Capítulo 2: “Borrón y Cuenta Nueva”

A Trunks le pareció extraño que entraran a ese lugar. Que él supiera, no había ningún conocido enfermo. Pensó que tal vez iban a recoger algún examen de uno de sus padres o de sus abuelos. Se quedó observando en el pasillo el trajín de las enfermeras y médicos mientras Vegeta hablaba con la recepcionista. No le gustaba nada ese lugar, quería irse luego, el olor a medicamentos lo hacía sentir mal y los pacientes que ingresaban de emergencia, algunos en muy mal estado, lo ponían nervioso.

Caminaron por unos pasillos, bajaron escaleras y llegaron a la sección de pediatría, donde habían varios padres y madres con sus niños. Nuevamente Vegeta se acercó a una recepcionista que tomó unos datos y le dijo que esperaran.

  • ¿Por qué estamos aquí? –preguntó Trunks, que ya se estaba empezando a preocupar.
  • Pronto nos iremos.

Ésa fue toda la respuesta que consiguió. Como no sabía cuánto tiempo tendrían que estar allí, se sentó en una banca, moviendo los pies muy inquieto. De una sala, una enfermera se asomó nombrando una persona y una señora entró con su hijo. Así, rápidamente fueron entrando y saliendo varios. Lo que a Trunks no le gustó nada es que muchos de ellos salían llorando. Luego le tocó el turno a él.

  • ¡Pero si yo no estoy enfermo! –protestó Trunks.
  • Precisamente por eso estamos aquí, para que no lo estés.

Vegeta entró delante de Trunks y cruzó unas palabras con la enfermera, luego tomó a su hijo y lo sentó en una camilla ordenándole que se quitara el polerón. Trunks no entendía nada y tampoco podía ver nada, porque Vegeta se había puesto en tal posición que le impedía ver lo que estaba preparando la enfermera.

  • Papá, ¿qué me van a hacer? –preguntó asustado.

En ese momento la enfermera se acercó con lo que para Trunks era una TREMENDA AGUJA y Trunks abrió también TREMENDOS ojos.

  • Ni se te ocurra hacer escándalo –le advirtió Vegeta.

A Trunks no se le hubiera ocurrido hacerlo, sobre todo delante de su padre. No quería que pensara que era un completo cobarde aunque por dentro se estuviera muriendo de miedo. Lo que no pudo reprimir fue cogerle la mano para darse ánimo y Vegeta no la retiró por mucho que el niño la estrujara. Afortunadamente el proceso fue rápido y le dolió menos de lo que esperaba.

  • Toma, pequeño –le dijo la enfermera entregándole una paleta de dulce–. Esto es por ser tan buen niño y no quejarte.

“Tremendo consuelo”, pensó molesto Trunks.

Más tarde, llegaron al parque y Trunks, que había salido bastante triste del hospital y sin decir ni media palabra en el camino, se alegró un poco más.

Subieron a todos los juegos, pero el que repitieron más veces fue una inmensa montaña rusa que viraba en todas direcciones dejando muchas veces los carros boca abajo, al igual que otro juego que parecía un pulpo y que a medida que daba vueltas, los compartimientos se giraban para todos lados y tenía a Vegeta completamente mareado.

Después de haberse subido a cada uno sus cincuenta veces, Vegeta sugirió a Trunks que descansaran un rato, por no decirle que necesitaba que se le encajara bien el estómago. Luchar era una cosa, pero estar dándose vueltas por horas era otra bien distinta.

  • ¿Por qué no vas a comprarte algo o a jugar en ésas… ¿cómo se llaman?… ¿máquinas de video? Mientras tanto yo te espero aquí –le dijo Vegeta pasándole algunas monedas y sentándose en una banca.
  • ¿Te sientes bien?, te ves un poco pálido.
  • Sí. Anda, ve… ¡Ah! ¡Y no te metas en problemas!

