Capítulo 1: “Ardiente Paciencia”

Había pasado casi una semana desde que Goten había convertido a Vegeta de un orgulloso, fuerte y duro guerrero a un simpático payasito. Este episodio trajo graves consecuencias para él y su amigo Trunks, que nada tuvo que ver en el asunto. El caso es que Trunks había sido severamente castigado por su padre, quien creyó que el autor de la travesura que le causó tantos dolores de cabeza había sido su hijo. Debido a esto, y al saberse la verdad, Vegeta quiso compensar a Trunks pasando con él todo el sábado, domingo y lunes, que era el comienzo de sus vacaciones de medio año, concediendo al pequeño todos sus caprichos si se portaba bien lo que quedaba de la semana.

Vegeta siempre se levantaba muy temprano, pero ese sábado dormía como tronco. Había pasado toda la semana entrenando fuerte durante el día… y bueno, haciendo otro tipo de entrenamientos durante las noches, sobre todo el viernes, ya que Bulma viajaría a la playa ese sábado y por eso estaba un tanto más cansado que otros días. Sin embargo, Trunks, quien se había portado como un sol sin dar ni un solo motivo de queja cumpliendo así su parte del trato, ya se encontraba en pie. Se había duchado, vestido con su ropa de entrenamiento, desayunado, había hecho su cama y ordenado su cuarto que para él significaba simplemente poner todo lo que estaba tirado en el suelo sobre la cama. Cuando estuvo listo fue a la habitación de sus padres, encontrándolos profundamente dormidos.

  • ¿Papá?… papá, despierta –llamaba Trunks jalándolo de un brazo–. Papá, papá.
  • ¿Hmm? –Vegeta abrió los ojos y volvió a cerrarlos.

Trunks no estaba dispuesto a esperar más y se trepó a la cama y luego a su papá.

  • Papá, despierta, tú me prometiste pasar el día conmigo –le decía sentado sobre el tronco del saiya zamarreándolo por los hombros.

Vegeta intentaba despertar, pero no lo conseguía, entonces Trunks vio que sobre la mesita de noche había un jarro con agua. Sin bajarse de donde estaba tomó el jarro, metió los dedos y empezó a tirar chispitas de agua a la cara de Vegeta, consiguiendo su objetivo, pero no como esperaba.

  • ¿Hmm? ¿Qué pasa?

Vegeta comenzó a pestañear por la lluvia que estaba sintiendo y al levantar la mano para secarse, accidentalmente chocó el jarro que sostenía Trunks quedando completamente empapado y despertando de muy mal humor.

  • ¡¿¿QUÉ RAYOS ESTÁS HACIENDO, TRUNKS??! –gritó Vegeta incorporándose al tiempo que Trunks caía de espaldas sobre sus piernas mojándose con el resto de agua–. ¡¡BÁJATE DE AQUÍ INMEDIATAMENTE!!
  • ¿Qué sucede? –preguntó Bulma, despertando con tanto alboroto.

Trunks aprovechó para ir a refugiarse en los brazos de su madre.

  • ¿Qué pasó, cariño? –le preguntó Bulma abrazando a Trunks.
  • ¡Ay, mamá! Es que trataba de despertar a mi papá y le cayó el agua encima.
  • ¿Y por qué tenías que despertarme? –preguntó Vegeta muy enojado secándose el rostro con la sábana.
  • Porque tú prometiste pasar el día conmigo, ¿no te acuerdas? –preguntó Trunks con carita triste.

¡La promesa! Lo había olvidado, ¡y vaya forma de recordárselo!, pero en fin, él cumpliría su palabra tal como lo había prometido aunque no tuviera ningún ánimo de levantarse a las seis de la mañana ese día sábado.

  • No, Trunks, ya lo recordé –dijo Vegeta con desgano–. Y dime, ¿qué has pensado para hoy?
  • Tú dijiste que haríamos lo que yo quisiera, ¿verdad?
  • Sí, eso hice –respondió mirando a Trunks con desconfianza.
  • Entonces lo primero que quiero es que me prometas algo.
  • ¿Qué cosa? –preguntó Vegeta, sabiendo que algo desafortunado le iba a pedir.
  • Quiero que me prometas que, pase lo que pase, no te vas a enojar –pidió Trunks poniéndose el parche antes de la herida.

Vegeta se pasó la mano por el rostro y luego se quedó observando a Trunks, pensando que su retoño de tonto no tenía un solo pelo y nuevamente una inspiración divina lo hizo acceder, tal como le sucedió cuando se le ocurrió hacerle la anterior promesa.

