí, pero también viví con el maestro Roshi en Kame House y también unos años en el Templo Sagrado para entrenar, ¿recuerdas que te lo conté?
  • Sí, verdad. Oye, ¿y es difícil vivir solo?
  • A veces sí, pero estaba acostumbrado. Tuve que cuidarme solo cuando mi abuelito murió, no tuve otra opción.
  • Cuéntame más –le pidió Goten, abrazándose más a él.
  • Déjame ver… Mmm…… Bueno, también hubo una vez que…

Goku siguió sus relatos hasta que el niño se durmió. Al día siguiente se levantó muy temprano, pero dejó que Goten siguiera durmiendo. Ese día, Gohan quedó de juntarse con Videl y luego ir a una exhibición de artes marciales de Mr.Satán, por esa razón no tendría tiempo de llevar a Goten al hospital, así que Goku se estaba resignando a la idea de llevarlo él mismo.

  • ¡Ah! y papá, por lo que más quieras, ve a rescatarme temprano. Si fuera por mí, no iría a esa famosa exhibición, pero se lo prometí a Videl. Además, de vuelta quiero pasar a visitar al Sr.Piccoro y a los demás.
  • Está bien, me llevaré a Goten e iremos todos juntos al Templo Sagrado.
  • ¡Estupendo, papá! Bueno, ahora me voy o llegaré tarde y Videl se enojará conmigo.

Gohan se fue y Goku, luego del desayuno, salió a entrenar y a buscar un gran pescado para el almuerzo dejándole una nota a Goten, quien dormía plácidamente.

En tanto, Trunks había despertado tan fresco como una lechuga y aún estaba en brazos de su cansado, extenuado, desfallecido, fatigado, rendido, exhausto y pobre, pobre, pobrecito padre que no tenía idea de todo lo que le esperaba todavía. (Si cuando termine este fic, Vegeta aún no ha cometido un saiyajinicidio con su… pequeñín, es que habrá que levantarle un monumento al mejor padre de todos los tiempos)

Trunks quiso bajarse de la cama despacio para no molestarlo, pero Vegeta, por cansado que estuviera, estaba alerta y despertó.

  • ¿Adónde crees que vas? –le preguntó a Trunks, reteniéndolo.
  • Ya me siento bien y quiero levantarme para…
  • ¡Nada de eso!, todavía es temprano y está fresco. No quiero que recaigas, así que te quedas aquí hasta que te lo ordene.
  • Pero si ya estoy bien y se supone que puedo hacer lo que quiera, ¿o ya lo olvidaste?

“¡¡¡¡GRRRRRR…… NIÑOS!!!!”

  • Escúchame bien –le advirtió Vegeta–. O me haces caso y más tarde te levantas y haces lo que quieras, o te olvidas de todo el cuento.

A Trunks no le quedó otra posibilidad que aceptar y resignarse a ver las caricaturas de la mañana junto a su padre, que se puso a dormitar.

Lo cierto era que Vegeta lo quiso mantener en la cama, no tanto por la recaída, no creía que pudiera suceder. Más bien era porque él necesitaba descansar un poco más y quería asegurarse que su… criaturita de Dios, que era bastante propensa a meterse en problemas, sobre todo últimamente, no fuera a cometer ningún desastre mientras él dormía.