Capítulo 1: “Cambio de look”

Capítulo 1: “Cambio de look”


Como todos sabemos, Trunks y Goten están unidos por un lazo de amistad tan grande como el que existe entre los hermanos y se comportaban como tales, ya que prácticamente se han criado juntos. Así pues, van a la misma escuela y se podría decir que cada uno tiene dos hogares, así que comparten sus estudios, sus juguetes, sus amigos e incluso a veces… los castigos, porque este par de angelitos se la pasa metiendo en problemas. Generalmente el de las geniales ideas es Trunks, que siempre se las arregla para convencer a Goten que lo ayude a concretarlas; si no, recuerden el episodio de Mighty Mask en el torneo de las artes marciales. Sin embargo, existen ocasiones en que es Goten el que mete en problemas a Trunks, como lo fue en esta ocasión.

Todo comenzó un día que estaban en la escuela y durante el recreo se instalaron a comer su lunch a la sombra de un árbol. Un poco más allá había otros niños jugando. Cuando se cansaron fueron a sentarse en un tronco cercano al de los pequeños sayas entablando la siguiente conversación:

Niño 1: ¡Oigan, chicos! ¿Vieron ayer las caricaturas de la tarde?

Niño 2: ¡Sí! Me gustó la de Bugs Bunny donde les caían sombreros, ¡fue super buena!

Niña 3: ¡Ay, yo no la vi! ¿De qué se trató?

Niño 2: Ah, bueno, resulta que Elmer estaba persiguiendo a Bugs y en eso pasó un camión al que se le cayeron todos los sombreros, entonces cada vez que a Elmer o al conejo le caía uno en la cabeza, ellos tomaban la personalidad del sombrero que les caía y al final terminan de novios porque a Bugs le cae un sombrero de copa y a Elmer una mantilla de novia.

Los niños siguieron conversando animadamente mientras un poco más allá Goten los escuchaba con mucha atención.

  • ¡Oye, Trunks! –dijo Goten dándole un codazo–, ¿tú crees que eso pueda ser posible?
  • ¿Cómo crees, Goten? Eso sólo pasa en las caricaturas, ¿cómo puedes ser tan ingenuo? Si sigues así te vas a terminar metiendo en muchos problemas –concluyó Trunks en tono de advertencia, comiendo tranquilamente su sandwich.

Siguió el día sin mayores contratiempos. Incluso Trunks estaba feliz porque le habían entregado un examen en que sacó la máxima calificación; no así Goten, que había reprobado.

  • No te preocupes, Goten, a la próxima te va mejor –lo animó su amigo–. Además, acuérdate que mi abuelito me prometió que hoy, antes de irse con mi abuelita a la playa, nos dejaría un regalo en casa.
  • ¡Cierto! –exclamó Goten saltando feliz y olvidando el regaño que Milk le daría.

Mientras tanto, en la cámara de gravedad de la Corporación, Vegeta se entrenaba como todos los días: primero ejercicios de precalentamiento y elongación, luego aumentó la gravedad y comenzó con abdominales, flexiones y todo tipo de ejercicios para tonificar y fortalecer su cuerpo. Luego inició el entrenamiento propio de las artes marciales con puntapiés, golpes de puño, formas y finalmente decidió probar unos robots nuevos especialmente diseñados por Bulma para su entrenamiento. Presionó uno de los botones del panel de control y varias compuertas se abrieron en diferentes puntos de la sala apareciendo unos robots muy parecidos a los que siempre usaba.

“¡Bah! –refunfuñó– ¡Estas chatarras ambulantes se ven iguales a las otras, no me darán ninguna dificultad!”.

Pero en esto se equivocaba, porque apenas presionó el botón para comenzar, ya estaban sobre él atacándolo de todas direcciones, y siempre que evitaba el golpe de uno mientras bloqueaba con brazos y piernas a otros, lo atacaba algún robot que no había alcanzado a ver, recibiendo fieros golpes ya sea en el estómago, cabeza e incluso entre las piernas y fue precisamente este último golpe el que lo hizo caer pesadamente al suelo sin poder moverse del dolor. Sin embargo, como las máquinas no sienten compasión, una de ellas lo elevó tomándolo de las piernas dejándolo colgar cabeza abajo mientras otra lo abrazaba por la espalda y una tercera le daba terribles golpes en el estómago y cara. Vegeta entonces de transformó en SSJ, reunió una gran cantidad de Ki y lo expulsó todo de una vez lanzando a dos robots y destruyendo al otro, pero ya otros cuatro lo tenían rodeado y habían reunido toda su energía para lanzársela simultáneamente, ataque el cual no pudo eludir, recibiendo todo el impacto. Mientras tanto, los robots que había derrotado antes ya estaban de vuelta y todos juntos lanzaban rayos que el sayajin apenas si alcanzaba a desviar. Por fin consiguió crear un pequeño campo de protección que hizo rebotar los ataques de las máquinas, pero que al ir a parar al panel de control lo hicieron explotar junto con los robots, poniendo de este modo fin al entrenamiento.