  • Está bien, lo intentaré –dijo por fin, dando un bostezo–. ¿Y ahora qué más quieres?
  • ¿Me muestras los robots con que entrenas?
  • Bueno. Espérame abajo, que ya voy.

Trunks bajó feliz mientras Vegeta se metía a la ducha fría para desperezarse y, cuando salió, Bulma lo estaba esperando para hablar con él. Ya que Vegeta pasaría todo el día con el niño y ella tenía que arreglar sus cosas para el viaje, le pidió que llevara a Trunks al hospital, pues en las noticias del día anterior informaron que había un brote de sarampión y una campaña de vacunación comenzó de inmediato. Vegeta no se opuso, ya que lo más probable era que Trunks quisiera salir y pasarían cerca de alguno. Bulma tenía además que darle un consejo antes de empezar el día; Vegeta estaba sentado al borde de la cama poniéndose las botas y ella se acercó por detrás, abrazándolo.

  • Otra cosa –le dijo al oído–. Sé que tienes las mejores intenciones de cumplir tu última promesa y que Trunks tratará de portarse bien, pero en el supuesto caso de que hiciera algo que te moleste mucho, suspira profundo y cuenta hasta diez antes de enojarte. Como te dije, es un buen niño, sólo que a veces hay que tenerle paciencia.

Vegeta la quedó mirando incrédulo.

  • A mí me ha funcionado, ¡en serio! –le aseguró Bulma, que muchas veces lo había hecho.
  • Pues deberías hacer eso antes de gritarme cada vez que te enojas conmigo –le reclamó Vegeta.
  • ¡Ah! Es que a mí me gustan las reconciliaciones –le respondió Bulma besando su mejilla.

“¡Vaya! –pensó Vegeta–. ¡Y después se queja que el fresco soy yo!”

Trunks estaba jugando en el jardín cuando bajó su padre y al verlo corrió hacia él. Se dirigieron a la cámara de gravedad que Trunks conocía desde hacía ya un buen tiempo, pues Vegeta lo había estado llevando ahí para que fuera acostumbrando su cuerpo a entrenar con gravedad, pero lo que ahora interesaba a Trunks era ver los famosos robots que usaba su papá.

Entraron a la cámara y Vegeta presionó un botón del panel apareciendo varias esferas que se mantuvieron flotando. Trunks se elevó para observarlas mejor y las miró por todos lados, pero quedó decepcionado; él se imaginaba robots más imponentes.

  • ¡Bah! Yo pensé que estas cosas eran más poderosas –dijo acercándose a su padre.
  • Trunks, nunca subestimes así a un enemigo. Sólo porque su apariencia parece inofensiva, no significa que lo sea.
  • Pero papá, ¿cómo esa cosa podría…?
  • Pon mucha atención.

Para hacer más clara la lección, Vegeta ordenó a Trunks que se pusiera en guardia y no le quitara los ojos de encima a la esfera que había menospreciado, y luego activó el robot. Trunks vio que la máquina se abalanzó sobre él, lo cual no le preocupó nada. “¿Y eso es todo?”, pensó con una despreciativa sonrisa y se preparó para el ataque, pero de pronto el robot se movió tan rápido que para el niño fue como si hubiera desaparecido y eso sí lo preocupó. Rápidamente se volteó y vio cómo una bola de energía estaba encima listo a traspasarlo. No alcanzó ni a pestañear y hubiese sido atravesado si no es por la rápida acción de Vegeta que desvió el ataque y destruyó al robot. Trunks se quedó paralizado, pero su corazón latía a gran velocidad.

  • Y eso que éste es uno de los lentos. ¿Qué habrías hecho si no estoy aquí? –le preguntó seriamente Vegeta.

Trunks no salía de su asombro. “¿Y éste es uno de los lentos? ¡¡Cielos!!”

  • Que no se te olvide, Trunks. Y ahora, vamos a entrenar.

Estuvieron practicando algunas horas en que Vegeta le enseñó nuevas técnicas junto con aumentar la gravedad. El niño aprendía rápidamente y mientras más aprendía más presionaba Vegeta hasta que Trunks cayó de rodillas, respirando con dificultad.

  • ¿Qué pasó? ¿Te cansaste tan rápido? –preguntó Vegeta con ironía.
  • No… Estoy… bien. Continuemos –respondió Trunks intentando ponerse en pie, pero cayendo nuevamente varias veces.

Trunks se sintió muy avergonzado, no estaba a la altura de lo que su padre esperaba.

