Capítulo 1: “La Verdad”


Goku y Gohan iban retrasados, de modo que volaban bastante rápido. Al llegar, vieron que Piccolo se les había adelantado. Goku iba a decir algo, pero fue interrumpido por la llegada de Vegeta. Todos quedaron sorprendidos al ver a los demás en el mismo lugar: en medio de las montañas, lejos de cualquier asentamiento urbano.

–¿Se puede saber qué demonios hacen aquí? –preguntó, como ya deben
haberlo adivinado por la cortesía, Vegeta.

–¿Que qué hacemos aquí? –respondió Goku–. Más bien, qué haces TÚ aquí. Nosotros esperamos a… ¿A quién era? Ya se me olvidó…

–¡Pero cómo puedes ser tan imbécil! –se molestó Vegeta–. Olvidarías tu cabeza si no la trajeras pegada.

–Bueno, no te molestes. ¿Y qué haces tú aquí?

–Para tu información, espero a… Espero a… –Vegeta se quedó un rato pensativo, hasta que quedó claro que no diría nada más.

–¿Decías algo, Vegeta? –se mofó Gohan.

Vegeta iba a replicar, pero Piccolo lo interrumpió.

–Un momento –dijo–. ¿Nadie sabe la razón por la que estamos aquí? Yo acabo de llegar; tampoco sé la razón.

Todos se miraron, extrañados, sin proferir palabra; sus caras hablaban por sí mismas. Nadie tenía idea de lo que ocurría.

De pronto, vieron una aeronave aterrizar cerca de ellos. Descendió nada más y nada menos que Mister Satan, el autoproclamado Salvador de la Tierra. Al verlos allí, también se extrañó mucho. Los demás no sabían qué pensar…

Antes que nadie pudiera decir palabra, oyeron un zumbido proveniente de arriba. Al mirar en esa dirección, observaron asombrados que se trataba de la máquina del tiempo de Trunks del Futuro. Pronto, la máquina aterrizó y el viajero del tiempo salió de ella.

–¡Ajá! –se alegró Goku–. Tú debes ser la causa de que estemos todos aquí. ¿No es así, Trunks?

–¿Qué? ¿Que yo qué? –se extrañó Trunks–. Si yo únicamente vine para… para… ya lo olvidé.

–¿¿¡¡Es que nadie vino aquí por una buena razón!!?? –Piccolo ya perdía la paciencia.

–Esto es extraño –dijo Gohan–. Realmente MUY extraño.

–¡¿Alguien quiere decirme qué demonios ocurre aquí?! –estalló Vegeta– ¡Todo esto no tiene el más mínimo sentido!

Mister Satan también iba a dar su opinión, pero la sola mirada de Vegeta bastó para hacerlo cambiar de parecer.

Ya la situación se estaba poniendo demasiado tensa. Fue entonces cuando decidí aparecer.

–Cálmense, yo los traje –dije–. No hay nada de qué preocuparse.

Todos me miraron estupefactos. Con mi apariencia común y corriente, pensé que no me prestarían mucha atención en un principio, pero en lugar de eso, me acosaron a preguntas.

Lo que siguió fue un barullo tremendo. Todos pedían explicaciones: que quién era yo, que cómo hice que vinieran, que cómo llegué, y muchas preguntas más. Pude haber hecho algo drástico como respuesta, pero preferí explicarles la situación con calma. Cuando logré que guardaran silencio un instante, les dije la verdad:

–Bueno… –empecé–. Ustedes no son más que seres ficticios, creados por un tal Akira Toriyama. A mí me gusta escribir relatos sobre ustedes, y precisamente soy el autor de éste.

No me gustó la forma en que lo expliqué: demasiado directo. Aunque al principio pensé que no me habían oído, porque no dijeron nada. Fue sólo luego de un rato que empezaron a reaccionar.

–¡Ridículo! –dijo Vegeta.

–¡Absurdo! –lo apoyó Piccolo.

–¡Inconcebible! –afirmó Gohan.

–¡No es posible! –concordó Trunks.

–¡No puede ser! –se extrañó Mister Satan.

