Capítulo 1: “Una mágica aparición”

Corría un día como cualquier otro en la Tierra. Eran tiempos de paz y todos los seres vivos lo disfrutaban, ya que la amenaza de Cell había sido destruida gracias a los guerreros Z. Todos decían que había sido por obra y gracia de Kamisama (aparte de las fanfarronadas de Mr.Satán, que se autonombró el salvador de la Tierra). En parte así lo era, ya que gracias al pequeño namek Dende, que se había convertido en el nuevo Kamisama, las esferas del dragón existían de nuevo. Gracias a eso, la mayoría de los habitantes regresaron a la vida y todos estaban felices… Bueno, casi todos…

Templo Sagrado…

  • “¡¡Cuántas veces más voy a tener que explicártelo, Dende!!” –gritó el guerrero namek, bastante molesto.
  • “Lo… lo siento mucho, señor Piccoro… lo que pasa es que…” –se disculpó Dende, bastante apenado.
  • “¡¡Lo que pasa es que nada!!”… –lo interrumpió– “¡Ya llevas una semana de ser Kamisama y todavía no sabes hacer bien las cosas por más que te las digo!…”
  • “En verdad lo siento… pero esto es muy nuevo para mí todavía. Hay tantas cosas por aprender y siento que no podré con todo…” –respondió tímidamente.
  • “Sabías perfectamente lo que significaba ser Kamisama, no es nada fácil… ¡¡En todo caso, mejor te hubieras quedado en Namekusei!!” –dijo duramente, palabras que hirieron al pequeño.
  • “Creo… creo que tiene razón, señor Piccoro…” –bajó la cabeza– “No soy apto para esto… será mejor que otro ocupe mi lugar…”
  • “¡¡NO DIGAS ESTUPIDECES!!” –le llamó la atención– “¡¡Te estás dando por vencido antes de empezar y eso no lo voy a tolerar de ninguna manera!!”

Dende bajó la cabeza tristemente, se sentía apenado por todo lo que pasaba… Era cierto que estaba aprendiendo a hacer las cosas y esto le resultaba extraño. Estaba a punto de llorar, cuando sintió unas manos en sus hombros…

  • “Escucha, Dende… Tienes grandes habilidades y pude darme cuenta de eso cuando reviviste las esferas del dragón. Sé que esto te resulta difícil ahora, pero con el tiempo serás un buen Kamisama… y para eso debes prepararte bien… ¿lo has entendido?” –preguntó mirando al pequeño a los ojos.
  • “Sí, señor Piccoro. Lo intentaré…” –respondió secándose las lágrimas.
  • “Bien… ahora debo irme. Regresaré en un par de horas, más o menos” –dijo el guerrero dándose la vuelta (no me pregunten a dónde va…)
  • “Pe… pero… ¿qué voy a hacer si no está usted para cumplir mi labor?…” –corrió hacia Piccoro, en tanto que éste se detuvo…
  • “No tienes que depender de mí para hacer las cosas, sólo utiliza tu criterio… En todo caso, podrás acudir a Mr.Popo cada vez que lo necesites… Recuerda que él está a tu servicio… ¡Adiós!” –y levantando vuelo, bajó con dirección a tierra.

Dende contempló la estela dejada por Piccoro y suspiró… su labor como Kamisama apenas había empezado. Rato después se encontraba en el interior del templo revisando algunas cosas que le correspondían saber como nuevo guardián de la Tierra. Habían muchos lugares que no conocía o que todavía no se atrevía a revisar (esto era lo más probable) y la mayoría de las labores las hacía Mr.Popo, aunque estas básicamente eran limpieza y mantenimiento del templo. Dende entró a una especie de biblioteca, pero tenía dos niveles… en las paredes laterales habían como seis repisas de libros con un varandal, y en la parte de abajo, a modo de sótano, había toda serie de cosas y artefactos raros, aunque más parecían antiguedades, como muebles y extraños espejos. El pequeño namek descendió por unas escaleras y se acercó con curiosidad a los objetos y fijó su vista en un empolvado baúl. Como todo niño, la curiosidad le picó y puso sus manos sobre él…

