Capítulo 3: “Nuevas parejas”


Vegeta sacó del refrigerador una fuente con cerezas y empezó a jugar. Las arrojaba al aire y las atrapaba con la boca.

Bulma trató de concentrarse en la receta que leía, pero Vegeta la distraía, así que se dedicó a observarlo. No fallaba en atrapar ninguna cereza. No se resistió más y le dijo sonriendo irónicamente:

BL: ¿Sabes, Vegeta? Si pusieras una pelota en tu nariz, podrías trabajar de foca en un circo.

VG: Sólo si tuviera tus bigotes –contestó sin dejar de jugar.

BL: Tus padres no te enseñaron buenos modales, ¿verdad?

VG: No pasé mucho tiempo con ellos. Creo que nunca estuvieron conformes conmigo –dijo tirando a la basura las semillas de las cerezas que se había comido y dejando para lavar la fuente.

BL: ¿Ellos querían un hombrecito? –Vegeta miró a Bulma y su respuesta no tardó.

VG: ¿Sabes? Me da lástima tu sostén. Debe estar aburrido de llevar una vida tan vacía.

BL: Por lo menos yo las he visto –sonrió.

VG: Fin de la conversación –dijo mirándola fijamente y luego salió de la cocina.


Comenzó a abrir los ojos lentamente. La habitación estaba iluminada por la luz del atardecer que entraba por el gran ventanal. La suave brisa de primavera lo despertó por completo. No sabía cómo había llegado allí, sólo recordaba lo acontecido en el desierto, y luego todo se obscureció. Quiso levantarse, pero el fuerte dolor que sentía lo obligó a recostarse nuevamente. Luego giró la cabeza hacia su izquierda y la vio.

Parecía un ángel. Ojos verdes color manzana muy brillantes, pelo castaño un poco ondulado hasta los hombros, un corto vestido blanco que dejaba apreciar su hermosa silueta. Y su sonrisa…

???: Fue una larga siesta.

Vegeta sólo se quedó allí, mirándola. Trataba de poner en orden sus pensamientos. El dolor era intenso, pero más fuerte era un dolor que tenía en el pecho y que le hacía difícil respirar.

???: Me llamo Meredith, ¿y tú?

VG: …

MD: No hablas mucho, ¿verdad? Creo que debes querer descansar. Si necesitas cualquier cosa, me avisas –dijo sonriendo mientras salía de la habitación.

Lo que menos quería Vegeta en ese momento era entablar conversación con alguien. Se sentía pésimo, no sólo físicamente. Se sentía muy cansado como para darse cuenta de donde estaba. No pasó mucho tiempo antes de que volviera a conciliar el sueño, pero no durmió mucho, ya que el dolor de sus heridas lo despertó.

Le dolía todo el cuerpo en general, pero su pierna derecha le dolía como si se la estuvieran arrancando. Trató de moverla, pero sólo se intensificó el dolor. En eso estaba cuando Meredith entró a la habitación con una bandeja con comida.

MD: ¡Vaya! Veo que ya despertaste. Aquí te traje comida y algo para el dolor. No es nada grave lo que tienes, pero debes descansar –dijo colocando la bandeja sobre la mesita de noche.

Vegeta recordaba esas palabras y lo que menos quería era recordar.

MD: ¿Quieres ver algo de televisión? –dijo encendiéndola con el control remoto–. ¿Qué canal quieres ver?

VG: Me da igual… –respondió al fin, aunque por inercia y tratando de incorporarse en la cama.

MD: A ver, deja que te ayude –lo sujetó de un brazo y colocó unas almohadas bajo su espalda para que quedara semisentado–. ¿Estás cómodo? –Vegeta asintió–. Déjame revisar el vendaje de tu pierna –dijo echando hacia atrás las cobijas de la cama.

Vegeta notó que sólo estaba cubierto por su ropa interior, pero pronto sus pensamientos fueron ocupados por los recuerdos. No era la primera vez que pasaba por una situación así.

Meredith comenzó a deshacer cuidadosamente el vendaje y a medida que quitaba las vendas, éstas aparecían empapadas de sangre.

MD: No es muy grande la herida, pero no deja de sangrar –dijo colocando sobre ella gasas y algodones, ejerciendo ligera presión para estancar la sangre–. Creo que esto va a dolerte un poco, pero es necesario.

Tomó el desinfectante y empapó unas gasas en él. Luego las colocó sobre la herida haciendo que todo el cuerpo de Vegeta se tensara.

VG: ¡Ah! –emitió un quejido que no pudo reprimir y apretó los dientes.

MD: Lo siento –dijo quitando la gasa y comenzó a limpiar los bordes de la herida.

Cuando terminó, le hizo un nuevo vendaje y volvió a cubrirlo con las mantas de la cama.

VG: Gracias… –murmuró.

MD: No es nada –dijo dulcemente–. Sólo recupérate pronto y no muevas mucho la pierna para que deje de sangrar, porque si no, va a parecer el cuento de nunca acabar –sonrió.

Vegeta no pudo evitar sonreír levemente. La observó unos momentos. Tenía unos hermosos ojos, pero una profunda tristeza se percibía en su mirada.

MD: Bueno, ahora me voy. Necesito darme un baño y descansar ahora que ya estás mejor. Si necesitas algo, sólo me avisas. Y no olvides cenar –dijo cerrando la puerta al salir.

Vegeta alcanzó la bandeja que había traído Meredith y se tomó el remedio para el dolor. Luego probó un poco de la comida. Sabía bien, pero le faltaba ese no se qué que le daba “ella” a todo.

VG: ¡Rayos! Se supone que no debo pensar en ella –pensó mientras se comía sin muchas ganas lo que contenía el plato. Luego se quedó viendo un poco de televisión, hasta que de pronto–. ¡Pero qué estoy haciendo! ¿Yo, viendo televisión? –se regañó a sí mismo en un arranque de compostura.

Alcanzó el control remoto y apagó el televisor. Se acomodó en la cama y se quedó ahí, mirando la pared, sin querer pensar en nada. De pronto su vista se fijó en unas fotografías enmarcadas que habían en la pared. No sabía mucho de fotos, pero le parecieron agradables. Eran paisajes de diversos tipos, pero en todos destacaba la presencia de agua, ya sea mares, ríos, lagos, cascadas e incluso lluvia. Uno de esos paisajes llamó su atención. Le recordó aquel día…

VG: …Yo te amo –sonó su propia voz en su mente.

Cerró los ojos y suspiró. El dolor comenzaba a aplacarse, pero esa presión en su pecho parecía no tener fin.

VG: Bulma… –susurró justo antes de dormirse.