  • No te puedo decir mentiras, papá. Estoy muy cansado –dijo agachando la cabeza muy apenado.

Eso era precisamente lo que Vegeta esperaba escuchar, porque desde hacía algún tiempo Trunks se había estado descuidando en los entrenamientos, sobre todo esa semana que Vegeta no había entrenado con él, y como estaba enojado con su compañero de juegos y entrenamiento, se dedicó a hacer otras cosas. Pero además existía otra razón, todo lo encontraba muy fácil y sentía demasiada seguridad en sí mismo. Por eso Vegeta había presionado al máximo.

  • Eso te pasó porque estuviste toda la semana jugando en vez de entrenar, y con pocos días que lo dejes, ya ves los resultados –lo regañó sin enojo.
  • Lo siento, ¡pero seguro que me pongo al día si entreno contigo! –exclamó Trunks, que disfrutaba entrenar con su padre.
  • Conmigo o sin mí, tú debes entrenar, aunque por hoy puedes escoger lo que prefieres hacer.

Trunks se quedó pensando un momento, luego le pidió que lo llevara al parque de entretenciones, así que se arreglaron, comieron algo y salieron. Vegeta pensó que lo mejor era irse en automóvil en vez de volando, porque de vuelta seguro vendrían cansados.

  • ¿Me dejas conducir? –preguntó Trunks.
  • ¿Te volviste loco? En primer lugar no alcanzas los pedales, en segundo lugar nos detendría la policía y en tercer lugar quiero llegar vivo.

Con tales argumentos, Trunks no pudo alegar.

Viajaron en un convertible y Trunks iba feliz mirando el paisaje con el cabello todo revuelto y jugando a ser discjockey cambiando las señales de radio y cassettes hasta que a lo lejos divisó los juegos.

  • ¡Mira, papá, ya estamos llegando! ¡Allá se ve la montaña rusa! ¡Y mira, allá está el splash y la rueda! –exclamaba Trunks muy emocionado señalando los juegos–. ¿Verdad que hoy te vas a subir conmigo? ¿Verdad? ¿Verdad?
  • Sí, Trunks –respondió Vegeta sin el mismo entusiasmo de su hijo–. Pero primero tenemos que pasar a otro lado.
  • ¿Adónde?
  • Ya verás.

Trunks pensó que su papá le tenía una sorpresa y en verdad así era, pero nada bonita. Vegeta pensó que lo mejor sería llevar a vacunar a Trunks en primer lugar para que de ese modo la parte agradable del día no se viera empañada por la desagradable.

Cuando llegaron a la ciudad se bajaron del auto y Vegeta lo transformó en una cápsula que guardó en su bolsillo. Se dirigieron por la calle principal y Trunks se empezó a entusiasmar con las tiendas de juguetes, videojuegos y dulces quedando pegado a las vitrinas. “¡Mira ese portaaviones, papá!” o “¡Mira qué helado tan grande!”, “¡Wow, ese juego no lo había visto!”. Así caminó sin atender muy bien por dónde iba y en una oportunidad que vio un inmenso telescopio giró la cabeza para mirar a Vegeta deteniéndolo con una mano mientras levantaba su otro brazo hacia la vitrina en que justo se paró a mirar una señora inmensa de gorda subiéndole completamente el vestido. Al darse cuenta de lo que había hecho, Trunks se escondió detrás de su padre y cuando la señora agraviada se volteó indignada, se encontró cara a cara con Vegeta.

  • Yo… –trató de hablar Vegeta.
  • ¡¡ATREVIDO!! –la mujer trató de darle un puñetazo, pero él rápidamente la esquivó– ¡¡LADINO!! ¡¡SINVERGUENZA!! –seguía gritando.

Vegeta tomó a Trunks de un brazo y corrió lo más lejos posible llegando justo a la entrada del hospital. Una vez allí, lo soltó mirándolo con ojos furiosos y listo para darle una buena reprimenda, pero Trunks se adelantó.

  • Papá –dijo Trunks temeroso–, tú me prometiste que no te ibas a enojar.
  • Grrrrrr…

En ese momento Vegeta recordó el consejo de Bulma: “suspira profundo y cuenta hasta diez antes de enojarte”, “…7, 8, 9, 10”

  • Está bien, Trunks –habló Vegeta más calmado–. ¡Pero ten más cuidado! ¡Y no te separes de mí! ¿Entendido?
  • Sí, papá.
  • Entonces, sígueme.

Y ambos entraron al hospital mientras Vegeta pensaba “Creo que éste será un laaaargo fin de semana”