  • “Kamisamas, no toque eso…” –escuchó una voz a sus espaldas. Era Mr.Popo que, por coincidencia, estaba haciendo algo de limpieza en ese salón… y sin querer hizo que Dende se asustara. Al ver que era su sirviente, se tranquilizó…
  • “¿Por qué?…¿qué es lo que tiene?” –preguntó cuando se hubo calmado.
  • “Son cosas muy importantes que pertenecieron a Kamisamas anteriores a usted… y que no le recomiendos manipular…” –dijo mientras regresaba a sus quehaceres.
  • “Sólo trataba de conocer todos los secretos de este lugar… Se supone que estoy aprendiendo a ser Kamisama… bueno, eso fue lo que me dijo el señor Piccoro” –dijo.
  • “Todo a su tiempo, joven Kamisamas…” –respondió con una sonrisa– “Buenos, lo dejaré solos… pero tenga cuidados con lo que hace…” –y terminando de decirlo, salió por la puerta.

Sin saber qué más hacer, Dende se dirigió a los estantes, tomando de ellos una buena cantidad de libros de la historia de la Tierra, como la de los antiguos Kamisamas y sus obligaciones, y sentándose en un escritorio finamente labrado en madera, comenzó a estudiar, mientras el reloj de arena marcaba el tiempo…

Luego de estar así una hora, Dende terminó por aburrirse. Todo este asunto le parecía muy complicado y, sin un buen asesoramiento, le resultaría muy difícil adaptarse. Es cierto que Mr.Popo era muy amable y solícito para estas cosas, pero le faltaban algunas cosas que sólo quien hubiera sido anteriormente Kamisama lo sabría y el único cercano era Piccoro, pero siempre lo incitaba a aprender solo las cosas… Piccoro era todo un maestro estricto; demasiado, diría. Sin ánimo de hacer nada más, Dende tomó el libro que estaba leyendo y volvió a pasearse entre los extraños objetos, deteniéndose en un enorme espejo hermosamente diseñado…

  • “Aquí dice…” –comenzó a leer– “Éste es el famoso ‘espejo de los sueños‘, donde los Kamisamas podían ver los sueños e ilusiones de los terrícolas y ver como cumplirlos… Vaya”

Sin darse cuenta, Dende se apoyó en el baúl de hacía un rato y dudando un poco se decidió a abrirlo, ya que era Kamisama y… bueno, tenía que aprender todo. No ocurrió nada especial al abrirlo, sólo que encontró un extraño objeto, parecido a un gran cristal en forma de triángulo, con un ojo al medio…

(por siaca, este símbolo no tiene nada que ver con el símbolo de la santísima trinidad… es pura coincidencia)

Dende lo sacó del baúl mirándolo con curiosidad y sin pérdida de tiempo lo buscó en el libro, encontrándolo después de un rato…

  • “Veamos… dice que ésta es la piedra de los deseos, emblema de los sueños y elemento principal de comunicación con…” –al tratar de seguir leyendo, Dende se dio con la sorpresa que le faltaba una página al libro y no pudo encontrar nada más. Frustrado, dejó el libro a un lado y murmuró en voz alta–: “Ni siquiera hay cosas que me puedan servir en este lugar… ¡qué mala suerte!… ¡¿cómo rayos podré ser un buen Kamisama sin ayuda?!” –y mirando la extraña piedra de los deseos, dijo en son de broma en voz alta–: “Oye, tú… si de verdad concedes deseos… ¡por favor, ayúdame a aprender todo lo que necesito para ser Kamisama!…” –luego sacudió su cabeza y dijo–: “¿Pero qué estoy diciendo?… ya estoy empezando a perder la cabeza… Si me escuchara el señor Piccoro…”

“Como tú digas…” –dijo una voz proveniente de la extraña piedra, cuyo ojo comenzó a brillar de manera extraña. Dende se asustó…

  • “¡Ay, no!… ¡¡qué fue lo que hice, ahora ya me metí en problemas!!” –dijo nervioso al tiempo que se acercaba al objeto… sin darse cuenta que el espejo que estaba a sus espaldas también comenzaba a brillar…
  • “¡Ahora qué voy a hacer! Si se llega a enterar el señor Piccoro, se enojará mucho… –sin voltear a ver, gritó–: “¡Mr.Popo!, ¡Mr.Popo!”
  • “¿Mr.Popo?” –dijo una voz a sus espaldas, haciendo que Dende casi saltara hasta el techo, para luego ocultarse detrás de unos objetos y lentamente asomó su cabecita…