Trunks dio vueltas por el parque en busca de algo interesante, pero lo cierto es que era muy aburrido jugar solo. De verdad era una lástima que estuviese enojado con Goten. Se gastó casi todo el dinero en videojuegos y después compró varios globos sólo para después soltarlos e ir reventándolos uno a uno con pequeños rayos de energía mientras surcaban el cielo (si leyeron “El león no es como lo pintan”, verán que es de familia). Esta actividad lo sacó un poco de su aburrimiento, pero duró poco. Cerca de donde estaba había un carro donde se vendía algodón de dulce y allí fue a comprar, luego se alejó, pero en el camino se le ocurrió que a lo mejor a su papá también le agradaría comer uno y se devolvió para comprarlo. Casi llegando al carro, una puerta semiescondida entre los autos locos y el tiro al blanco llamó su atención; tenía un cartel que decía “ACCESO SÓLO PERSONAL AUTORIZADO”. Una sonrisa se dibujó en el rostro del pequeño. “¿Qué habrá ahí?”. Disimuladamente se escabulló hasta adentro. No era un lugar demasiado grande, pero estaba lleno de palancas y botones, algunos de colores. “¡Qué extraño! ¿Será una computadora?”. Se quedó observando un momento y luego comenzó a probar qué pasaba si movía tal palanca o presionaba tal botón. “¡Qué aburrido, no pasa nada! A ver, ¿y si muevo esto y bajo esta palanca?… ¿nada? ¡Bah!, mejor me voy, aquí no hay nada interesante”. Abrió la puerta para salir y se encontró de frente con un guardia que, debido a la carrera hecha hasta ahí, estaba jadeando.

  • ¡Así… que… fuiste tú! –exclamó recuperando un poco el aliento.
  • ¿Yo? –”¿Y yo que hice si sólo estuve aquí?”

Lo que él no sabía, es que había estado jugando con los controles que manejaban todo el parque y que por su entretenimiento había dejado un soberano desastre. Muchos juegos se habían vuelto locos, la montaña rusa había quedado parada en una de las vueltas que dejaba a todo el público colgando de cabeza, la casa del terror que de por sí era oscura tenía a mucha gente atrapada en su interior provocando gran pánico, las tasas voladoras habían aumentado su velocidad y dos de ellas salieron disparadas… Por suerte Vegeta estaba cerca y pudo evitar que se estrellaran contra la rueda de la fortuna, evitando así una desgracia mayor. Algunas máquinas se sobrecargaron de corriente y los controles de algunos juegos explotaron, así como también las luces que adornaban todo el parque. La gente corría desesperada, el carrusel giraba a gran velocidad con niños arriba y madres que suplicaban auxilio y que también fueron auxiliados por Vegeta, como a tanta otra gente a quienes ayudó.

De pronto el parque se detuvo por completo y el pánico general cedió por fin. La gente comenzó a buscar a sus familiares, la guardia civil se encargó de ver si había heridos y Vegeta por su lado se dedicó a buscar a Trunks sin ningún éxito. “¿Dónde se habrá metido este niño?”, se preguntaba preocupado. La respuesta llegó a través de los altoparlantes: “Se solicita que el señor Vegeta se acerque a la cabina de guardias”. Un extraño presentimiento se apoderó del saiyajin y rápidamente llegó al lugar donde era requerido. Cuando entró a la cabina se encontró a Trunks sentado en una silla, todo compungido y rodeado de guardias.

  • Disculpe, señor. ¿Esta criaturita le pertenece? –le preguntó el encargado, indicando al malhechor.
  • Es mi hijo –respondió Vegeta mirando fíjamente a Trunks con cara de “espero que no sea lo que estoy pensando”… ¡Era!

Le explicaron la situación y solicitaron todos sus datos, ya que la Corporación tendría que hacerse cargo por todos los daños.

  • Una última cosa, señor. Si yo fuera usted mantendría a este diablillo fuera de circulación por un largo tiempo, algo así como encerrarlo en una celda de máxima seguridad, bajo siete llaves y tirarlas al fondo del mar.

No era una mala idea, para nada. A medida que salían del parque, Vegeta recordaba que durante su vida de mercenario había aprendido miles de técnicas de tortura que había practicado a sus víctimas y que en este momento hubiera deseado aplicar más de alguna a su hijo y a su vez pensaba tratando de calmarse “es mi hijo, mi heredero, sangre de mi sangre… 994, 995… ¡Pero qué ganas tenía de descuerar a su vástago!. Él, que había destruido planetas, arrasado galaxias completas, nunca en su vida había sido tan, pero tan… ¡¡¡Grrrr!!!, ni causado tantas dificultades, ni tenido tales ocurrencias… 996, 997, 998… ¡esto no está funcionando!… 999… ¡¿Cómo lo hará su madre?!