–No entendí… –dijo Goku.

Las cosas no estaban saliendo como yo quería. Al ser el autor de este relato, podía mostrarles el extraordinario poder que yo tenía sobre ellos. Podía hacer cualquier cosa que me diera la gana, como transformarme en… digamos… un super saiyajin nivel 8375. O incluso algo aún más difícil: hacer a Goku inteligente. Pero prefería que me creyeran sin necesidad de hacer eso… tal vez con algo menos drástico podrían creerme. Me disponía a hacerlo, pero claro… uno siempre puede contar con Vegeta.

–Oye, gusano –me dijo con cara de pocos amigos–. Más te vale dejar estos jueguitos, que no me hacen la menor gracia.

–Escucha, Vegeta… es la pura verdad –le expliqué–. ¿Por qué crees que todo lo malo te pasa a ti? Porque eres el que más enojón, y por lo tanto es gracioso hacerte rabiar. Es puro comercialismo.

–¿¿¡¡Me estás diciendo payaso!!??

–Eeeh… Yo no lo diría así… “Recurso humorístico”, más bien, ¡jaja! –me burlé.

Pude también haberle dicho que tenía sus buenos momentos en la serie, o que tenía muchos admiradores, pero me gusta hacerlo enojar. Claro, se me pasó la mano y lo enfurecí más de la cuenta (como si fuera muy difícil con él)… Sin decir más, reunió energía en su puño y me la lanzó a quemarropa. De más está decir que no me ocurrió nada en absoluto.

Pero de todas formas, fue un acto de agresión contra mi persona. ¿Permitirían que un personaje que ustedes mismos están imaginando intente dañarlos? Él se lo buscó… con el puro pensamiento, lo convertí en pingüino. Se veía muy gracioso: un pingüino peinado a lo Vegeta. Por supuesto, todos los demás quedaron con los ojos como platos.

–¿E…e…Ése es Vegeta? –se sorprendió Goku–. ¡Jajaja! ¡Es un pato muy gracioso!

–No es un pato –corrigió Gohan–. Es un pingüino.

–¿Q-qué le hiciste a mi papá? –me preguntó Trunks, algo asustado.

Mister Satan se limitaba a pellizcarse y frotarse los ojos…

–Como ven –dije–, al ser el autor puedo hacer lo que yo quiera. Puedo hacer que actúen como lo desee, pero prefiero mantener sus personalidades intactas.

–¡R-Rayos! Ya empiezo a creerle a este tipo –dijo Piccolo.

–Una pregunta –dijo Goku–. ¿Para qué nos trajiste aquí?

–Pues verán –respondí–, necesito escribir una historia corto para hoy. Quiero que tenga bastante acción en poco espacio, pero no se me ocurre nada.

–¿Para hoy? ¿Con tan poco tiempo? –se sorprendió Trunks–. ¿Qué forma de trabajar es ésa?

–Eeeh… una muy irresponsable –acepté–. Pero bueno, por eso es que reuní a los mejores guerreros de la serie para que me ayuden a pensar en una buena trama.

–¡Un momento! –estalló Piccolo–. Está bien, eres el autor, pero hay un detalle que me molesta MUCHO: si se supone que los aquí presentes somos los más grandes guerreros, ¿QUÉ DIABLOS HACE EL PAYASO DE MISTER SATAN AQUÍ?

Típico de Vegeta… Esperen, el que dijo eso no fue Vegeta… Ah, ya sé… como Vegeta no puede hablar transformado en pingüino, la segunda opción es Piccolo. Como ven, pienso en todo.

–Es sencillo –respondí–. Él es un caso especial, ya que es mi personaje favorito de la serie.

Todos, hasta el pingüino, se cayeron de espaldas. Aunque suene increíble, todos se sorprendieron ahora más que nunca. ¿Dije todos? Bueno, no… hubo una notable excepción:

–¡Jajajaja! –rió Satan–. ¡Ya ven, mi fama rebasa los límites de este mundo!

–N-no intentaré comprenderlo –dijo Piccolo, levantándose–, pero… esos gustos no son… eeeh… “normales” en tu mund… digo, el mundo “real”, ¿no?