Vegeta se dirigió algo tambaleante hacia la casa; le dolía terriblemente la cabeza y al poner su mano en la frente notó que de ella brotaba sangre, así que fue al baño para asearse y limpiar sus heridas.

  • “Se ve bastante mal –pensó mirándose al espejo– y creo que se verá peor” –agregó sin sospechar cuanta razón tenía.

Luego observó su ojo derecho, lo tenía amoratado; pero esto no había sido causado por los robots, el causante había sido Trunks. Esa mañana, antes de irse a la escuela, Goten y Trunks habían estado jugando Baseball en el patio. Goten lanzó la pelota, Trunks bateó con todas sus fuerzas y… ¡¡Home Run!! en el ojo de Vegeta. Afortunadamente para ellos, el sayajin andaba de buen humor así que solamente los regañó un poco y los mandó desaparecer de su adolorida vista.

Después de recordar ese doloroso episodio, Vegeta se dirigió a la cocina a practicar el segundo deporte favorito de los sayajines: comer; y luego de este delicioso deporte se tumbó en un sofá quedándose profundamente dormido.

A eso de las tres de la tarde llegaron los niños, pero Vegeta no los sintió. Como siempre, entraron por la cocina. Generalmente Bulma estaba en ese horario para servirles algo, pero hoy no la encontraron.

  • ¡Ya llegamos! –llamó Trunks– ¿Mamá? –>Silencio>– parece que no hay nadie.
  • Aquí hay una nota –dijo Goten tomándola de la mesa– dice que llegará tarde y que tendremos que conformarnos con frutas hasta que llegue porque no alcanzó a prepararnos el almuerzo.
  • Bueno, qué le vamos a hacer –murmuró Trunks desanimado– ¿Y mi papá? ¿Tampoco estará?
  • Vamos a dar un vistazo.

Los niños se dividieron para buscarlo, hasta que uno lo encontró.

  • ¡Oye, Trunks, aquí está tu papá! –avisó Goten desde la sala– parece que está dormido.

Trunks llegó hasta la sala y se acercó a él.

  • ¿Papá? –trató de despertarlo jalándole el brazo, pero nada.

Los niños se empezaron a preocupar y lo zamarrearon entero, pero no despertaba.

  • ¡Calma! ¡Sin entrar en pánico! –exclamó Trunks intentando tranquilizarse.

Rápidamente se quitó su mochila para accionar mejor y la tiró sin mirar dónde caía. Luego revisó los signos vitales de su padre tal como Bulma le había enseñado.

  • ¡Uf! Está bien, sólo está dormido –respiró aliviado– ¡Pero qué sueño tan pesado agarró hoy!

Goten, por su parte, observaba atentamente a Vegeta.

  • Qué distinto se ve cuando duerme –dijo por fin.
  • ¿Por qué?
  • Bueno, mira su cara –dijo Goten apuntando a Vegeta con el dedo.

Trunks acercó su cara a la de su padre para observarlo mejor.

  • Bueno, está algo machucada, ¿y qué?
  • ¡No, tonto, me refiero a su mirada! ¿Ves? –dijo Goten acercándose a Trunks.
  • ¿Qué tiene?
  • Se ve mucho más… cómo explicarte… no con la cara de asesino que siempre pone.
  • ¡¡OYE, GOTEN!! –gritó Trunks agarrando del pecho a su compañero– ¡¡No hables así de mi papá o te irá muy mal!! ¿ENTENDISTE?
  • ¡Suéltame! ¡No te pongas así! –exclamó Goten arrancando la mano de Trunks de su pecho– me refiero a que se ve más pacífico. Míralo bien, si hasta parece que está feliz.
  • ¿¿A ver??

Los dos niños acercaron mucho sus rostros al de Vegeta y abrieron los ojos muy sorprendidos al ver que efectivamente esbozaba una ligera sonrisa, lo cual significaba un sueño muy agradable.

  • ¿Qué crees que esté soñando, Trunks?
  • ¿Quién sabe? –respondió el chico encogiéndose de hombros– pero mejor lo dejamos así, porque si lo despertamo se puede enojar.
  • Sí, tienes razón, y otra vez pondría cara de ogro.
  • ¡¡¡GOTEN!!!
  • Bueno, bueno… pero no puedes negar que sería más agradable si siempre se viera así.
  • Bueno, sí, eso no lo niego –respondió Trunks rascándose la cabeza con una mano mientras empuñaba la otra en la cintura– ¡Pero eso es imposible! ¿Sabes?, mejor vamos a ver lo del regalo.