Lo que estaba viendo no lo podía creer simplemente… ante sus ojos estaba parada una chica muy elegantemente vestida, de largo cabello marrón y mirada muy dulce. Además, tenía unas extrañas marcas triangulares en el rostro bajo sus ojos y un especie de diamante dibujado en la frente. Pero esta chica era muy diferente a cualquier terrícola que hubiera visto antes, algo emanaba de ella, un gran poder. La joven lo miró con sus hermosos ojos azules y sonrió…

  • “Hola. ¿Tú pediste ayuda, pequeño?” –dijo con voz suave y encantadora. Dende aún no se recuperaba de la impresión y, tragando saliva, tartamudeó…
  • “Aaa… eee… qui… ¿quién es usted?” –preguntó sin salir de su escondite. La chica sólo sonrió…
  • “¿Por qué te ocultas?… No tengas miedo, no te haré daño…” –continuó con un trato dulce, lo que hizo perder poco a poco el miedo a Dende, que finalmente salió tímidamente…
  • “Qué bueno que saliste, no quiero que pienses que soy una amenaza… Después de todo , tú me invocaste…” –volvió a sonreír–. “Mi nombre es Belldandy y soy una diosa…”
  • “Di… ¿¿DIOSA??” –preguntó muy sorprendido, ya que él no estaba enterado de la existencia de algo como diosas… Nunca le habían dicho.
  • “Sí… de primera clase y de segunda categoría ilimitada. Domino el presente y estoy aquí para cumplirte el deseo que quieras”. –Lo miró y dijo–: “¿Sabes?… nunca había visto a criaturas como tú. Eres muy curioso…”
  • “Un momento, un momento… espere…” –la interrumpió mientras salía de dudas–. “No entiendo nada, de dónde vino usted… eeh… ¿cómo dijo que se llamaba?”
  • “Belldandy… y vine porque tú me invocaste.” –sonrió.
  • “¿¿Qué yo la invoqué??… pero cómo…” –volteó su mirada hacia el extraño cristal triangular y recordó lo que había pedido hacía un rato… entonces el asunto de los deseos era verdad. Volvió a preguntar–: “Pero… ¿por dónde entró que no la vi?… Es decir…”
  • “Vine por el espejo… Es mi lazo entre el Cielo y la Tierra, además de mi medio de transporte” –terminó de decir Belldandy sin cambiar su expresión–. “Bueno, dime… ¿cuál es tu deseo?”
  • “No, no, no… espere, aquí hubo un error, en serio” –explicó poniéndose nervioso–. “Pensaba que el asunto de la piedra de los deseos era una broma y por error pedí un deseo… pero no lo quería de verdad…”
  • “¿Piedra de los deseos?… ¿cómo la conoces?” –se extrañó Belldandy–. “Yo recuerdo que recibimos un llamado en la Oficina de ayuda de las Diosas, pero este llamado no era corriente… Ahora entiendo…”
  • “Sí, la encontré aquí y estaba intentando aprender lo que significaba…” –y mientras lo decía, le enseñaba el libro en la pagina correspondiente–. “Pero en este lugar se cortó el escrito y ya no pude leer más… así que por eso le digo que fue un error, le pido me perdone” –dijo al tiempo que Belldandy tomaba el libro en sus manos.
  • “Ya veo…” –sonrió–. “Este libro es muy antiguo y estuvo perdido por mucho tiempo. No tengo idea de cómo llegó aquí… pero lo que se supone que debe decir es que también la piedra de los deseos es un enlace alterno con nosotros. Al pedir el deseo, era como una llamada especial y por eso acudí… eso quiere decir que…”
  • “¿Eh?” –la escuchaba atentamente–. “¿Qué pasa?”
  • “Que estoy en una dimensión alterna… Las piedras de los deseos no corresponden a este mundo ni a ninguno otro… son algo especial creado del lugar de donde vengo y también desconocido para mí de cierta forma…” –lo miró mientras hablaba con la misma tranquilidad que la caracterizaba.
  • “Este… en todo caso sería mejor que regresara de donde vino, señorita diosa…” –trató de explicar–. “Ya le dije que lo que pasó antes fue un error; más bien le pido mil perdones por lo que pasó…”
  • “Pero…” –lo miró con dulzura–. “Si pensabas que este asunto de la piedra era una broma y aún con esa idea pediste un deseo… quiere decir que sí necesitabas ayuda, ¿no es verdad?… Dime, pequeño, ¿qué es?”
  • “Creo que no me entendió, señorita Diosa… todo fue un error, además no es bueno que la vean aquí, ya que si eso sucediera… yo estaría en graves aprietos… Por favor, regrese a su mundo…” –suplicó.