–Bueno, admito que Satan no es precisamente el más popular –expliqué–. Es más, no conozco a nadie más que comparta este gusto peculiar mío.

–Baaah –se quejó Satan–, entonces eres la única persona de buen gusto en tu mundo.

–Eeeh… espera un momento –me dijo Goku–. ¿Qué pasará mientras tanto con Vegeta? El pobrecito no para de croar.

Entonces me fijé en el pingüino, que no paraba de hacer ruidos y gestos obscenos, y me miraba con aquella expresión tan típica de Vegeta, de cuando se dispone a asesinar a alguien.

–¿¿Croar?? –se extrañó entonces Trunks–. Ésas son las ranas. Los pingüinos… Bueno, ¿qué hacen los pingüinos? ¿Cacarean? ¿Mugen? ¿Pían? No creo que ladren…

El pingüino no se veía nada feliz al oír este diálogo. Ya era suficiente castigo, y como no me servía en esa forma, transformé a Vegeta de vuelta en sí mismo.

–¡¡¡VOY A MATAR A ESTE “AUTOR”!!! –estalló apenas recuperó el don del habla. Se lanzó sobre mí, pero lo detuve con un solo dedo, sosteniendo su frente con él, sin dejarlo avanzar. Agitaba sus brazos desesperado intentando alcanzarme.

–Ya, cálmate, Vegeta –dije–. Para que veas que no te guardo rencor, te transformaré en un Super Saiyajin de nivel… mmm… ¡siete!

¡Puf! El poder de Vegeta se incrementó en forma pavorosa, y todos los demás salieron disparados en todas direcciones, producto del poder lanzado por Vegeta en su transformación. Ya había tenido en cuenta que el pobre de Satan iba a quedar molido por la onda expansiva de tanto poder, así que hice una barrera a su alrededor.

–E-es asombroso… –se sorprendió Gohan–. ¡Que KI tan imponente! ¡Nos supera a todos juntos con creces!

Supongo que querrán saber el aspecto de Vegeta. Pues bien, es… grande, fuerte e imponente, pero no he intentado imaginarlo aún. Hey, si ni siquiera tengo una idea clara de cómo podría ser el Super Saiyajin 4, y quieren que les describa al 7…

De más está decir que Vegeta estaba más feliz que nunca.

–¡Jajajaja! –se rió–. ¡Ahora soy completamente invencible! ¡No hay nada que pueda superar este poder! ¡Ahora sentirás mi ira, Kakarotto!

Y dale… debí suponer que se le subirían los humos a la cabeza con todo ese poder. Lo paralicé con el pensamiento, e iba a quitarle sus nuevas fuerzas, cuando Goku se me acercó y susurró en mi oído:

–Oye –dijo–. ¿Puedes hacerme a mí igual de fuerte también?

–Claro –respondí–. Pero me siento un poco culpable por haber convertido a Vegeta en pingüino… Así que dejaremos que Vegeta te supere un rato, para que sea feliz por haber sido superior a ti unos momentos al menos, ¿de acuerdo?

Así, convertí a Goku en SSJ6. Para nivelar las cosas, dejé a Gohan y Trunks en SSJ5. Piccolo… bueno, ya no tenía mucho que hacer aquí, así que lo desaparecí. Satan… es mi héroe, así que se queda. Liberé entonces a Vegeta, que enseguida se lanzó contra los demás. Típico.

De pronto, me di cuenta que se me acababa el tiempo, así que decidí apresurar las cosas, y los puse a todos frente a mí, sin moverse. Tuve que forzar un poco sus personalidades, haciéndolos cooperativos (sobre todo a Vegeta), para acabar pronto con esto y empezar, al fin, a escribir la historia. Aún así, la personalidad de Vegeta es muy fuerte…

–¡Esperen un maldito momento! –gritó–. ¿Cómo sabemos que este tipo es realmente nuestro autor? Podría ser una especie de mago.

Ya me cansé… hice que todos simplemente me creyeran. De todas formas, les tomó algo de tiempo aceptarlo.