Mientras tanto, Trunks caminaba a prudente distancia de su padre mirándolo de reojo por si las dudas.

  • Lo siento mucho, papá –se animó a decirle.
  • ¿Lo sientes? –se detuvo Vegeta mirándolo indudablemente molesto–. ¿¿Dices que lo sientes?? ¡¿¿PERO EN QUÉ ESTABAS PENSANDO??!
  • Papá, tu promesa.
  • ¿¿MI QUÉ?? ¡¡AGRADECE QUE NO CANCELE TODAS MIS PROMESAS Y TE ARRANQUE LAS OREJAS AHORA MISMO!! ¿¿Qué es lo que te está pasando, Trunks?? ¿¿Es que no te puedo dejar un condenado minuto para que tú corras a meterte en problemas?? ¿¿Tienes idea de las consecuencias que…??

Vegeta regañó bastante a Trunks. No podía evitarlo, no era posible que cada vez que le daba la espalda él hiciera de las suyas con o sin intención. Trunks estaba cabizbajo, totalmente consciente de que su padre tenía toda la razón y también el derecho de estar enojado y pensó que hasta ahí había llegado el paseo, aunque en esto se equivocaba, el paseo no sería cancelado, pero Vegeta no podía dejar pasar así nada más aquel incidente. Por otro lado, Trunks estaba muy apenado, pues no quería que su padre se avergonzara de él sino todo lo contrario, quería ser un ejemplo de buen hijo sobre todo siéndolo de un príncipe, sólo que a veces las cosas no resultaban como él esperaba. Así pues, se propuso firmemente no causarle más disgustos, aunque fuera por el resto del día.

  • Papá, tienes mucha razón. De veras lo siento. Te prometo que intentaré no causarte más dificultades y si quieres que nos vayamos a casa, yo lo entiendo.

Vegeta sabía que su hijo era realmente sincero por lo que le dio una nueva oportunidad. Quedaron de acuerdo en olvidar lo sucedido, empezar de cero nuevamente si Trunks se portaba bien y, hecho el acuerdo, siguieron su camino.

Ya eran alrededor de las siete de la tarde. A los dos les había bajado toda el hambre y se dirigieron a una de esas cadenas de comida rápida que había en un Mall.

  • ¿Qué quieres comer?

Trunks tomó la carta y la leyó entera a excepción de los precios, por supuesto.

  • Yo quiero todo esto –dijo mostrándole el menú completo.
  • Muy bien. ¡Camarero!… Traiga dos órdenes de esta carta, y si necesitamos más, le aviso luego.
  • ¿Está bromeando, señor?
  • Yo no bromeo –dijo Vegeta con una mirada que no dejaba lugar a dudas, o sea ésa que cala los huesos–. Trae lo que te ordené y ¡¡rápido!!, si no quieres que te convierta en parte del menú también.
  • Sí, sí, señor –respondió el muchacho todo tembloroso.

El camarero no se demoró nada en traer las órdenes y rogaba al cielo que no demoraran en irse. Tuvo suerte; con el apetito que tenían fue cuestión de segundos para que todo lo que había en los platos desapareciera como por encanto y se retiraran.

Siguieron recorriendo la ciudad hasta que llegaron a una gran tienda de juguetes que se estaba inaugurando, los ojitos de Trunks brillaron, debía haber miles de juguetes muy bonitos en ese lugar. Él tenía muchos en casa aunque aún así era muy divertido tener otros nuevos y sobre todo si compartía ese momento con su papá.

  • ¿Quieres entrar? –le preguntó Vegeta
  • ¡¡Sí, sí quiero, papá!! ¿Podemos? –saltaba Trunks con ilusión.

Entraron y el lugar estaba atestado, apenas podían moverse adentro. Vegeta fue empujado, pisado, estrujado y hasta algunas frescas… bueno, ustedes se imaginarán. Y a Trunks, por su parte, le costaba trabajo respirar tratando de moverse entre las piernas de la gente hasta que llegaron a un pasillo menos congestionado para descansar un poco y seguir adelante.

Compraron toda clase de juguetes y Vegeta salió cargando cajas hasta más arriba de la punta del cabello. Luego ordenó a Trunks que sacara de su bolsillo la cápsula y la accionara, transformándola nuevamente en el convertible.