Y dicho esto Trunks salió corriendo de la sala con dirección a su dormitorio, pero Goten no se movió, seguía observando a su casi-padrino. Cruzó los brazos, luego levantó el derecho y apoyó su mentón sobre la mano, señal de que algo estaba tramando. “Hmm… quizá no sea tan imposible”.

Goten sacó de su mochila algunas cosas y se puso a trabajar con mucho entusiasmo.

  • ¡Oye, Goten, ven a ver esto! –se escuchó la voz de Trunks desde el segundo piso.
  • ¡Ya voy, ahora estoy ocupado! –respondió el pequeño Goten sin dejar de trabajar.

“¡Listo!” –pensó mirando su labor terminada.

Había hecho una coronita de papel, la cual colocó en la cabeza en la cabeza de Vegeta y se quedó observándolo con carita pensativa.

“No, no, con eso no cambiará. Cuando despierte va a poner la misma cara… ¡Ah, ya sé!”.

Goten volvió a buscar en su mochila, pero como no encontró lo que necesitaba, se acomodó sobre la alfombra para hurgar en la mochila de Trunks, que se encontraba ahí.

“¡Sí, perfecto, justo lo que necesitaba!”.

Había sacado plumones de distintos colores, eligió algunos de tintes llamativos y el resto quedó regado en la alfombra. Luego tomó asiento sobre el pecho del guerrero y como era pequeño, liviano y además Vegeta dormía tan profundamente, no fue siquiera percibido por este último.

“Veamos –pensó Goten mordiendo la parte superior de un plumón negro– ¡Ah, sí!.. de ese modo siempre estará contento y no se volverá a enojar, además será más divertido; yo creo que estará perfecto”.

Y decidido, comenzó a dibujar sobre el rostro de Vegeta una gran, gran, pero gran sonrisa que casi le llegaba de un extremo al otro de la cara y luego la enmarcó con un plumón de color rojo. “Así está mejor… ¡Ay! pero ese ceño fruncido no le viene para nada”, así que le hizo dos grandes círculos alrededor de los ojos y los rellenó de color morado para que se vieran los dos ojos del mismo color y de paso borrar la mirada típica de Vegeta. Ahora el problema eran las contusiones de la frente… No podía cubrirlas, así que las dejó tal cual y le pintó en las mejillas un círculo rojo para que le hicieran juego.

“Creo que con eso será suficiente –pensó Goten admirando su obra– por lo menos se ve más decente y será más alegre y esto hará más feliz a Trunks”.

Vegeta se veía como un payaso de lo más mono con todo y coronita. En un principio Goten estaba de lo más entusiasmado con los resultados, pero luego se quedó pensando. “¿Y si no funciona?”; esta idea lo preocupó sobre todo por las consecuencias, y se asustó aún más cuando Vegeta se movió para acomodarse. Goten se quedó muy quieto, casi sin respirar y, cuando se convenció que aún seguía dormido, se bajó rápidamente para buscar su pañuelo pensando “Mejor le quito la pintura”, pero cuál sería su sorpresa al descubrir que esa pintura no salía por más que le refregaba la cara con el pañuelo. “¿Y ahora qué hago?”, se preguntaba bastante preocupado, pero en ese momento llegó Trunks jadeando al borde de la puerta.

  • ¡Goten! –lo llamó saltando y haciéndole señas con las manos como todos los niños cuando están emocionados–. ¡Ven a ver la sorpresa que dejó mi abuelito, también es para ti!
  • ¡Oye, Trunks! Es que… ¿sabes? –Goten quería explicarle el problema pero, Trunks lo interrumpió.
  • ¡También hay dulces y chocolates!
  • ¿Dulces? –preguntó Goten, quedando como hipnotizado.
  • ¡Sí, y si no vienes luego me los voy a comer todos yo solo!

Y dicho esto, Trunks partió corriendo de vuelta a su habitación.

  • ¡No, eso no es justo, yo también quiero! –gritó Goten muy enojado y, tomando su mochila para poder guardar la mayor cantidad de dulces, partió corriendo tras de su amigo, olvidando por completo el detallito de Vegeta, ya que para Goten las golosinas eran un asunto de importancia nacional.

Por supuesto que Trunks no alcanzó a ver la obra de Goten, porque de haberlo hecho se habría muerto en tres tiempos.