–¡Pero no puede ser! –se indignó Vegeta–. ¡Yo soy el príncipe de los saiyajin, no un simple dibujo! Al menos… en esta historia… ¡Rayos!

–¿Entonces somos personajes de anime? –se alegró Goku–. ¡Genial!

–¿Y aparecemos en la tele? –se entusiasmó Gohan.

–Así que realmente eres el autor de esta historia –dijo Trunks–. Aún no quería creerlo, pero veo ahora que es cierto. No es algo precisamente… eeeh… agradable saber que sólo eres un personaje de ficción.

–Por favor –dije–, no se depriman ahora, que necesito urgentemente alguna idea para mi historia. Mmm… podría ser navideña, aunque ya pasó la temporada…

–¡Lo tengo! –dijo Satan–. Un ser supermaligno y superpoderoso planea destruir la navidad, y soy yo, Mister Satan, el único que puede detenerlo con mis maravillosos e inigualables poderes…

Todos lo miramos con cara de “¿¿cómo se te ocurre??”, y seguimos pensando.

–¿Por qué no traes a Goten y Trunks? –preguntó Goku–. Ellos son muy ocurrentes.

–Sí –dije–, pero sus ideas son demasiado infantiles y no tienen mucho sentido… Quiero algo que tenga al menos un poco de seriedad.

Continuamos pensando unos minutos más, hasta que Vegeta se aburrió.

–¡Basta! –chilló–. ¡Lo único que se me ocurre es agarrar al viejo regordete rojo ése que reparte regalos y acabar con la estúpida Navidad de una vez!

–¡Eso es! –dijo Trunks–. ¡Y que al final papá se arrepienta y use las esferas para arreglar todo!

–¡Yo jamás haría algo así! –se indignó Vegeta.

–No, Vegeta –dijo Goku–. Trunks tiene razón: de seguro te imaginarías cómo se sentiría tu hijo al no recibir regalo…

–¡Basta, basta! –grité–. ¡Jamás funcionará! Están contando precisamente la trama de la historia navideña que escribí hace tiempo. Debí haber pensado que no se les ocurriría nada mejor que a mí.

Entonces me di cuenta de lo ridículo de mi idea. Después de todo, es mi imaginación la que señala el límite de lo que pueden pensar los personajes, pues yo mismo estoy inventando lo que dicen y piensan en este momento.

–Bueno –continué–, al menos intentemos hacer una buena pelea, aunque no tenga ningún sentido, ni ninguna trama coherente.

Hice que un meteorito radioactivo cayera sobre Vegeta, el cual incrementó aún más sus poderes y le provocó amnesia parcial, haciendo que retomara sus malvados instintos de cuando era un soldado al servicio de Freezer. Quedó inconsciente, pero para apresurar más las cosas, lo desperté enseguida. Lo primero que hizo, por supuesto, fue elevar su poder al máximo, preparándose para la batalla.

–¡Espera! ¿Quieres que luchemos contra él? –me preguntó Trunks.

–Al parecer no tenemos otra opción –dijo Goku, alistándose también para la lucha, emocionado con el inminente combate. Gohan también se puso en guardia.

–¡Basta, basta! –grité–. No, no puedo hacer una historia tan carente de sentido… No me queda más remedio que desistir. En tan corto tiempo no podré idear nada que valga la pena… Bueno, me retiro. Cuando me vaya, regresarán a como estaban antes, y me olvidarán, así que no se preocupen de que Vegeta los haga trocitos, jeje.

Derrotado, me dispuse a abandonar este mundo ficticio. Todo se puso borroso, y ya empezaba a distinguir la silueta de la sala de computadores de la universidad (donde estoy escribiendo esto), cuando sentí un fuerte tirón.

–¡¡Nadie se va hasta que haya saldado cuentas con Kakarotto!! –gritó Vegeta, al tiempo que me jalaba nuevamente del brazo.

La mala suerte quiso que esto ocurriera en el momento justo en que regresaba al mundo real. Espantado, me vi de regreso a nuestro mundo, pero junto a mí estaba… ¡Vegeta, y muy furioso!