  • Bien, Trunks, ya es hora de volver a casa, recuerda que tu mamá sale de viaje esta noche.
  • ¡Es cierto! Entonces apurémonos para poder despedirnos.

Ya era de noche cuando abandonaron la ciudad con rumbo a la Corporación y Vegeta llamó a Bulma para que no se fuera antes que llegaran.

  • ¿Sabes, papá? Estoy muy contento –dijo Trunks acomodándose en el asiento.

Vegeta miró a su hijo con cara de pregunta.

  • Sí, porque Kami Sama escuchó mis ruegos y me concedió este día y los que vendrán. Yo le pedí varias cosas y entremedio que tú tendrías paciencia y lo pasaras conmigo unos días. Es mejor que cualquier deseo de Shen Long, ¿no crees?
  • Sí, claro –respondió Vegeta, pensando “Así que Kami Sama… Conque ésas eran las inspiraciones que sentí cuando hice las promesas… ¡Ese gusano verde me las va a pagar!”

  • ¡¡AT-CHIS!!
  • ¿Y a ti qué te pasa? –le preguntó Piccoro a Dende.
  • No sé, tal vez una corriente de aire.

En el auto, Trunks fue abriendo algunas de sus nuevas adquisiciones y se puso a jugar con un videojuego personal hasta que se aburrió y le empezó a dar sueño.

  • ¿Falta mucho? –preguntó refregándose los ojos y bostezando.
  • Más de la mitad.

Eso era bastante camino por recorrer, y el pequeño comenzó a cabecear hasta que se durmió completamente, quedando como un ovillo acurrucado muy cerca de su padre. Al observarlo, Vegeta pensaba qué tranquilo e inofensivo se veía su niño cuando estaba durmiendo, sobre todo si lo comparaba con mismo niño cuando estaba despierto… ¡¡¡¡Brrrr!!!!

Comenzó a refrescar y Trunks se acurrucaba más y más cerca de él, por lo que Vegeta comprendió que tenía frío y bajó el capote del auto.

Todo iba bien hasta que pasaron la mitad del camino y el auto se detuvo; el motor había fallado y no era posible hacer nada por el momento. Vegeta buscó en uno de sus bolsillos cápsulas de repuesto, pero éstas se habían caído al subir a la montaña rusa. ¡Qué genial! ¡Qué fantástico! ¡No cabía en sí de la felicidad!

  • ¡Trunks! ¡Trunks, despierta! –lo remeció Vegeta.
  • ¿Qué pasa? –preguntó el niño, suspirando adormilado.
  • Tendremos que irnos volando porque esta cosa se descompuso.

Convirtieron nuevamente el auto en cápsula con todos los juguetes y se elevaron. Vegeta iba bastante rápido, pero Trunks se estaba quedando atrás y perdiendo altura.

  • ¡Trunks, apúrate! –le ordenó Vegeta.
  • Sí, papá, ya voy.

Pero Trunks estaba muy cansado y algo decaído, por lo que no podía avanzar mucho y prácticamente se estaba quedando dormido en el aire, perdiendo cada vez más altura. Al verlo, Vegeta pensó que a ese ritmo o se iría a pique si se quedaba dormido o simplemente llegarían al día siguiente, así que optó por lo más sano y se devolvió hasta donde el niño, lo tomó en brazos y voló rápidamente hacia la Corporación. Cuando llegaron, Bulma estaba terminando de arreglar algunos asuntos del laboratorio.

  • ¿Qué le pasa a Trunks? –le preguntó preocupada a Vegeta al ver que lo traía en brazos.
  • Sólo está dormido.
  • Pobrecito, debe estar cansado. Y ¿cómo les fue?
  • Ésa es una larga historia.
  • Entonces me la cuentas después, ahora tengo que terminar esto y luego llamar a Milk para que esté lista cuando la pase a buscar.

Vegeta dejó a Trunks en la cama después de sacar un montón de juguetes que el muy desordenado había tirado ahí; en eso era idéntico a su madre en esos días en que empezó a conocerla cuando él recién llegó a vivir a la Corporación. Luego se fue a dar un baño de agua tibia con una bolsa de hielo en la cabeza, un par de aspirinas y una música suave, lo más suave posible, con la intención de acostarse muy temprano y dormir lo más posible para poder seguir batallando al día siguiente.