Belldandy lo miró con algo de tristeza, pero luego notó la carita de angustia del pequeño namek y asintiendo levemente, dijo:

  • “Si eso es lo que deseas… me iré”. –Lo miró, pero al tocar con su mano el espejo de los sueños, no ocurrió absolutamente nada, es decir, no podía atravesarlo.
  • “Qué… ¿qué sucede?” –preguntó Dende acercándose a ella.
  • “No lo entiendo…” –respondió extrañada–. “No puedo atravesarlo para regresar a mi mundo… Tal vez hay algún problema con el Yggdrasil”
  • “¿¿El qué??” –preguntó confundido. Belldandy sólo sonrió.
  • “El Yggdrasil es el sistema divino que da poder a las diosas, en palabras exactas… Puede ser que el hecho que yo haya viajado a una dimensión alterna lo haya alterado… Además, está la piedra de los deseos…” –suspiró–. “Creo que por ahora no podré regresar hasta que el desperfecto se arregle…”
  • “¿¿AHH??… pe… pero…” –dijo nervioso, a lo que Belldandy lo miró con una expresión triste.
  • “Te molesta que esté aquí, ¿verdad?…” –preguntó bajando un poco la cabeza.
  • “No, no… para nada… Es decir, en realidad yo fue quien la metió en este embrollo y por mi culpa ahora no puede regresar a su mundo…” –murmuró apenado–. “El señor Piccoro tiene razón… ¡no sirvo para esto!… lo lamento mucho, señorita diosa…”
  • “¿Por qué tu angustia, pequeño?… pareciera como si sintieras que algo que falta…” –lo miró.
  • “No, no… en serio, no necesito nada…” –bajó la cabeza– “Sólo que este asunto de ser Kamisama es nuevo para mí y en ese momento ya no sabía qué hacer, ya que no tengo a nadie cerca de mí… snif…” –dijo en voz alta–. “¡¡Lo único que deseaba era encontrar a alguien que me ayude!!”

Luego que Dende dijo esas palabras, una especie de energía comenzó a emanar de Belldandy y comenzaba a elevarse poco a poco, acompañados de unas repentinas corrientes de aire que revolvieron todos los objetos a su alrededor. La marca de su frente brillaba intensamente y luego de un resplandor violento, todo volvió a la normalidad, para alivio y sorpresa de Dende. La hermosa diosa se le acercó y le dijo:

  • “Listo… tu deseo ha sido concedido…” –sonrió.
  • “¿¿Deseo??… ¿pe-pero qué fue lo que pasó?…” –preguntó Dende, ahora más confundido que antes.
  • “¿Deseabas ayuda, cierto?… Así que yo te la daré en todo lo que pueda, pequeño” –continuó dulcemente.
  • “Qué… ¿¿qué??… o-oiga, espere…” –movió las manos en tanto que Belldandy se ponía de pie y miraba a los alrededores.
  • “Cada mundo es diferente y especial, no hay dos iguales… por lo tanto, ser Kamisama significa entender el mundo y sentirlo como propio…” –continuó–. “¿Amas a este planeta?”
  • “¿Amarlo?… bueno, a decir verdad yo no soy de este planeta. Vengo de Namekusei…” –respondió con algo de timidez.
  • “¿Namekusei?… nunca había escuchado hablar de ese lugar. ¿Me contarías?” –respondió.
  • “Esteee… pues…”
  • “Antes que nada, ¿cómo te llamas, pequeño?” –dijo con suavidad.
  • “De… Dende…” –tartamudeó un poco.
  • “Encantada de conocerte, Dende… Será un placer ayudarte en tu labor como Kamisama”
  • “Este, sí… jejeje” –dijo con una mano en su cabeza, lo que le sacó una sonrisa a la hermosa Belldandy.

Sin esperarlo, ahora Dende tiene una nueva visitante en el Templo, lo que acarreará muchas sorpresas… Yo me pregunto… ¿qué pasará en el siguiente capítulo?